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lunes, 5 de julio de 2010

-Martes.

-¿Qué va a ser?
-A beber, querrá decir.
-Como prefiera.
-Prefiero beber.
-¿Que va a beber?
-Ginebra.
-¿Sola?
-Ginebra sola. Sin nada alrededor.
-...
-¿Qué día es hoy?
-Martes.
-Claro.
-...
-Aquí tiene.
-El martes solo existe. Nada más. No tiene cualidades ni deméritos.
-...
-Ella lo tenía todo. Es decir, le faltaba todo. Tenía al poeta sensible y al potentado prosaico. El chalet con vistas a edén y el confesionario en ruinas en la gruta ignota. Puta monegasca y princesa vallecana. Cuando quiso cambiar el suelo de la cocina, le cambié también el sustrato que la sustentaba. Tuvo su vestidor. Vacío. Y su desvestidor. Atestado de ropa y zapatos. Acerté tan certeramente que erré por completo. 
-Las mujeres, ya se sabe.
-Abren franquicias de la casa madre. Como esa rubia de ahí.
-La rubia es habitué.
-¿Así las llamáis ahora?
-...
-Esta ginebra no es lo suficientemente mala.
-Tenemos la peor de todas. Pero es para paladares ex exquisitos.
-Esa línea de diálogo era mía.
-...
-La peor quina de todas sólo la conozco yo. Y no la comercializo.
-Tenemos el mejor de los sucedáneos, entonces.
-Vacíela para mí.
-...
-...
-Y ahora qué.
-Ahora es martes. Todo el puto día.

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