-Con las manos en la masa.
-La muerte tiene una paciencia limitada. En este caso, limitada al interior de su caja.
-Cuando subió, la desescombró y la abrió...
-Después de todos sus años -ahora que ha muerto todos esos años son suyos- se quedó con lo que había en la caja. Verás cómo los de la científica nos dicen que tocó todos los objetos por una última vez. El tesoro de un hombre es lo que atesoró de niño, antes de empezar a ocultar sus tesoros en otras partes. El niño guarda, el hombre esconde.
-Pobre tipo.
-La muerte nos vuelve a todos paupérrimos.
-El asa de una tacita de porcelana... un billete del metro de Londres... una nuez... Yo me como una nuez todos los días, dicen que es bueno.
-¿Bueno para qué?
-...
-Hace veinte años que estoy empezando a hartarme de esta profesión.
-Pero mientras tanto siguen esperando que investiguemos.
-Que les den por culo.
-Tranquilo, ya me ocupo yo del papeleo, jefe.










