jueves, 29 de abril de 2010

-Sufrir pero poquito.

-Venero mis referencias. Sobre todo las que me señalan el inequívoco camino que lleva al precipicio bonachón, de no más de medio metro de caída.
-Sufrir pero poquito.
-Respeto mis influencias. Aunque su rastro sea inapreciable en el rastro que dejo. Me someto a los maestros. Claudico ante mis grandes. Me postro ante mis muertos. Les rezo para que me ayuden a pasar de ellos.
-No hay nada como tener un lugar de trabajo cómodo, soleado, aireado, y minado de tumbas queridas.
-Adoro aquella foto en blanco y negro de la cama vacía o, lo que viene a no ser lo mismo, aquella foto transparente de tu ausencia, o de tu ausencia transparente, es decir: visible pero no carnal.
-¡Llorón!
-Muero por recordar aquel recuerdo que de tan olvidado en la punta de la lengua se ha hecho lengua.
-Acabo de llamarte llorón y tú...
-...
-El autor acaba de tragar saliva.

martes, 27 de abril de 2010

-Eso es de Pessoa.

-Ya no es la que era.
-No, ahora es la que fue.
-Ya no es mía.
-Es nueva para otro.
-Ya no es cruel conmigo.
-Tal vez sea ahora la amorosa moza que sonroja la vergüenza de otro menos inocente que tú.
-Ya no volverá a no quererme.
-Es el futuro adiós de otro que la cree suya.
-Ya no me sonríe desde el extremo de mi rigidez.
-No. Ahora se le llena la boca de otro hombre.
-Ya no lloro por ella.
-Ahora lloras por el que le llora las gracias.
-Ya no puedo más que no morir con ella.
-Hay gente con suerte. Y no eres tú.
-Ya no soy yo.
-Pero alégrate: ayer fuiste la víspera de la fugaz felicidad de otro.
-¿Por qué para ser feliz hace falta no saberlo?
-Eso es de Pessoa.
-Déjame en paz.
-Lo mejor de cuanto decimos ya lo ha dicho otro.
-...

jueves, 22 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón. (y 3)

-Era esa.
-¿Qué?
-Esa mujer.
-¿La de los pósters?
-Las dos.
 -¿Fue tu novia?
-No fuimos novios.
-¿Qué fuisteis?
-Otra cosa. Y no me preguntes qué cosa.
-Amantes.
-Cuando cumplas quince seguimos hablando.
-¿Para qué me hablas de ella ahora, entonces?
-Porque la conocí y está colgada ahí.
-Erais conocidos.
-Eso es.
-Amantes conocidos.
-¿Mamá lo sabe?
-No. No tiene importancia.
-¿Qué no tiene importancia?
-Que lo sepa.
-Pero tiene importancia que yo lo sepa.
-No, tampoco tiene demasiada importancia.
-...
-...
-Un poco horteras las fotos.
-Eran lo años ochenta.
-¿En esa época no era hortera vestirse o desvestirse así?
-...
-¿Y qué pasó?
-¿Con ella?
-Sí, ¿qué pasó con ella?
-No sé. Se acabó.
-Se acabó la amante.
-Se acabó nuestra relación.
-¿Relación?
-La historia. Se acabó nuestra historia.
-No termino de entender, papá.
-Claro.
-Oscuro.
-Vamos.
-¿Qué fila tenemos?
-La siete.
-...
-...
-La mujer de los cines Acteón.
-Eso es.
-Deberías escribir sobre ella.
-A ver.
-Eso. A ver si te aclaras.


lunes, 19 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón. (2)

-Fue en esta casa. Había montado su pequeño estudio en el salón. Una lona como fondo, unos focos, sus cámaras.
-¿Crees que tenía un plan?
-Creo que tenía un objetivo. Como tú.
-Tendría más de un objetivo, si se dedicaba profesionalmente a la fotog... perdón.
-Tal vez su plan B fuera quererme. Pero planificó mal el plan A. Aparentemente el más fácil: simplemente hacerme disfrutar.
-Quizá lo que tu interpretas como venganza, en realidad fue homenaje. Un regalo. Cientos de miles de personas viéndote en lo alto del hall del cine, admirando tu ves y tu envés, todo lo desnuda que su generoso amor podía permitirse, claro. Tal vez quería convertirte en una mujer adorable por todos.
-Convertirme en la mujer de los cines Acteón.
-La mujer de los cines Acteón.
-Puedes usar el título. No me sentiré robada.
-Quiero robarte.
-Bueno, ya has conseguido birlarme dos pequeñas muertes.
-¿Puedo robarte también esa frase?
-Todo este diálogo es tuyo.
-No, resiste, quiero robártelo.
-Cierro mis piernas, entonces.
-¿Echas de menos al fotógrafo?
-Nunca contesto a esa pregunta en mi segunda cita.
-...
-Y a mí, los homenajes me gustan en vida. Ve sabiéndolo. O vete sabiéndolo.

viernes, 16 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón.

-Yo soy esa.
-¿Qué?
-Esa. La de los pósters. 
-¿Eres las dos?
-Las dos soy yo. De frente y de espaldas.
-No me lo puedo
-La mujer de los cines Acteón.
-Joder.
-Hace quince años.
-¿Eres tú?
-Era yo.
-Sí. Eres tú.
-El que me hizo las fotos fue mi novio. También el que las vendió cuando rompimos. Ahora esas venganzas son habituales con Internet. Fue un precursor, mi ex.
-Pues estás preciosa.
-¿Antes o ahora?
-Sigues siendo preciosa.
-Gracias. Lo dices porque tienes un objetivo, pero gracias de todos modos.
-¿Quién más sabe que tú eres la mujer de las fotos gigantes de los cines Acteón?
-Los amigos de mi ex, supongo. Y ahora tú.
-Cuando venía a este cine, los dos pósters me parecían una especie de extraño anacronismo. Un pegote. Precioso. O una estilización de la decoración tópica de los talleres de reparación de automóviles.
-Sólo que a mí no se me ve nada. Nada... decisivo.
-Bueno, lo que se ve invita a ver lo que no se ve.
-Había, hay, otras fotos en las que se me ve todo. Nada de invitar. Entrada gratis. Pero supongo que aquí, en este hall, no pueden permitirse colgar más que estas.
-Estás preciosa.
-Ya. Ahora, tu objetivo además está embadurnado por el morbo de conseguir hacer tuya a la mujer de los cines Acteón, la chica de los dos pósters del hall. ¿Cómo me prefieres: de frente o de espaldas?
-Nunca contesto a esa pregunta en la primera cita.
-...
-Tienes una sonrisa muy
-Va a empezar.
-Sí, entremos.

martes, 13 de abril de 2010

-Hablas como un perdedor.

-He nacido antes de tiempo. Horas antes de tiempo. O tal vez sólo años antes. O hermanos antes de tiempo. Quizá por eso todo lo que llega, lo que me llega, me llega tarde. A destiempo. Lo que finalmente llega, llega  después del final.
-Más vale tarde que nunca.
-No, tarde es tarde.  Tarde es nunca. Cuando se acabó el partido.
-La vida no es un partido de fútbol.
-Te equivocas. La vida es un partido de fútbol. Es una pelea de boxeo. Es una partida de ajedrez. Empieza, acaba, alguien gana y alguien pierde. Tienes un tiempo. Tienes un tiempo que acaba por agotarse. Y cuando se acaba la partida, el partido, la pelea, alguien ha ganado y alguien ha perdido.
-El simil que utilizas no me gusta, pero, en todo caso, también puedes empatar.
-¿Me estás hablando en serio?
-No has perdido. Desde que me contaste tu secreto hablo como alejándome de él. Temo que alguien escuche con atención lo que evito decir. Pero puedes estar tranquilo.
-Ya da igual. Puedes gritar mi secreto. Ha caducado. He perdido.
-Prometí llevármelo a la tumba.
-Es tarde. Ya no tiene sentido conservarlo. Déjalo en la calle, junto a un árbol. Los secretos abandonados no duran nada en las aceras. Ya verás como ayuda a que un mendigo se sienta menos perdedor.
-Hablas como un perdedor.
-Y tú como un empatador. Es decir, hablamos como dos perdedores. Yo he sido vencido cabalmente, y tú no te enteras de que te han metido seis chicharros y no conseguiste pasar la mitad del campo; te han tirado a la lona en el segundo round y desde entonces vives en coma; te han dado jaque mate y sigues empeñado en buscarle sesenta y cuatro cuadraditos al gato, en vez de saber que, te pongas como te pongas, tu rey yace tumbado sobre el tablero y no vas a ponerlo en pie ni con un cargamento de Viagra.
-Necesitas echarte una mujer. O por lo menos echarte un polvo esperanzador. Y no me digas que también se te ha hecho tarde para eso.
-A mí y a ella.
-¿Le contaste el secreto?
-No ha hecho falta.
-Lo siento.
-No lo sientas.
-Uf. Qué hermética charla, ¿no?
-¿Tú crees?
-Sí. ¿No?
-Yo lo he comprendido todo.
-Define comprender.

viernes, 9 de abril de 2010

-No sabes cuánto.

-No sé cómo decirte esto.
-No estoy aquí para enseñarte a despedir a la gente.
-No sé cómo hacer bien lo que voy a hacer.
-...
-La cosa no...
-...
-Tú sabes cómo es esto.
-Sí lo sé no me lo digas.
-Creo que no terminas de encajar. Eres muy bueno. No sé. Sabes como es esto. Es una cuestión de tono.
-¿Tono? Mi trabajo es el tono. Soy un mercenario del tono. ¿Qué le pasa a mi tono que no sintoniza con el tuyo?
-El tono es algo... no sé, el tuyo es como más urbano, y el que buscamos... no lo sé...
-No lo sabes.
-Lo sé, pero no sé, es una cuestión... no es nada en concreto. Y oye: estoy seguro de que volveremos a trabajar juntos.
-Me voy con  mis tonos a otra parte, antes de que mi presencia te haga acabar con tu stock de tópicos.
-¿De tópicos?
-...
-Oye, que lo siento.
-...
-No sabes cuánto.
-Lo sientes más que yo, ¿a que sí?
-...

martes, 6 de abril de 2010

-A veces me falta algo.

-A veces me falta el aire.
-A veces me falta el dinero.
-Cuando me falta el dinero no puedo respirar.
-A veces me falta el amor.
-A veces me falta el sexo.
-Cuando me falta el sexo no puedo amar.
-A veces me falta papá.
-A veces me falta mamá.
-Cuando me falta mamá lloro a papá.
-A veces me falta algo.
-A veces me sobra todo.
-Cuando me sobra todo me falta algo.
-A veces quiero.
-A veces puedo.
-Pero sólo a veces.
-Sí, a veces siempre es a veces.
-Y siempre nunca es siempre.
-Estamos sembrados
-Oye , quiero dejar claro que, a pesar de lo que dije, a mí nunca me falta sexo. Nunca me falta mi sexo. Me faltan algunos milímetros de mi sexo, eso sí. Porque yo soy muy de añorar el centímetro y medio que nunca he tenido.
-¿Los milímetros te faltan a veces o siempre?
-...

lunes, 29 de marzo de 2010

-¿De qué te ríes?

-Si vas a levantarte la falda, apunta bien. Si vas a mentirme, no prologues enunciando tu propósito. Si vas a pedirme que te dé de comer en la boca, empieza por abrirla. Si vas a esparcir tus braguitas sobre el pasado, ten la crueldad de invitarme a tu flashback. Si vas a perdonarme la vida, que sea después de muerto. Si vas dejarme por mí, no me engañes contigo. Si vas a volver con el poeta, asegúrate de que lo sigue siendo. Si vas a tararear nuestra canción, dime cuál es. Si vas a trocar el domingo por un día mejor, no esperes al lunes. Si vas a ejecutar tu acrobacia número 17, no te vuelvas para ver mi cara. Si vas a contarme cuentos, cuéntame el que no me cuentas.
-Si vas a hacerme un colacao, que sea con el original, que me gusta con grumos.
-Si vas a Calatayud...
-¿De qué te ríes?
-pregunta por la Dolores, que es una niña muy guapa, y amiga de hacer favores.
-Si vas a publicar esto, me voy de casa.

martes, 23 de marzo de 2010

-Ni nada.


Para Carmen, que emociona sus trayectos en metro leyendo poesía de la buena.


-Ella también compone su personaje. Y lo hace muy bien. La enfermera de hierro.
-Tiene voz y cara de enfermera de hierro, sí.
-Los ojos un poco demasiado pequeños, tal vez. Pero su mirada está muy conseguida.
-Sí.
-La mirada, joven, es la mitad de todas las cosas.
-¿La mitad?
-La mitad.
-Bien.
-La jefa ha visto mis películas. Me ha pedido un autógrafo en cuanto estuve en condiciones de mover la mano.
-Una de las enfermeras jóvenes también conoce sus películas. Me lo dijo. Al menos Pétalos lascivos.
-La peor.
-Yo no diría eso.
-Ya lo digo yo.
-La crítica no la entendió.
-Ni el público. Ni yo misma. Ni siquiera fue un fracaso de taquilla. Mediocre por dónde se la mire.
-A mí la escena del
-La escena del parking. No hay papanatas que no destaque la escena del parking.
-...
-Acérqueme el vaso, por favor.
-Tome.
-...
-...
-Gracias.
-...
-No se ofenda, joven. Pero me da igual que usted se ofenda.
-No me ofendo.
-Es usted un admirador rendido. Tal vez el último en rendirse. Y no es mal final éste que me ayuda a componer.
-No hable de finales. La operación ha ido muy bien.
-Los médicos creen que sólo han sacrificado una parte de mí. Me la mostraron, metida en un frasco.
-La vida es más que la suma de las partes.
-Le reitero mi agradecimiento. Pero no hace falta que abra la boca para darme ánimos. ¿Ánima es sinónimo de alma, verdad?
-...
-Supongo que ha asentido.
-Sí, he asentido.
-Ánima. Bonita palabra.
-...
-Cuando tenía diez años, rompí una botella de cristal en la habitación de mi madre. No en la habitación de mis padres, sino en la que utilizaba mi madre para estar, para ella, para nada. La botella era enorme, de cinco litros, no sé. Estaba llena de aceite. Yo me entretenía haciéndola rodar. Llegué rodando hasta los pies de mi madre, que leía sentada en su silloncito. Allí la botella se rompió. Ninguna otra madre  hubiera retirado los cuatro o cinco grandes trozos de cristal en que se había convertido la botella y, tumbándose sobre el suelo aceitado, me hubiese invitado con una sonrisa a tumbarme junto a ella. Nos embadurnamos, nos pintamos de aceite, chapoteamos. Dejamos su habitación hecha una birria. Fue precioso.
-Nunca... ¿por qué no contó esto en sus memorias?
-Porque si lo hubiera hecho, este momento ya no sería un regalo para usted.
-...
-No llore, joven. Y busque a la enfermera de hierro. 
-Tranquila...
-Estoy tranquila.
-¿Quiere que llame a su secretaria?
-No hace falta. Ella sabe todo lo que debe saber. Y usted debería saber que el matrimonio de mi secretaria no funciona. Él es un buen hombre. Pero sólo es eso. Usted sabrá lo que debe hacer. Ahora llame a la enfermera, ande.
-Sí, tranquila.
-Nunca lo estuve tanto. Pero llámela. Quiero que sea la primera en este hospital en saber que ya no volveré a hacer películas.
-...
-Ni nada.

martes, 16 de marzo de 2010

-¿Íntima?

-¿Qué tenemos?
-¿Además de la última entrada?
-Sí, además de la entrada póstuma de su diario personal.
-El mensaje en el buzón telefónico.
¿Cuál, el que le dejaron o el que dejó?
-Tenemos los dos. Sólo que el que le dejaron era banal, un recordatorio de algo que debía comprar. Cereales, creo recordar.
-Bien.
-Las dos fotos hechas trocitos.
-Conocía la del marco, los cristales rotos, el pedazo que contenía el ojo y el hombro de ella en la taza del váter.
-Ésa y otra más pequeña, en color, de una Polaroid, más íntima.
-¿Íntima?
-Sí, ya sabes, íntima es la nomenclatura que adoptan las fotos porno cuando son hechas para uso y disfrute de la pareja.
-Ya.
-Cuando no nacen con ambición comercial.
-Sí, vale, ya te entendí.
-...
-¿Y en su blog encontraron algo?
-Nada. Hacía meses que no colgaba nada.
-Colgar, vaya verbo.
-¿Eh?, sí.
-¿Algo más?
-El cuchillo, claro.
-La sangre y las huellas en el cuchillo. Las gotitas sobre la alfombra.
-Nada más.
-Pues...
-Está claro. No hay caso.
-¡No hables como un poli, joder!
-...
-¡Hostias!
-...
-Como un fiscal de esos de las series.
-...

miércoles, 10 de marzo de 2010

-Elige.

-¿Cuánto me faltaba, por aquél entonces, para convertirme en un viejo gloria?
-Demasiado lúmpen para ser un lúmpen.
-Antes de hacer el amor contigo, había hecho el amor contigo con otras.
-Le gusta cuando quien la masturba es su lado masculino.
-Cada minuto que pasa va siendo hora de algo, pensó Bloch.
-Me había sobrevivido con elegancia.
-Desde aquí arriba todo se ve como si la eternidad fuera a diluirse de un momento a otro.
-La segunda ronda la pagó el inventor de la angustia de los domingos por la tarde.
-Antes de abrir la puerta pensó en ella pensando en el anuncio del laxante.
-¿Ya, no?
-No, van nueve, falta una.
-...
-Yo. Dejó los cubiertos sobre el plato como quien abandona definitivamente la esperanza a la que se mantuviera asido durante todo el primer plato.
-Bien.
-Elige.
-...
-¿Elijo yo?
-No.
-Mejor. No sé a qué tipo de historia le estás dando vueltas.
-Yo tampoco lo sé.
-Entonces elije una de mis frases. Y empieza.

lunes, 8 de marzo de 2010

-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?

-Me gusta ver dibujar. Ver a dibujantes dibujando. Ver dibujar a mi hijo. Disfruto viendo el proceso de dibujar. En Youtube muchos dibujantes cuelgan la evolución a tiempo real de sus dibujos.  Parece sencillo. Quise ser dibujante. Ejercí, incluso. Me faltó disciplina y voluntad para ser bueno. O simplemente correcto. Las letras le ganaron a las líneas.
-Y tú perdiste ante ambas.
-Tal vez, como dice el dibujante Oscar Grillo, dibujar es contar cuentos. Y yo digo, porque es fácil de decir después de leer lo que ha dicho Grillo, que escribir es como dibujar.  Escritura y dibujo comparten con toda naturalidad conceptos tales como línea, trazo, boceto, perspectiva, movimiento. La luz también tiene mucho que ver con los dibujos y con la literatura.
-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?
-Lo que hacen dibujantes y escritores, es iluminar. Dirigir intencionadamente las luces. Hacerlas incidir sobre la vida y sus objetos.  Se iluminan unas partes, dejando en penumbras, o a oscuras, otras. Las historietas y el humor gráfico que leí y vi desde chico me formaron en algún sentido. Formaron también mi visión literaria. Seguramente aterricé en Bradbury por haber sobrevolado las historietas de El Tony, Dartagnan o Skorpio. A lo mejor es que el dibujo se dejó ganar por las letras. En Argentina había y hay potentísimos dibujantes, ilustradores, humoristas gráficos, guionistas de historietas. También grandes escritores, claro. Me salía de los renglones. Me desbordaba por las contraportadas de los cuadernos. Por los pupitres. Me he perdido.
-Tranquilo, seguimos aquí. Estoy contigo.
-No sé muy bien que quería decir. O dibujar.
-A lo mejor querías hablar de cierta evolución.
-Sí. Evolución que parece estar trenzada por elementos más o menos casuales, o tal vez mágicos, pero que en realidad determinan una férrea, y a un tiempo, lábil carretera -neblinosamente señalizada, eso sí, para que te pierdas debidamente-  que te dirige inexorablemente hacia tu destino. Una carretera dibujada y escrita.
-Férrea y lábil. Joder.
-Escritura. Literatura. Dibujo. Historieta. Cine. Algo más. Lo último. Los que escriben, los que dibujan, pintan, etc., comparten también la intuitiva decisión de determinar cuándo una obra está terminada. El punto final. El último trazo.
-¿Ya?

Ilustración realizada por Miguel Villar.

martes, 2 de marzo de 2010

-Qué zafio.

-Mi estilo está hecho de todo lo que no sé hacer o hago mal. Mi estilo son mis limitaciones. Mi musa es de letras pero sólo de consonantes. Mis chistes de siempre son los de siempre. Mi sintáxis no se entera de nada.  Por mis mejores canciones cobra derechos Leonard Cohen. Mi Suzanne se fue sin mi música a ninguna parte. Mi relato más premiado sólo por mi está firmado por John Cheever pero el mejor de sus cuentos está escrito en ruso y es de un tal Chéjov (¡toma!). Mi mejor parte es una parte de mi peor parte. Mi misa no está presidida por un señor al que torturan. Mi mamá me mima. Mi maná me mina. Mi mina (argentinismo) me mama.
-Qué zafio.
-Mi misericordia me tiene bien surtido. Mi mejor perfil me ha sido birlado. Mi prisión tiene las bellas paredes de las que está construído mi amor. Mi amor tal vez no tenga explicación posible y con toda seguridad no necesita prospecto. Mi batalla final fue la anteúltima. Mi reino por mi reina. Mi asociación libre me apresa sin que me resista. Mi resistencia a no fiarme de mis prejuicios es inútil.
-Qué confuso.
-Mi mano izquierda sabe perfectamente lo que hace mi mano derecha otra cosa es que señale para otro lado. Mi disimulo me engaña con otro. Mi doble cobra el doble. Mi coartada me deja a los pies de los caballos. Mis misiones han sido incumplidas con éxito. Mi currículum también es una ficción.
-Mis más sinceras disculpas en nombre de mi amigo.

jueves, 25 de febrero de 2010

-Tienes que poner de tu parte.

-No hay modo de medir lo que pasa en el metro.
-...
-¿Te gusta?
-Sí. ¿Ahora vas a deleitar a tus lectores relatando vuestro encuentro en la línea 6?
-Siempre supe que lo superaríamos.
-Yo creo que nunca lo superaremos.
-Tienes que poner de tu parte.
-Eso pídeselo a ella.
-Ella ya no existe.
-Nunca superarás su número de teléfono.
-Fue hace cinco años.
-Te ruego que no vuelvas a soltarme eso del tiempo y las heridas.
-No lo haré.
-El pasado no deja de pasar. No es pasado, es pasando. Hasta que no aceptes esta verdad...
-¿Entonces, estamos perdidos?
-Claro. Pero desde antes de habernos conocido.
-No quiero estar perdido.
-A ver cuándo maduras.
-Fue en la línea 4.
-...
-Está bien que te confundas. Es un primer paso.

lunes, 22 de febrero de 2010

-No demasiado.

-¿Por qué lo has hecho así?
-¿Así cómo?
-Me lo has hecho como si se lo estuvieras haciendo a otra.
-No hace mucho me dijiste que me repetía, que siempre lo hacía igual.
-Ah, claro, por eso has decidido engañarme conmigo. Con la otra que puedo ser.
-Sí, por eso.
-¿Y te ha gustado?
-No demasiado.
-¿Prefieres a la que soy casi siempre?
-Al otro. Prefiero al otro que soy de vez en cuando.
-Bésame.
-...
-¿Qué miras?
-A ti.

jueves, 18 de febrero de 2010

-Pregúntale.

-Padre e hijo se arrastran por un mundo devastado. Hacia algún sur. Buscando el calor. El mar. Tal vez sólo buscando no detenerse. Yendo juntos a ninguna parte. Pordioseros helados. El amor más despojado en tiempos después del tiempo. Caníbales acechando tras los bastidores del escenario para siempre baldío. Un revólver. Un carrito de hipermercado. Ropajes robados a cadáveres. Te quiero, hijo. Te quiero, papá.
-La chica lee la novela en el metro. Está acabándola. Concentrada en la prosa seca y fría que hiela y puede hacer llorar. Tiene que ser complicado leer esa novela en el metro.
-La película es fiel a la novela.
-La novela es mejor.
-Ninguna novela puede ser mejor que una película. Ninguna película puede ser mejor que una novela. A mí me gustó la novela. También la película.
-Me gusta la chica que lee. ¿Crees que habrá visto la película?
-Sí.
-No.
-Pregúntale.
-Procuro no evidenciar mi patetismo en público.
-Lee a McCarthy y tiene unas piernas interminables. No encontrarás nada mejor en tu vida. No tienes ninguna otra esperanza de arribar a alguna calidez post-apocalíptica.
-Gracias, amigo.
-Uy, te ha mirado.
-Gilipollas.
-...
-No es tan alta.

martes, 16 de febrero de 2010

-Le gustaba la lluvia.

-Tiene la cara como acerada.
-El maquillaje.
-Está diferente.
-Eso es la muerte.
-Ya. Quiero decir que se ha desvirtuado un poco su rostro. El gesto. El rictus.
-La vida se le ha ido. Ha de ser eso.
-No vuelvas por ahí. Ya lo sé. Quiero decir que parece haber perdido otras cosas, además de la vida.
-Es sólo el envase. Y no es un envase desagradable. Si tuviera una cámara de fotos. 
-Si quieres mi móvil.
-¿Tiene cámara?
-Claro, no te lo dejaría para que llamaras al cadáver de
-Shhh... 
-No he levantado la voz.
-Olvidamos dónde estamos.
-No me des clases de civismo.
-A uno le entran ganas de reir en estos sitios. Llorar y reír. Estos son santuarios del contraste. La vida y la muerte.
-¿Alguna obviedad más?
-No, sigue tú, profundo de los cojones.
-Mira.
-¿Qué?
-El lunar.
-Sí, su famoso lunar.
-Más famosa era la constelación de lunares que tenía en
-Tiene. 
-Que tiene, sí.
-El caballo alado.
-Y dale. La constelación formaba más bien
-Forma.
-Forma una extraña cascada.
-Hubiera querido necesitar más de su...
-...
-...
-De su cuerpo.
-No, de su cuerpo no.  Del resto.
-Una cosa es dejarse tocar y otra dejarse querer. No se dejaba querer.
-A mí me quiso.
-Sí, claro. 
-A su esquiva manera. Yo no le correspondí como se merecía.
-Tal vez porque no se merecía más que...
-Permiso.
-Sí, perdón.
-Si nos diculpan. Tenemos que proceder al sellado del
-Sí, sí, claro.
-...
-...
-Parece que fuera llueve.
-Le gustaba la lluvia.
-¿Qué?
-Que me parece bonito que hoy llueva. Le gustaba la lluvia.
-De donde te sacas eso?
-Me lo dijo.
-¿Hablabais de eso?
-Poco. A veces. 
-Yo no hablaba. Yo iba a lo que iba.
-Yo también. Pero a veces me contaba algo. No sé, se aburriría conmigo.
-Nada personal. Se aburría con todos.
-Era una cualquiera singular.
-...
-Joder. Sí que llueve. 
-Dejaré escrito que no maquillen mi cadáver.
-¿Qué malo el café del tanatorio, no?
-Una auténtica mierda.
-¿Cuántos años le caerán al marido?
-No sé. Pero no estaban casados.
-Da igual.
-Sí, da igual.

viernes, 12 de febrero de 2010

-¿Es una ironía, no?

-Ya no escribo cartas. Ni marco naipes. Ya no le escribo a él. Ni a ellas. Ya no hago goles. Ni los evito. Ya perdí ante rivales indignos. Ya gané a alfeñiques con gafas. Ya empaté conmigo. Ya no hago listas de más de dos ítems. Ya no recuerdo el rostro de mi primera novia. Ya no pienso que todo tiempo pasado fue pasado. Ya no tengo nostalgia de cosas que tanto necesitaba.  Ya me sé el oficio. Ya se ha muerto papá. Ya puse la otra mejilla. Ya me robaron mi mejor perfil.  Ya soy añorado por quienes tanto me odiaron. Ya me gané el infierno. Ya pasó mi cuarto de deshora. Ya no vuelvo a no creer en algún dios. Ya me hice perdonar por mí. Ya no estoy para aquellos trotes. Ya tendréis noticias mías. Ya me espera desnuda. Ya no imagino a mi amigo imaginario. Ni qué decir tiene que ya ni qué decir tengo.
-Y ya tienes un hijo.
-Sí. Por lo demás, sigo siendo aquél.
-¿Es una ironía, no?
-¿Tú qué crees?
-Que sigues respondiendo algunas de mis preguntas con una pregunta.
-Hay cosas que nunca cambian.

miércoles, 10 de febrero de 2010

-Todo cambiará.

-La primera vez se me cayó el alma al suelo. La segunda, sólo hasta las rodillas. Una semana más tarde, mi alma ya no se movía de su sitio. 
-Una especie de forzada cura de humildad.
-¿Cura de humildad...? Prefiero las monjas de petulancia. Como las que atienden el comedor social.
-¿Se come bien?
-He comido en sitios mejores. Pero se come caliente. Y el postre es una fruta que te hace creer que podrás aguantar hasta mañana con una sola comida. Y lo cierto es que funciona.
-Puedes venir a comer a casa, no te lo repito más.
-No te preocupes, ya te he dicho que funciona. 
-¿Has hecho algún amigo?
-También van mujeres. Pero no, entre mi timidez y mi vergüenza -conservo mi alma en su sitio, pero está sonrojada- no levanto la vista del plato, ni la voz del pecho.
-Todo cambiará.
-No me importa seguir así. Es inspirador. Ayer, al salir del comedor -la cola era más grande que cuando entré-,  escribí algo que me vino durante la sopa. 
-Dime.
-Esto, léelo.
-A ver... Cuidado con el perro. Y mucho cuidado con el dueño. Bien. ¿Qué quieres decir?
-No sé.
-...
-El pan es lo más rico de la comida. 
-Siempre te gustaron los restaurantes que ponían esmero en el pan.
-El pan nuestro de cada día, ¿no?


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