viernes, 28 de mayo de 2010

-... (2)

-¿A qué va uno a la tumba de su padre? ¿A decirle qué? ¿Por qué va a decírselo ahí? ¿Qué tiene que decir una lápida que no esté ya escrito en ella? ¿Quién recibe las flores además del invierno? Está en el poema de entonces y no me desdigo. Ése -el cadáver- ya no es mi padre. Está en otra parte. No está ahí, en ese lugar en el que reside desde su muerte. Papá no está enterrado. No está en su tumba. Papá no ha muerto en todos los sentidos.
-...
-Sólo en uno.

miércoles, 26 de mayo de 2010

-Un hombre dejado de lado.

-Una mujer muy amada.
-Una mujer amada por muchos.
-Una mujer muy amada por muchos.
-Una mujer muchas veces muy amada por sí misma.
-Una mujer si muchos la amaron.
-Una mujer si nadie la amó.
-Una mujer virgen.
-Una mujer muy virgen.
-Una mujer virgen de muchos hombres.
-Una mujer virgen de sí misma.
-Una mujer virgen de quien la amó.
-Un hombre dejándose amar.
-Un hombre dejándose de amar.
-Un hombre dejado de amar.
-Un hombre dejado de amarse.
-Un hombre de amor dejado.
-Un hombre dejado de lado.
-Un hijo querido por sus padres.
-Un hijo querido por sus madres.
-Un hijo querido por sus hermanos.
-Un hijo único querido por sus hermanos.
-Un hijo querido por sus amados juguetes.
-Una familia como tantas.
-Una familia como pocas.
-Una familia como todas.
-Una familia como la mía.
-Una familia como las mías.
-Una familia como la que me temía.
-Una familia como la que me temió.
-Una familia como la que temo.
-Una familia como la que no tuve.
-Una perrita que los sobrevivió a todos.
-Paradójicamente, la única que no sale en la foto.

lunes, 24 de mayo de 2010

-¿El cuento o el amor?

-A las tres de la mañana. A orillas del Sena. Con un diamante en la mano y un cúter en el bolsillo. Por una ventana entré en el Museo de Arte Moderno de Paris.  (A orillas del Sena es improbable -el más difícil aún- entrar en un museo situado en otra ciudad que no sea París). Me llevé un Picasso y un Monet.  Necesariamente pequeños, para huir cómodamente con ellos enrollados bajo el brazo. Quedaron algunas imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de ambos yéndose conmigo. Llevaba la cara tapada. Salí por la misma ventana por la que había entrado. Fuera me esperaba ella con el coche en marcha. Vivimos cerca del museo. Llegamos enseguida a casa. A mí no me gusta demasiado el champán- tampoco me gusta demasiado escribir champán en vez de champagne- pero soy respetuoso de los rituales. Y tal y como hicimos en ocasión del robo del Rothko en aquella exposición temporal en Roma; y después del paseo por Cuenca, de donde volvimos con Zobel en la maleta, descorché la botella. Los vecinos perspicaces -no sé si tenemos de esos- supieron tal vez  que acabábamos de ampliar nuestra pinacoteca. Luego hicimos el amor circundados por la belleza del genio de nuestros pintores. Acabamos hablando de la posibilidad de cambiar de piso. Sin alejarnos de las orillas del Sena, que son las orillas que más nos gustan. Son planes sin demasiado énfasis. Quizás algún día. Ella quería dormir. Mañana tiene que levantarse temprano. Le gustan sus clases de historia del arte. A sus alumnos también le gustan. A mí, menos. En concreto me fastidia la clase de mañana. A ella se le irá hablando con sus alumnos del robo de anoche. A mí, soportando la visita de mi madre. Al ver la noticia en la prensa, volverá a intentar, vanamente, convencerme de que me dedique a otra cosa. A algo que dé dinero.
-Me gusta. Demasiado ligero tal vez, pero me gusta.
-¿Ligero? Cuando no lo soy me llamas pretencioso.
-No seas tonto. Me ha encantado.
-¿El cuento o el amor?
-...
-Tú tampoco has estado nada mal.
-Me gusta no tomar pastillas para dormir. 
-A mí me encanta ser tu macho-somnífero.
-Hasta mañana.
-¿No puedes llamar y decir que te encuentras mal?
-Es tu madre. Debes aprender a sobrellevarla solo.


jueves, 20 de mayo de 2010

-A mí me resulta muy difícil distinguir la buena de la mala poesía.

Aun negados por la razón, los fantasmas se niegan a morir.
Alejandro Dolina.

Cuando oscurece siempre necesitas a alguien.
Enrique Vila-Matas.

-Qué sencillo resulta escribir mala poesía.
 -¿Lo dices por experiencia?
-Claro. Y no sólo por experiencia propia.
-...
-En realidad, cuando llegó ya estaba. Y cuando desapareció se quedó para siempre.
-Tenía cualidades que no son de este mundo.
-Ni de aquél.
-Pudiste desentrañarla pero su condición etérea lo hizo del todo imposible. ¿A que sí?
-La gran paradoja de los fantasmas: te enseñan el tangible túnel que conduce a sus entrañas, y cuando pareces convencido de que la has convencido, el túnel se vuelve humo, y te quedas mirando la voluta hasta que se desvanece. Más o menos al mismo ritmo decadente de tu erección.
-De frente parecen una aparición. Cuando se vuelven se convierten en perdición.
-Los fantasmas son la perdición de los mortales.
-A mí me resulta muy difícil distinguir la buena de la mala poesía.
-Con los fantasmas ocurre lo mismo.
-¿Lo crees realmente?
-No lo sé, pero me gustaba terminar así. Dejando constancia de que cuando oscurece siempre necesitas a alguien. Aunque sea un fantasma.
-Aunque sea un fantasma en vida.


viernes, 14 de mayo de 2010

-¿Qué pasa? Hay muchas literaturas y todas están en este menda.

-Me gustan las mujeres que no se preocupan por evidenciar sus encantos. Las que van como desafectadas de sí mismas. Las que no miran su reflejo al pasar frente a los escaparates. Me gustan las que no te dejan más opción que imaginártelas desnudas. Y no consigues hacerlo. Las no evidentes. Las invidentes de su mismidad. Las que te ciegan con todo lo que desconoces de ellas. No me gustan las adolescentes que no han conseguido superar su adolescencia. Hay pocas.
-Eso se lo pueden permitir las que están buenas.
-Joder.
-¿Qué pasa? Hay muchas literaturas y todas están en este menda.
-La elegancia es una condición de algunas almas. De algunos huesos. Esas mujeres de las que te hablo no son las buenas. Esas son las mejores.
-¿Y los hombres?
-También me gustan los que no se preocupan por evidenciar sus encantos.
-Ahora sí que nos ha quedado una entrada de mierda políticamente correcta.
-¿Tú crees?
 

martes, 11 de mayo de 2010

-Un sentido pésame.

-Todos tenemos nuestro trineo. Y aunque no hayas pensado en él durante los últimos cuarenta años de tu vida, lo tendrás en tu cabeza durante los últimos cuarenta segundos de tu vida.
-Un trineo, además. Un artilugio para deslizarse sobre la nieve. Sobre las nieves.
-¿Cuál será el último pensamiento? Hay que pensárselo bien. 
-Pensaré en el montoncito de su ropa.
-Pensaré en su desnudo al lado del montoncito.
-Pensaré una sensación sugerida por el montoncito, por ella sin ropa, por el color que hila la distancia que hay, que hubo, entre su ropa y su carne.
-Tal vez, sólo pienses en esa mancha de humedad en el techo de la habitación del hospital. Ni tan siquiera preocupado por encontrarle una forma. Una mancha con forma de mancha sin forma. Un último pensamiento banal. Intrascendente antes de trascender a la eternidad.
-El recorrido de los desechos violáceos de tu cuerpo atravesando la cánula hasta el frasco de cristal.
-Después de esta charla, tal vez ambos tengamos presente que el pensamiento final deberá tener un sentido.
-Un sentido pésame.
-Un postrer chiste malo para despedirse. Un juego de palabras.
-¿Pensaré una palabra? La forma de una palabra, quiero decir. Sólo el significante. La escritura. El trazo. ¿La palabra Adiós?
-¿La palabra Hola?
-Pensar en la fortuna incomprensible de compartir esta última habitación.
-Contigo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

-...

-Ahora que lo pienso -antes no lo pensaba, de haberlo hecho jamás me hubiera adentrado en ella- la calle no existía. Y lo digo sabiendo que sigue estando allí, a unos cien metros de mi antigua casa de Buenos Aires. Tal vez el único irreal o inconcreto fuera el tramo oscuro. Negro. Me atraía  ser atravesado  por el miedo de atravesarla. Ese trecho también sigue estando donde estaba. Aquí, en este cuadrante del mapa de mi infancia. No sé si ahora está mejor iluminada que entonces (el progreso ilumina demasiado). En cualquier caso, a pesar de las pruebas en contrario, no existe la calle que me daba miedo. La que me llamaba desde el agujero de tiempo que había en la esquina opuesta. Podía llegar a mi casa por otro camino. El buen camino. Pero no me gustaría Bradbury si eludiera mi calle del miedo. Ni Zobel. Ni Rothko. Ni Cheever. Ni las malas mujeres que han sabido odiarme como dios sugiere. Ni mi amigo Pablo. Ni mi enemigo Roberto Villar. Ni Vila-Matas. Ni Lobo Antunes. Ni las películas que me hicieron llorar. Ni Woody Allen. Ni Drácula. Tendría que buscar en google referencias de un escritor llamado Borges, de un jugador apellidado Pelusa -como mi perrita, sacrificada con una inyección-. Mis lagunas formativas se hubieran llenado hasta el borde si hubiese pasado más veces por mi neblinosa calle. Si hubiera renunciado a mi hogar con mayor frecuencia canalla. Si no hubiese tardado tanto en confrontarme al miedoso futuro que me acercaba o alejaba de mi casa. Atravesaba la calle con la cabeza oculta bajo mis lloradas sábanas. Mordiendo las puntas de las solapas de mi pijama. Pisando desdeñoso las cucurachas que me quitinaron la infancia. ¿Quién, Kafka?, me preguntaría. Si yo no me hubiera metido en esa calle nocturna, ¿cón quién estaría ahora Carmen? Cuántos pasadizos habrían quedado sin penetrar de no haberla penetrado mirando sólo el paso siguiente. Cuántos de los rencores que acumulo en la recámara no habrían sido recolectados jamás. ¿Alguien cree que ella y yo habríamos conocido Praga si no le hubiese echado aterrorizados cojones a mi calle? Si a mí no me hubiera gustado y no gustado pero aún así gustado entrar y salir una y otra vez de la noche de la calle Deán Fúnes en el tramo que va -según consta en el catrastro- de la avenida Belgrano a la calle Venezuela, me hubiese ocurrido otra vida. Una vida contada por un cobarde que de niño, de adolescente, de mayor, prefería caminar por aceras luminosas. Sin mi calle yo no sería el hijo y el padre de Miguel. 
-...
-Si mi calle existiera yo no existiría.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Tuya?

-Compartimos una mujer.
-...
-Y eso desune lo suficiente. Primero fue suya. Luego, mía. Pero dejó de ser mía. Y después de un tiempo de no ser ni suya ni mía, volvió a ser suya.
-¿Por qué me cuentas eso?
-Porque eres mi mujer y no quiero que me vuelva a pasar.
-¿Tuya?
-Ya me entiendes.

jueves, 29 de abril de 2010

-Sufrir pero poquito.

-Venero mis referencias. Sobre todo las que me señalan el inequívoco camino que lleva al precipicio bonachón, de no más de medio metro de caída.
-Sufrir pero poquito.
-Respeto mis influencias. Aunque su rastro sea inapreciable en el rastro que dejo. Me someto a los maestros. Claudico ante mis grandes. Me postro ante mis muertos. Les rezo para que me ayuden a pasar de ellos.
-No hay nada como tener un lugar de trabajo cómodo, soleado, aireado, y minado de tumbas queridas.
-Adoro aquella foto en blanco y negro de la cama vacía o, lo que viene a no ser lo mismo, aquella foto transparente de tu ausencia, o de tu ausencia transparente, es decir: visible pero no carnal.
-¡Llorón!
-Muero por recordar aquel recuerdo que de tan olvidado en la punta de la lengua se ha hecho lengua.
-Acabo de llamarte llorón y tú...
-...
-El autor acaba de tragar saliva.

martes, 27 de abril de 2010

-Eso es de Pessoa.

-Ya no es la que era.
-No, ahora es la que fue.
-Ya no es mía.
-Es nueva para otro.
-Ya no es cruel conmigo.
-Tal vez sea ahora la amorosa moza que sonroja la vergüenza de otro menos inocente que tú.
-Ya no volverá a no quererme.
-Es el futuro adiós de otro que la cree suya.
-Ya no me sonríe desde el extremo de mi rigidez.
-No. Ahora se le llena la boca de otro hombre.
-Ya no lloro por ella.
-Ahora lloras por el que le llora las gracias.
-Ya no puedo más que no morir con ella.
-Hay gente con suerte. Y no eres tú.
-Ya no soy yo.
-Pero alégrate: ayer fuiste la víspera de la fugaz felicidad de otro.
-¿Por qué para ser feliz hace falta no saberlo?
-Eso es de Pessoa.
-Déjame en paz.
-Lo mejor de cuanto decimos ya lo ha dicho otro.
-...

jueves, 22 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón. (y 3)

-Era esa.
-¿Qué?
-Esa mujer.
-¿La de los pósters?
-Las dos.
 -¿Fue tu novia?
-No fuimos novios.
-¿Qué fuisteis?
-Otra cosa. Y no me preguntes qué cosa.
-Amantes.
-Cuando cumplas quince seguimos hablando.
-¿Para qué me hablas de ella ahora, entonces?
-Porque la conocí y está colgada ahí.
-Erais conocidos.
-Eso es.
-Amantes conocidos.
-¿Mamá lo sabe?
-No. No tiene importancia.
-¿Qué no tiene importancia?
-Que lo sepa.
-Pero tiene importancia que yo lo sepa.
-No, tampoco tiene demasiada importancia.
-...
-...
-Un poco horteras las fotos.
-Eran lo años ochenta.
-¿En esa época no era hortera vestirse o desvestirse así?
-...
-¿Y qué pasó?
-¿Con ella?
-Sí, ¿qué pasó con ella?
-No sé. Se acabó.
-Se acabó la amante.
-Se acabó nuestra relación.
-¿Relación?
-La historia. Se acabó nuestra historia.
-No termino de entender, papá.
-Claro.
-Oscuro.
-Vamos.
-¿Qué fila tenemos?
-La siete.
-...
-...
-La mujer de los cines Acteón.
-Eso es.
-Deberías escribir sobre ella.
-A ver.
-Eso. A ver si te aclaras.


lunes, 19 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón. (2)

-Fue en esta casa. Había montado su pequeño estudio en el salón. Una lona como fondo, unos focos, sus cámaras.
-¿Crees que tenía un plan?
-Creo que tenía un objetivo. Como tú.
-Tendría más de un objetivo, si se dedicaba profesionalmente a la fotog... perdón.
-Tal vez su plan B fuera quererme. Pero planificó mal el plan A. Aparentemente el más fácil: simplemente hacerme disfrutar.
-Quizá lo que tu interpretas como venganza, en realidad fue homenaje. Un regalo. Cientos de miles de personas viéndote en lo alto del hall del cine, admirando tu ves y tu envés, todo lo desnuda que su generoso amor podía permitirse, claro. Tal vez quería convertirte en una mujer adorable por todos.
-Convertirme en la mujer de los cines Acteón.
-La mujer de los cines Acteón.
-Puedes usar el título. No me sentiré robada.
-Quiero robarte.
-Bueno, ya has conseguido birlarme dos pequeñas muertes.
-¿Puedo robarte también esa frase?
-Todo este diálogo es tuyo.
-No, resiste, quiero robártelo.
-Cierro mis piernas, entonces.
-¿Echas de menos al fotógrafo?
-Nunca contesto a esa pregunta en mi segunda cita.
-...
-Y a mí, los homenajes me gustan en vida. Ve sabiéndolo. O vete sabiéndolo.

viernes, 16 de abril de 2010

-La mujer de los cines Acteón.

-Yo soy esa.
-¿Qué?
-Esa. La de los pósters. 
-¿Eres las dos?
-Las dos soy yo. De frente y de espaldas.
-No me lo puedo
-La mujer de los cines Acteón.
-Joder.
-Hace quince años.
-¿Eres tú?
-Era yo.
-Sí. Eres tú.
-El que me hizo las fotos fue mi novio. También el que las vendió cuando rompimos. Ahora esas venganzas son habituales con Internet. Fue un precursor, mi ex.
-Pues estás preciosa.
-¿Antes o ahora?
-Sigues siendo preciosa.
-Gracias. Lo dices porque tienes un objetivo, pero gracias de todos modos.
-¿Quién más sabe que tú eres la mujer de las fotos gigantes de los cines Acteón?
-Los amigos de mi ex, supongo. Y ahora tú.
-Cuando venía a este cine, los dos pósters me parecían una especie de extraño anacronismo. Un pegote. Precioso. O una estilización de la decoración tópica de los talleres de reparación de automóviles.
-Sólo que a mí no se me ve nada. Nada... decisivo.
-Bueno, lo que se ve invita a ver lo que no se ve.
-Había, hay, otras fotos en las que se me ve todo. Nada de invitar. Entrada gratis. Pero supongo que aquí, en este hall, no pueden permitirse colgar más que estas.
-Estás preciosa.
-Ya. Ahora, tu objetivo además está embadurnado por el morbo de conseguir hacer tuya a la mujer de los cines Acteón, la chica de los dos pósters del hall. ¿Cómo me prefieres: de frente o de espaldas?
-Nunca contesto a esa pregunta en la primera cita.
-...
-Tienes una sonrisa muy
-Va a empezar.
-Sí, entremos.

martes, 13 de abril de 2010

-Hablas como un perdedor.

-He nacido antes de tiempo. Horas antes de tiempo. O tal vez sólo años antes. O hermanos antes de tiempo. Quizá por eso todo lo que llega, lo que me llega, me llega tarde. A destiempo. Lo que finalmente llega, llega  después del final.
-Más vale tarde que nunca.
-No, tarde es tarde.  Tarde es nunca. Cuando se acabó el partido.
-La vida no es un partido de fútbol.
-Te equivocas. La vida es un partido de fútbol. Es una pelea de boxeo. Es una partida de ajedrez. Empieza, acaba, alguien gana y alguien pierde. Tienes un tiempo. Tienes un tiempo que acaba por agotarse. Y cuando se acaba la partida, el partido, la pelea, alguien ha ganado y alguien ha perdido.
-El simil que utilizas no me gusta, pero, en todo caso, también puedes empatar.
-¿Me estás hablando en serio?
-No has perdido. Desde que me contaste tu secreto hablo como alejándome de él. Temo que alguien escuche con atención lo que evito decir. Pero puedes estar tranquilo.
-Ya da igual. Puedes gritar mi secreto. Ha caducado. He perdido.
-Prometí llevármelo a la tumba.
-Es tarde. Ya no tiene sentido conservarlo. Déjalo en la calle, junto a un árbol. Los secretos abandonados no duran nada en las aceras. Ya verás como ayuda a que un mendigo se sienta menos perdedor.
-Hablas como un perdedor.
-Y tú como un empatador. Es decir, hablamos como dos perdedores. Yo he sido vencido cabalmente, y tú no te enteras de que te han metido seis chicharros y no conseguiste pasar la mitad del campo; te han tirado a la lona en el segundo round y desde entonces vives en coma; te han dado jaque mate y sigues empeñado en buscarle sesenta y cuatro cuadraditos al gato, en vez de saber que, te pongas como te pongas, tu rey yace tumbado sobre el tablero y no vas a ponerlo en pie ni con un cargamento de Viagra.
-Necesitas echarte una mujer. O por lo menos echarte un polvo esperanzador. Y no me digas que también se te ha hecho tarde para eso.
-A mí y a ella.
-¿Le contaste el secreto?
-No ha hecho falta.
-Lo siento.
-No lo sientas.
-Uf. Qué hermética charla, ¿no?
-¿Tú crees?
-Sí. ¿No?
-Yo lo he comprendido todo.
-Define comprender.

viernes, 9 de abril de 2010

-No sabes cuánto.

-No sé cómo decirte esto.
-No estoy aquí para enseñarte a despedir a la gente.
-No sé cómo hacer bien lo que voy a hacer.
-...
-La cosa no...
-...
-Tú sabes cómo es esto.
-Sí lo sé no me lo digas.
-Creo que no terminas de encajar. Eres muy bueno. No sé. Sabes como es esto. Es una cuestión de tono.
-¿Tono? Mi trabajo es el tono. Soy un mercenario del tono. ¿Qué le pasa a mi tono que no sintoniza con el tuyo?
-El tono es algo... no sé, el tuyo es como más urbano, y el que buscamos... no lo sé...
-No lo sabes.
-Lo sé, pero no sé, es una cuestión... no es nada en concreto. Y oye: estoy seguro de que volveremos a trabajar juntos.
-Me voy con  mis tonos a otra parte, antes de que mi presencia te haga acabar con tu stock de tópicos.
-¿De tópicos?
-...
-Oye, que lo siento.
-...
-No sabes cuánto.
-Lo sientes más que yo, ¿a que sí?
-...

martes, 6 de abril de 2010

-A veces me falta algo.

-A veces me falta el aire.
-A veces me falta el dinero.
-Cuando me falta el dinero no puedo respirar.
-A veces me falta el amor.
-A veces me falta el sexo.
-Cuando me falta el sexo no puedo amar.
-A veces me falta papá.
-A veces me falta mamá.
-Cuando me falta mamá lloro a papá.
-A veces me falta algo.
-A veces me sobra todo.
-Cuando me sobra todo me falta algo.
-A veces quiero.
-A veces puedo.
-Pero sólo a veces.
-Sí, a veces siempre es a veces.
-Y siempre nunca es siempre.
-Estamos sembrados
-Oye , quiero dejar claro que, a pesar de lo que dije, a mí nunca me falta sexo. Nunca me falta mi sexo. Me faltan algunos milímetros de mi sexo, eso sí. Porque yo soy muy de añorar el centímetro y medio que nunca he tenido.
-¿Los milímetros te faltan a veces o siempre?
-...

lunes, 29 de marzo de 2010

-¿De qué te ríes?

-Si vas a levantarte la falda, apunta bien. Si vas a mentirme, no prologues enunciando tu propósito. Si vas a pedirme que te dé de comer en la boca, empieza por abrirla. Si vas a esparcir tus braguitas sobre el pasado, ten la crueldad de invitarme a tu flashback. Si vas a perdonarme la vida, que sea después de muerto. Si vas dejarme por mí, no me engañes contigo. Si vas a volver con el poeta, asegúrate de que lo sigue siendo. Si vas a tararear nuestra canción, dime cuál es. Si vas a trocar el domingo por un día mejor, no esperes al lunes. Si vas a ejecutar tu acrobacia número 17, no te vuelvas para ver mi cara. Si vas a contarme cuentos, cuéntame el que no me cuentas.
-Si vas a hacerme un colacao, que sea con el original, que me gusta con grumos.
-Si vas a Calatayud...
-¿De qué te ríes?
-pregunta por la Dolores, que es una niña muy guapa, y amiga de hacer favores.
-Si vas a publicar esto, me voy de casa.

martes, 23 de marzo de 2010

-Ni nada.


Para Carmen, que emociona sus trayectos en metro leyendo poesía de la buena.


-Ella también compone su personaje. Y lo hace muy bien. La enfermera de hierro.
-Tiene voz y cara de enfermera de hierro, sí.
-Los ojos un poco demasiado pequeños, tal vez. Pero su mirada está muy conseguida.
-Sí.
-La mirada, joven, es la mitad de todas las cosas.
-¿La mitad?
-La mitad.
-Bien.
-La jefa ha visto mis películas. Me ha pedido un autógrafo en cuanto estuve en condiciones de mover la mano.
-Una de las enfermeras jóvenes también conoce sus películas. Me lo dijo. Al menos Pétalos lascivos.
-La peor.
-Yo no diría eso.
-Ya lo digo yo.
-La crítica no la entendió.
-Ni el público. Ni yo misma. Ni siquiera fue un fracaso de taquilla. Mediocre por dónde se la mire.
-A mí la escena del
-La escena del parking. No hay papanatas que no destaque la escena del parking.
-...
-Acérqueme el vaso, por favor.
-Tome.
-...
-...
-Gracias.
-...
-No se ofenda, joven. Pero me da igual que usted se ofenda.
-No me ofendo.
-Es usted un admirador rendido. Tal vez el último en rendirse. Y no es mal final éste que me ayuda a componer.
-No hable de finales. La operación ha ido muy bien.
-Los médicos creen que sólo han sacrificado una parte de mí. Me la mostraron, metida en un frasco.
-La vida es más que la suma de las partes.
-Le reitero mi agradecimiento. Pero no hace falta que abra la boca para darme ánimos. ¿Ánima es sinónimo de alma, verdad?
-...
-Supongo que ha asentido.
-Sí, he asentido.
-Ánima. Bonita palabra.
-...
-Cuando tenía diez años, rompí una botella de cristal en la habitación de mi madre. No en la habitación de mis padres, sino en la que utilizaba mi madre para estar, para ella, para nada. La botella era enorme, de cinco litros, no sé. Estaba llena de aceite. Yo me entretenía haciéndola rodar. Llegué rodando hasta los pies de mi madre, que leía sentada en su silloncito. Allí la botella se rompió. Ninguna otra madre  hubiera retirado los cuatro o cinco grandes trozos de cristal en que se había convertido la botella y, tumbándose sobre el suelo aceitado, me hubiese invitado con una sonrisa a tumbarme junto a ella. Nos embadurnamos, nos pintamos de aceite, chapoteamos. Dejamos su habitación hecha una birria. Fue precioso.
-Nunca... ¿por qué no contó esto en sus memorias?
-Porque si lo hubiera hecho, este momento ya no sería un regalo para usted.
-...
-No llore, joven. Y busque a la enfermera de hierro. 
-Tranquila...
-Estoy tranquila.
-¿Quiere que llame a su secretaria?
-No hace falta. Ella sabe todo lo que debe saber. Y usted debería saber que el matrimonio de mi secretaria no funciona. Él es un buen hombre. Pero sólo es eso. Usted sabrá lo que debe hacer. Ahora llame a la enfermera, ande.
-Sí, tranquila.
-Nunca lo estuve tanto. Pero llámela. Quiero que sea la primera en este hospital en saber que ya no volveré a hacer películas.
-...
-Ni nada.

martes, 16 de marzo de 2010

-¿Íntima?

-¿Qué tenemos?
-¿Además de la última entrada?
-Sí, además de la entrada póstuma de su diario personal.
-El mensaje en el buzón telefónico.
¿Cuál, el que le dejaron o el que dejó?
-Tenemos los dos. Sólo que el que le dejaron era banal, un recordatorio de algo que debía comprar. Cereales, creo recordar.
-Bien.
-Las dos fotos hechas trocitos.
-Conocía la del marco, los cristales rotos, el pedazo que contenía el ojo y el hombro de ella en la taza del váter.
-Ésa y otra más pequeña, en color, de una Polaroid, más íntima.
-¿Íntima?
-Sí, ya sabes, íntima es la nomenclatura que adoptan las fotos porno cuando son hechas para uso y disfrute de la pareja.
-Ya.
-Cuando no nacen con ambición comercial.
-Sí, vale, ya te entendí.
-...
-¿Y en su blog encontraron algo?
-Nada. Hacía meses que no colgaba nada.
-Colgar, vaya verbo.
-¿Eh?, sí.
-¿Algo más?
-El cuchillo, claro.
-La sangre y las huellas en el cuchillo. Las gotitas sobre la alfombra.
-Nada más.
-Pues...
-Está claro. No hay caso.
-¡No hables como un poli, joder!
-...
-¡Hostias!
-...
-Como un fiscal de esos de las series.
-...

miércoles, 10 de marzo de 2010

-Elige.

-¿Cuánto me faltaba, por aquél entonces, para convertirme en un viejo gloria?
-Demasiado lúmpen para ser un lúmpen.
-Antes de hacer el amor contigo, había hecho el amor contigo con otras.
-Le gusta cuando quien la masturba es su lado masculino.
-Cada minuto que pasa va siendo hora de algo, pensó Bloch.
-Me había sobrevivido con elegancia.
-Desde aquí arriba todo se ve como si la eternidad fuera a diluirse de un momento a otro.
-La segunda ronda la pagó el inventor de la angustia de los domingos por la tarde.
-Antes de abrir la puerta pensó en ella pensando en el anuncio del laxante.
-¿Ya, no?
-No, van nueve, falta una.
-...
-Yo. Dejó los cubiertos sobre el plato como quien abandona definitivamente la esperanza a la que se mantuviera asido durante todo el primer plato.
-Bien.
-Elige.
-...
-¿Elijo yo?
-No.
-Mejor. No sé a qué tipo de historia le estás dando vueltas.
-Yo tampoco lo sé.
-Entonces elije una de mis frases. Y empieza.

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