miércoles, 25 de agosto de 2010

-No ha habido nada genital.

-Tengo fundadas sospechas de que te he sido infiel.
-...
-No sabía si decírtelo cuando estuvieras presente o esperar a quedarme sola.
-Recuerdas el pacto, supongo.
-Por eso no sabía si decírtelo o sólo decírmelo.
-Creo que has hecho ambas cosas. No me extraña: las infieles pueden hacer dos cosas a la vez.
-No es seguro.
-Es seguro: las infieles podéis hacer dos cosas a la vez.
-Quiero decir que comencé diciendo que se trata de sospechas. Fundadas, pero sospechas.
-...
-No ha habido nada genital.
-Aún.
-No me lo pongas más difícil.
-No te arranques por carne o pensamiento, por favor. Que ya somos mayorcitos.
-No lo sé, te lo juro. No sé si lo he sido. Si lo que he hecho, si lo que hago, es haberte sido o serte infiel.
-¿Me escuchas cuando te hablo? Acabo de decirte que no te adolescentices.
-Sé que hasta ahora ambos lo teníamos claro. Que no necesitábamos descripciones, dilucidaciones, sellar papeles sentenciosos. Sabíamos qué es una infidelidad. Qué era. Pero es que nunca habíamos sido infieles.
-Yo sigo sin serlo.
-Pues yo estoy atrapada en una contradicción nueva. Inédita. Tal vez pedirte ayuda sea demasiado, pero a quién he de pedírsela si no es a ti.
-¿Con quién me has sido infiel?
-¿Eso es un sí, puedes contar conmigo?
-Eso es un vete a la mierda pero antes dime a qué despecho debo atenerme.
-El informático. 
-¿Quién?
-El inf
-Después de esto ya no te esfuerces por superar tu vulgaridad.
-No importa lo que pienses de mí, sino lo que sientas ante mi posible infidelidad.
-Está todo dicho, hecho y pensado, no me pidas que, además, enmarque este evento para tenerlo encuadradito, definirte bien los contornos y así poder debatir dejando fuera lo que debe quedar fuera, juzgarte en el marco legal en el que nos damos por contenidos, y, finalmente, exculparte antes de ponernos a preparar la cena.
-Necesito hacer exacatamente eso.
-Voy al baño.
-No, por favor, no te encierres a pensar.
-No me escuchas. Está todo pensado. Lo estuvo desde siempre entre tú y yo. Desde el pacto. ¿Recuerdas el pacto?
-Claro, yo tambien lo suscribí.
-Y ese imbécil te formateó la traición.
-Abre la puerta, por favor.
-...
-Tú mismo me lo dijiste, citando a Woody Allen, ¿recuerdas?
-...
-Dijiste que él dijo que el de la infidelidad era un problema irresoluble.
-...
-O el de la fidelidad. Bien visto da igual.
-...
-Por favor te lo
-Me voy. Ahora decide de quién es este lugar qué haces con los recuerdos a quién llamas para llorárselo por teléfono esta foto sí esta foto no mientras te chupas lloriqueante un mechoncito de pelo como si fueras tu hija de trece años.
-No, por favor. No me hables sin comas. Sabes que me destrozas el corazón cuando lo haces.
-Y te lo advierto: no te equivoques con los libros. No te hagas la idiota. No toques mis Cheever.
-No quiero nada. Sólo saber lo que he hecho.
-Llama al servicio técnico, gilipollas.
-No te vayas...
-...
-Vuelve.
-...
-Tenemos que hablar de lo que tal vez no hice.
-...

lunes, 16 de agosto de 2010

¿Desde cuándo?

-La vida ya no es la misma.
-¿Desde cuándo? 
-Desde ayer. O desde mañana. La vida, desde siempre, ya no es la misma.
-Estas primeras palabras me hacen pensar que no sabes muy bien qué pensar. 
-No sé muy bien qué volver a pensar. Si volver a pensar lo que pensaba antes de irme. O volver a pensar lo que pensaba antes de volver.
-Los juegos de palabras no se te dan mal. Ahora, lo que es pensar...
-Con juegos de palabras y puntos suspensivos puedo crear una cosmología. O una cosmogonía. O una cosmoagonía.
-No te digo yo que no.
-No, te digo yo que no.
-Juegos de palabras, puntos suspensivos y comas.
-Y dudas. Que sin dudas uno no va a ninguna parte. Ni se queda en ningún sitio.
-Sin dudas uno no sabe qué hacer.
-Me lo has quitado de la boca.
-Pues te lo vuelvo a poner.
-Ella convertía ese chiste en algo sexual.
-¿Desde cuándo?
-Desde ayer. O desde mañana. La vida sin ella, desde siempre, ya no es la misma.
-¿Y la vida con ella?
-No me hagas pensar.
-Estás sufriendo lo que los científicos llaman Mal de mar.
-Entonces no me hagas pensar que se me da mar.

martes, 27 de julio de 2010

-Ella no entendió nada.

-Acostemos nuestra distancia, le dije.
-Acortemos, querrás decir.
-Eso mismo creyó corregirme ella.
-Ah, quisiste decir y dijiste acostemos.
-Y, acto seguido, cámara fotográfica en mano quise decirle y le dije: inmoralicemos este momento.
-Y ella volvió a corregirte.
-Ahí supe que lo nuestro era imposible.
-Pero no se lo dijiste.
-Me quedé en silencio y me quedé. Hicimos fotos y el amor.
-Y después del cigarillo de despúes...
-Me corregí y pensé y le dije que donde antes yo había pensado imposible, en realidad había querido pensar posible.
-Ella no entendió nada.
-Creo que no. Porque se quedó haciendo fotos y el amor.
-No hay quien entienda a las palabras.
-Quisiste decir a las mujeres y dijiste a las palabras.
-Quise decir que no hay quien entienda.

lunes, 19 de julio de 2010

-Un bolero, por definición muerto en vida, muere en vida.

-Un fotógrafo que nunca ha hecho una fotografía en color. Tiene noventa años. La última foto la tiró hace cuarenta y cinco. Retrospectiva de su obra. ¿Qué podré exponer de mí en una retrospectiva de mi obra?
-Un septuagenario y consagradísimo director de cine es absuelto de un crimen que cometió. La víctima ya no es una niña y perdona. Hollywood les ruega una película autobiográfica. A ambos.
-Penes con alzacuellos se pronuncian acerca de la vida y la muerte. Ninguna de ellas propia.
-Un bolero, por definición muerto en vida, muere en vida.
-Un hombre sonríe descreído ante el logro profesional de su vida. Tiene un hijo con síndrome de Down. La edad de su hijo y la de su relativismo es la misma.
-El recorrido por la cinta de Moebius encontró un camino alternativo. Por el que se llega a alguna parte. Decepción en el mundo científico.
-Verdugos velando piedras en Irán. ¿No hay verdugas, como hay polis o seguratas femeninas para palpar de armas a sospechosas femeninas de haber cometido adulterio o robado braguitas del Zara de Teherán?
-Pero nada decía el diario de hoy de este eclipse de mal.

viernes, 9 de julio de 2010

-La sucedánea de vos.

-La "O" de tu boca ya sabes cuando.
-Los dos puntos suspensivos de tus pezones.
-La copa que Venus me ofrece en tu monte.
-Las veinte teclas de tus dedos.
-Las diez teclas golfas de los dedos de tus manos.
-Las manos blancas tiñéndose de mi sudor hirviendo por tu lascivia.
-La intermitencia de tus pestañas, de tus ojos, de tus pestañas, de tus ojos.
-La fragante babosa emergiendo de la cueva de tu boca.
-La alhaja que es tu braguita convertida en desecho reciclable.
-La próxima vez que te la vuelves a poner.
-La espalda que me das para que me la quede.
-La sucedánea de vos.
-La desinteresada marea conque pasas las hojas del suplemento semanal del diario, al tiempo que las amarilleadas hojas de mi pasado.

lunes, 5 de julio de 2010

-Martes.

-¿Qué va a ser?
-A beber, querrá decir.
-Como prefiera.
-Prefiero beber.
-¿Que va a beber?
-Ginebra.
-¿Sola?
-Ginebra sola. Sin nada alrededor.
-...
-¿Qué día es hoy?
-Martes.
-Claro.
-...
-Aquí tiene.
-El martes solo existe. Nada más. No tiene cualidades ni deméritos.
-...
-Ella lo tenía todo. Es decir, le faltaba todo. Tenía al poeta sensible y al potentado prosaico. El chalet con vistas a edén y el confesionario en ruinas en la gruta ignota. Puta monegasca y princesa vallecana. Cuando quiso cambiar el suelo de la cocina, le cambié también el sustrato que la sustentaba. Tuvo su vestidor. Vacío. Y su desvestidor. Atestado de ropa y zapatos. Acerté tan certeramente que erré por completo. 
-Las mujeres, ya se sabe.
-Abren franquicias de la casa madre. Como esa rubia de ahí.
-La rubia es habitué.
-¿Así las llamáis ahora?
-...
-Esta ginebra no es lo suficientemente mala.
-Tenemos la peor de todas. Pero es para paladares ex exquisitos.
-Esa línea de diálogo era mía.
-...
-La peor quina de todas sólo la conozco yo. Y no la comercializo.
-Tenemos el mejor de los sucedáneos, entonces.
-Vacíela para mí.
-...
-...
-Y ahora qué.
-Ahora es martes. Todo el puto día.

sábado, 19 de junio de 2010

-Que quede entre nosotros.

-Sé que anduviste diciendo cosas de mí a mis espaldas.
-Pero dije cosas a tus espaldas de tu espalda.
-Esas cosas no se le cuentan a una amiga. A una amiga mía.
-Sabes que cuando hablo de tu espalda me desboco.
-Pues deberías mantener la boca cerrada.
-He cuidado el tono.
-No lo suficiente, a juzgar por el efecto que has causado en Paula.
-Es una chica muy excitable.
-No has estado precisamente sutil y poético.
-Me gusta hablar de tu
-No a mi amiga. Sabes cómo se pone. Y por eso lo haces.
-No hay intencionalidad. También le hablo a mis amigos de tu culo.
-Tampoco a tus amigos.
-Las fotos no se las he enseñado a nadie.
-¿Pretendes que te agradezca ese gesto de contención?
-No tienes nada que agradecerme.
-Me gusta que te guste. Lo sabes. Me gusta que te guste más a ti que a mí. Que finjas no apreciar su imperfección.
-Precisamente es lo que lo hace perfecto.
-Gracias, pero
-Es inspirador.
-Ya lo creo. A Paula le inspiras fiebre. No me gusta.
-Bueno, todo el mundo ha leído los poemas.
-Es otra cosa.
-Un reguerito de pelusa casi albina recorre el envés de su cuerpo.
-Sí, y también:  Hay un oráculo dentro de túculo. Inspirador. Ya te lo dije. Hay muchas formas de cantarle a las formas de tu culo.
-De mi espalda.
-Sí, sí, eso, de tu espalda. De toda ella.
-...
-Tooodo él.
-Que quede entre nosotros.
-Vale. Él entre tú y yo.
-¿Lo prometes?
-Prometo dejar de darle tu espalda a todo el mundo.

jueves, 10 de junio de 2010

... (3)

-Para colmo de males, papá muere diariamente. Hay un ratito cada día durante el que mi hijo peligra y no deja de hacerlo hasta que oigo su voz.  Un recuerdo podrido pudre a los demás. Hay una cara que le chorrea por los pechos abajo. Ya no podré marcar ese gol aquella épica tarde que me inscribió en una historia finalmente de otro jugador glorioso que no soy yo. Las campanas de las iglesias del barrio tocando a desvelo. Hay un minuto que no deja de repiquetear cráneo adentro durante horas.  Habrá un amigo que ya no lo es, durmiendo a pierna suelta. Hay la certeza de que ya no podré.  Esta tristeza que tiene razones que mi melancolía no sabe cómo llorarle.
-...
-Para colmo de males, el ring del teléfono astilla nuestra madrugada.

viernes, 4 de junio de 2010

-¿Tú le darías pasta a un tipo que te cuenta que quiere contar eso?

-Creo que todo es inexplicable.
-Y aun así...
-Lo que podemos explicar no nos lleva a la médula. Nos quedamos en la cáscara, en el envase. Tenemos la ilusión de que el envoltorio dice lo entrañable del contenido. Bien lo saben los publicistas. Bien lo creen saber.
-¿Has dormido bien?
-Recuerdo un texto de Ángel Fernández Santos. Hablaba de la imposibilidad de explicar el alma de algo. El sentido nuclear -en ese caso, y por extensión en otros casos, otras artes- del mensaje de una película. Nos pedía que nos pusiéramos en el lugar de Nanni Moretti intentando contarle al posible futuro productor -el tío que tiene que poner la pasta- de qué va, o iría, su película Caro Diario. ¿Cómo decir de qué va lo que quiere rodar?
-Va de un tipo que recorre Roma en su motito.
-¿Tú le darías pasta a un tipo que te cuenta que quiere contar eso?
-No.
-Pero esa maravillosa película va de un tipo que recorre Roma en su Vespa. La peli no es eso, siendo también eso. Explicar la trama -con todo detalle, explicarla plano por plano, línea de diálogo por línea de diálogo- no dice nada de la película, nada que esté por debajo de lo evidente. Nada de eso, por muy puntilloso que seas, por muy claras que dejes las cosas, te acerca al alma de una historia. También leí a Vila-Matas hablando de la pereza que le da explicar de qué van sus novelas. Puede decir mil cosas diferentes acerca de sus historias. Decir a veces una cosa y otras, otra, referidas al mismo texto. Es inútil. Porque es inexplicable.
-¿Entonces?
-Entonces explicar la trama es no explicar nada.
-Pero habrá que alcanzar la esencia llegando por algún camino.
-Por alguno y por ninguno. Por muchos y por ninguno. Por ninguno y por ninguno.
-¿Has dormido bien?
-¿De qué va la vida? ¿De qué va el amor? ¿De qué va la muerte?
-Va de un tipo que recorre Roma en Vespa.
-Tú sí que lo tienes claro.
-Clarísimo.
-Antes de dejar que vayas al gimnasio, quiero decirte que puedes conocerte el plano del metro de memoria, pero si no has bajado nunca al metro, no tienes ni puñetera idea de lo que es el metro. El plano no explica al metro.
-...
-Para escribir guiones para la tele no hace falta que hayas bajado ni una sola vez al metro.
-Para trabajar en el metro no hace falta que sepas idear tramas.
-Anda, que llegas tarde a la Operación Biquini.

martes, 1 de junio de 2010

-No podría abandonarte en el pasado.

-¿Nos volveremos a ver?
-¿Por qué me haces esa pregunta tan ridícula?
-Porque uno puede decir hasta luego y no volverse a ver jamás.
-Sólo me voy a vivir a Londres.
-Si para vivir necesitas irte cualquier lugar es demasiado lejos.
-Eres mi hermana. Vendrás a verme. Volveré a verte.
-Ya odiaba a las inglesas, imagínate ahora.
-Mary es mi salvación.
-Mi salvación era poder salvarte.
-Ya no tienes que hacerlo.
-No me consuela. Contigo no quiero tener deudas que jamás podré saldar.
-Por favor. No me debes nada. Tú eres la única que no me debe nada.
-También odio a papá.
-A él se le pasará. Se le pasará porque el tiempo pasa a favor del amor. Vendrá o vendré y todos nos perdonaremos nuestras deudas.
-¿Eso es de ella?
-No, Mary no escribe tan cursi.
-Una escritora. Una escritora inglesa.
-Sí, quién me lo iba a decir. 
-...
-...
-Júrame que no te acostumbrarás a vivir con el recuerdo de todo lo que fuimos. De lo que fuimos juntas. Tú y yo.
-No podría abandonarte en el pasado.
-Es que es un lugar cómodo para dejarme, muy accesible. Y tú eres muy vaga. Siempre estaré allí. Puedes visitarme sin moverte. Llorar sin que nadie te vea. Lo entendería. Una puede acostumbrarse fácilmente a eso.
-Nunca me acostumbraré a llorar sin que me veas.
-Júrame que tampoco yo me acostumbraré a vivir sin ti.
-Te lo juro.
-Vuelve a jurármelo.
-Te lo juro, hermanita.

viernes, 28 de mayo de 2010

-... (2)

-¿A qué va uno a la tumba de su padre? ¿A decirle qué? ¿Por qué va a decírselo ahí? ¿Qué tiene que decir una lápida que no esté ya escrito en ella? ¿Quién recibe las flores además del invierno? Está en el poema de entonces y no me desdigo. Ése -el cadáver- ya no es mi padre. Está en otra parte. No está ahí, en ese lugar en el que reside desde su muerte. Papá no está enterrado. No está en su tumba. Papá no ha muerto en todos los sentidos.
-...
-Sólo en uno.

miércoles, 26 de mayo de 2010

-Un hombre dejado de lado.

-Una mujer muy amada.
-Una mujer amada por muchos.
-Una mujer muy amada por muchos.
-Una mujer muchas veces muy amada por sí misma.
-Una mujer si muchos la amaron.
-Una mujer si nadie la amó.
-Una mujer virgen.
-Una mujer muy virgen.
-Una mujer virgen de muchos hombres.
-Una mujer virgen de sí misma.
-Una mujer virgen de quien la amó.
-Un hombre dejándose amar.
-Un hombre dejándose de amar.
-Un hombre dejado de amar.
-Un hombre dejado de amarse.
-Un hombre de amor dejado.
-Un hombre dejado de lado.
-Un hijo querido por sus padres.
-Un hijo querido por sus madres.
-Un hijo querido por sus hermanos.
-Un hijo único querido por sus hermanos.
-Un hijo querido por sus amados juguetes.
-Una familia como tantas.
-Una familia como pocas.
-Una familia como todas.
-Una familia como la mía.
-Una familia como las mías.
-Una familia como la que me temía.
-Una familia como la que me temió.
-Una familia como la que temo.
-Una familia como la que no tuve.
-Una perrita que los sobrevivió a todos.
-Paradójicamente, la única que no sale en la foto.

lunes, 24 de mayo de 2010

-¿El cuento o el amor?

-A las tres de la mañana. A orillas del Sena. Con un diamante en la mano y un cúter en el bolsillo. Por una ventana entré en el Museo de Arte Moderno de Paris.  (A orillas del Sena es improbable -el más difícil aún- entrar en un museo situado en otra ciudad que no sea París). Me llevé un Picasso y un Monet.  Necesariamente pequeños, para huir cómodamente con ellos enrollados bajo el brazo. Quedaron algunas imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de ambos yéndose conmigo. Llevaba la cara tapada. Salí por la misma ventana por la que había entrado. Fuera me esperaba ella con el coche en marcha. Vivimos cerca del museo. Llegamos enseguida a casa. A mí no me gusta demasiado el champán- tampoco me gusta demasiado escribir champán en vez de champagne- pero soy respetuoso de los rituales. Y tal y como hicimos en ocasión del robo del Rothko en aquella exposición temporal en Roma; y después del paseo por Cuenca, de donde volvimos con Zobel en la maleta, descorché la botella. Los vecinos perspicaces -no sé si tenemos de esos- supieron tal vez  que acabábamos de ampliar nuestra pinacoteca. Luego hicimos el amor circundados por la belleza del genio de nuestros pintores. Acabamos hablando de la posibilidad de cambiar de piso. Sin alejarnos de las orillas del Sena, que son las orillas que más nos gustan. Son planes sin demasiado énfasis. Quizás algún día. Ella quería dormir. Mañana tiene que levantarse temprano. Le gustan sus clases de historia del arte. A sus alumnos también le gustan. A mí, menos. En concreto me fastidia la clase de mañana. A ella se le irá hablando con sus alumnos del robo de anoche. A mí, soportando la visita de mi madre. Al ver la noticia en la prensa, volverá a intentar, vanamente, convencerme de que me dedique a otra cosa. A algo que dé dinero.
-Me gusta. Demasiado ligero tal vez, pero me gusta.
-¿Ligero? Cuando no lo soy me llamas pretencioso.
-No seas tonto. Me ha encantado.
-¿El cuento o el amor?
-...
-Tú tampoco has estado nada mal.
-Me gusta no tomar pastillas para dormir. 
-A mí me encanta ser tu macho-somnífero.
-Hasta mañana.
-¿No puedes llamar y decir que te encuentras mal?
-Es tu madre. Debes aprender a sobrellevarla solo.


jueves, 20 de mayo de 2010

-A mí me resulta muy difícil distinguir la buena de la mala poesía.

Aun negados por la razón, los fantasmas se niegan a morir.
Alejandro Dolina.

Cuando oscurece siempre necesitas a alguien.
Enrique Vila-Matas.

-Qué sencillo resulta escribir mala poesía.
 -¿Lo dices por experiencia?
-Claro. Y no sólo por experiencia propia.
-...
-En realidad, cuando llegó ya estaba. Y cuando desapareció se quedó para siempre.
-Tenía cualidades que no son de este mundo.
-Ni de aquél.
-Pudiste desentrañarla pero su condición etérea lo hizo del todo imposible. ¿A que sí?
-La gran paradoja de los fantasmas: te enseñan el tangible túnel que conduce a sus entrañas, y cuando pareces convencido de que la has convencido, el túnel se vuelve humo, y te quedas mirando la voluta hasta que se desvanece. Más o menos al mismo ritmo decadente de tu erección.
-De frente parecen una aparición. Cuando se vuelven se convierten en perdición.
-Los fantasmas son la perdición de los mortales.
-A mí me resulta muy difícil distinguir la buena de la mala poesía.
-Con los fantasmas ocurre lo mismo.
-¿Lo crees realmente?
-No lo sé, pero me gustaba terminar así. Dejando constancia de que cuando oscurece siempre necesitas a alguien. Aunque sea un fantasma.
-Aunque sea un fantasma en vida.


viernes, 14 de mayo de 2010

-¿Qué pasa? Hay muchas literaturas y todas están en este menda.

-Me gustan las mujeres que no se preocupan por evidenciar sus encantos. Las que van como desafectadas de sí mismas. Las que no miran su reflejo al pasar frente a los escaparates. Me gustan las que no te dejan más opción que imaginártelas desnudas. Y no consigues hacerlo. Las no evidentes. Las invidentes de su mismidad. Las que te ciegan con todo lo que desconoces de ellas. No me gustan las adolescentes que no han conseguido superar su adolescencia. Hay pocas.
-Eso se lo pueden permitir las que están buenas.
-Joder.
-¿Qué pasa? Hay muchas literaturas y todas están en este menda.
-La elegancia es una condición de algunas almas. De algunos huesos. Esas mujeres de las que te hablo no son las buenas. Esas son las mejores.
-¿Y los hombres?
-También me gustan los que no se preocupan por evidenciar sus encantos.
-Ahora sí que nos ha quedado una entrada de mierda políticamente correcta.
-¿Tú crees?
 

martes, 11 de mayo de 2010

-Un sentido pésame.

-Todos tenemos nuestro trineo. Y aunque no hayas pensado en él durante los últimos cuarenta años de tu vida, lo tendrás en tu cabeza durante los últimos cuarenta segundos de tu vida.
-Un trineo, además. Un artilugio para deslizarse sobre la nieve. Sobre las nieves.
-¿Cuál será el último pensamiento? Hay que pensárselo bien. 
-Pensaré en el montoncito de su ropa.
-Pensaré en su desnudo al lado del montoncito.
-Pensaré una sensación sugerida por el montoncito, por ella sin ropa, por el color que hila la distancia que hay, que hubo, entre su ropa y su carne.
-Tal vez, sólo pienses en esa mancha de humedad en el techo de la habitación del hospital. Ni tan siquiera preocupado por encontrarle una forma. Una mancha con forma de mancha sin forma. Un último pensamiento banal. Intrascendente antes de trascender a la eternidad.
-El recorrido de los desechos violáceos de tu cuerpo atravesando la cánula hasta el frasco de cristal.
-Después de esta charla, tal vez ambos tengamos presente que el pensamiento final deberá tener un sentido.
-Un sentido pésame.
-Un postrer chiste malo para despedirse. Un juego de palabras.
-¿Pensaré una palabra? La forma de una palabra, quiero decir. Sólo el significante. La escritura. El trazo. ¿La palabra Adiós?
-¿La palabra Hola?
-Pensar en la fortuna incomprensible de compartir esta última habitación.
-Contigo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

-...

-Ahora que lo pienso -antes no lo pensaba, de haberlo hecho jamás me hubiera adentrado en ella- la calle no existía. Y lo digo sabiendo que sigue estando allí, a unos cien metros de mi antigua casa de Buenos Aires. Tal vez el único irreal o inconcreto fuera el tramo oscuro. Negro. Me atraía  ser atravesado  por el miedo de atravesarla. Ese trecho también sigue estando donde estaba. Aquí, en este cuadrante del mapa de mi infancia. No sé si ahora está mejor iluminada que entonces (el progreso ilumina demasiado). En cualquier caso, a pesar de las pruebas en contrario, no existe la calle que me daba miedo. La que me llamaba desde el agujero de tiempo que había en la esquina opuesta. Podía llegar a mi casa por otro camino. El buen camino. Pero no me gustaría Bradbury si eludiera mi calle del miedo. Ni Zobel. Ni Rothko. Ni Cheever. Ni las malas mujeres que han sabido odiarme como dios sugiere. Ni mi amigo Pablo. Ni mi enemigo Roberto Villar. Ni Vila-Matas. Ni Lobo Antunes. Ni las películas que me hicieron llorar. Ni Woody Allen. Ni Drácula. Tendría que buscar en google referencias de un escritor llamado Borges, de un jugador apellidado Pelusa -como mi perrita, sacrificada con una inyección-. Mis lagunas formativas se hubieran llenado hasta el borde si hubiese pasado más veces por mi neblinosa calle. Si hubiera renunciado a mi hogar con mayor frecuencia canalla. Si no hubiese tardado tanto en confrontarme al miedoso futuro que me acercaba o alejaba de mi casa. Atravesaba la calle con la cabeza oculta bajo mis lloradas sábanas. Mordiendo las puntas de las solapas de mi pijama. Pisando desdeñoso las cucurachas que me quitinaron la infancia. ¿Quién, Kafka?, me preguntaría. Si yo no me hubiera metido en esa calle nocturna, ¿cón quién estaría ahora Carmen? Cuántos pasadizos habrían quedado sin penetrar de no haberla penetrado mirando sólo el paso siguiente. Cuántos de los rencores que acumulo en la recámara no habrían sido recolectados jamás. ¿Alguien cree que ella y yo habríamos conocido Praga si no le hubiese echado aterrorizados cojones a mi calle? Si a mí no me hubiera gustado y no gustado pero aún así gustado entrar y salir una y otra vez de la noche de la calle Deán Fúnes en el tramo que va -según consta en el catrastro- de la avenida Belgrano a la calle Venezuela, me hubiese ocurrido otra vida. Una vida contada por un cobarde que de niño, de adolescente, de mayor, prefería caminar por aceras luminosas. Sin mi calle yo no sería el hijo y el padre de Miguel. 
-...
-Si mi calle existiera yo no existiría.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Tuya?

-Compartimos una mujer.
-...
-Y eso desune lo suficiente. Primero fue suya. Luego, mía. Pero dejó de ser mía. Y después de un tiempo de no ser ni suya ni mía, volvió a ser suya.
-¿Por qué me cuentas eso?
-Porque eres mi mujer y no quiero que me vuelva a pasar.
-¿Tuya?
-Ya me entiendes.

jueves, 29 de abril de 2010

-Sufrir pero poquito.

-Venero mis referencias. Sobre todo las que me señalan el inequívoco camino que lleva al precipicio bonachón, de no más de medio metro de caída.
-Sufrir pero poquito.
-Respeto mis influencias. Aunque su rastro sea inapreciable en el rastro que dejo. Me someto a los maestros. Claudico ante mis grandes. Me postro ante mis muertos. Les rezo para que me ayuden a pasar de ellos.
-No hay nada como tener un lugar de trabajo cómodo, soleado, aireado, y minado de tumbas queridas.
-Adoro aquella foto en blanco y negro de la cama vacía o, lo que viene a no ser lo mismo, aquella foto transparente de tu ausencia, o de tu ausencia transparente, es decir: visible pero no carnal.
-¡Llorón!
-Muero por recordar aquel recuerdo que de tan olvidado en la punta de la lengua se ha hecho lengua.
-Acabo de llamarte llorón y tú...
-...
-El autor acaba de tragar saliva.

martes, 27 de abril de 2010

-Eso es de Pessoa.

-Ya no es la que era.
-No, ahora es la que fue.
-Ya no es mía.
-Es nueva para otro.
-Ya no es cruel conmigo.
-Tal vez sea ahora la amorosa moza que sonroja la vergüenza de otro menos inocente que tú.
-Ya no volverá a no quererme.
-Es el futuro adiós de otro que la cree suya.
-Ya no me sonríe desde el extremo de mi rigidez.
-No. Ahora se le llena la boca de otro hombre.
-Ya no lloro por ella.
-Ahora lloras por el que le llora las gracias.
-Ya no puedo más que no morir con ella.
-Hay gente con suerte. Y no eres tú.
-Ya no soy yo.
-Pero alégrate: ayer fuiste la víspera de la fugaz felicidad de otro.
-¿Por qué para ser feliz hace falta no saberlo?
-Eso es de Pessoa.
-Déjame en paz.
-Lo mejor de cuanto decimos ya lo ha dicho otro.
-...
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