lunes, 30 de mayo de 2011

-Otra frase hecha.

-Seguramente antes de hacerlo pensó que la expresión acabar con su vida, era la apropiada para jugar antes de acabar con su vida.
-Le gustaba mucho desentrañar, o entrañar a su modo, las frases hechas.
-Quienes no le conocían decían que era un tipo solidario.
-Otra frase hecha.
-Creo que era un tipo solitario porque estaba rodeado de amigos solitarios que, como él, preferían no juntarse con nadie.
-Era más reconocido que famoso.
-Él no había aspirado a ser ninguna de esas cosas.
-Tal vez ese fracaso. Tal vez algún otro. Tal vez su exitoso modo de triunfar como perdedor. 
-Cualquiera sabe por qué alguien acaba con su vida o la de otro.
-La gente mata por razones sólidas: Raymond Chandler, creo.
-Y se mata.
-Ella cree que un día de estos dará con las razones que -ahí va otra frase hecha- lo empujaron hacia el precipicio.
-Lo vió aquella noche. Ella salía del restaurante, a las dos de la mañana, después de su jueves de trabajo. Ya era viernes, entonces. Él iría pensando que lloviznara en la ciudad que lloviznara, llamaba a esa lluvia garúa. Así en Praga como en Buenos Aires. Él no caminaba pegado a la pared, resguardándose bajo los salientes de las casas, las cornisas, los balcones. Bueno, llevaba su sombrero, claro, pero nunca lo concibió a éste como paraguas. Tampoco caminaba deprisa. Ni disfrutaba de la llovizna. Más bien le gustaba padecerla plácidamente. Todo lo contrario que ella. Él iba y ella venía. Y viceversa, claro. 
-Sabes como es.
-Sí, tal vez no sea verdad que él la mirara de reojo durante ese microsegundo que duró el cruce.
-Pero seguro que ella sí que lo miró.
-Y supo que era él. Por eso frenó en seco y se volvió, y por un instante se olvidó de la noche, del agua y del pasado que acababa de pasar junto a ella. 
-Y ella junto a él, claro.
-La noticia del día siguiente disparó la mitificación del momento. 
-Del genio.
-Del sabio.
-No sé si quiero verla, escuchar su teoría.
-Yo también prefiero leer el cuento que no tardará en escribir, que escucharla contar la experiencia que volcará en el cuento.
-Hay gente que es mejor por escrito.
-¿También lo dices por él?
-No lo sé.
-...
-No he dicho eso de pérdida irreparable en ningún momento.
-A mí también me ha costado bastante contenerme.

viernes, 20 de mayo de 2011

-A probar el agua.

-Si lloviera aquí dentro.
-Te pediría que te quedes.
-A probar el agua.
-Que dejaría la lluvia.
-Sólo tu lengua podría pasar.
-Sólo podrías pasar tu lengua.
-Pero tu excusa para no lamer.
-Es que aquí dentro ya no nos llueve.
-La escasez de goteras.
-Acabará con nuestro amor.
-Y con mis secas promesas de siempre.

miércoles, 11 de mayo de 2011

-Yo no estaba allí cuando me amaste.

-Yo no estaba allí cuando me amaste.
-Vos no estabas allí cuando gasté mi sueldo en flores.
-Yo no estaba allí cuando perdí tu virginidad.
-Vos no estabas allí cuando te olvidé en el cine.
-Yo no estaba allí cuando pagué la cuenta.
-Vos no estabas allí cuando estaban las otras.
-Yo no estaba allí cuando posaste para mí.
-Vos no estabas allí cuando batí el récord dentro de vos.
-Yo no estaba allí cuando llegaste al final.
-Vos no estabas allí cuando me sorprendiste con tu hermana.
-Yo no estaba allí cuando el dinosaurio se quedó dormido.
-Vos no estabas allí cuando fingí no verte allí.
-Yo no estaba allí cuando por fin abriste tu entrada entrecerrada.
-Vos no estabas allí cuando supiste que eras mi ventrílocua.
-Yo no estaba allí cuando caí en tu caída de ojos.
-Vos no estabas allí cuando pasó el último tren.
-Yo no estaba allí cuando me perdí lo mejor.
-Vos no estabas allí cuando volví a decirte adiós para siempre amor mío.

viernes, 6 de mayo de 2011

-Qué pieles tan blancas.

-Ya lo ve. Una de ellas tumbada sobre la cama. La otra, sobre el sillón. Ambas impúdicamente muertas, semi desnudas o semi vestidas. Las dos con la tendencia congelada de hacerse una con la moqueta. Completamente elegantes. Muertas en blanco y negro. La de la cama en negro. La del sillón en blanco. Poco rojo. Sólo -perdón por la cursilería algunas veces leída, pero no me resisto a decirlo así- pequeñas flores rojas abriéndose a la altura de sus corazones. Y esas leves guardas rojizas en las paredes.
-¿Arma blanca?
-Blanca y negra, ya se lo dije.
-¿Sabemos algo del móvil?
-El de la dama de negro sonaba cuando llegué. El de la de blanco, puede verlo aún, apresado en su mano. 
-El gerente dice que las cámaras del hotel han atrapado al asesino.
-Sólo falta discernir entre los cientos de abrigos de solapas levantadas, gafas negras, sombreros.
-Por algún sitio habrá que empezar.
-Empiece usted. Yo me quedo en esta habitación hasta que llegue el juez. Con ellas. Esperando que la seda siga su curso. Tengo todas mis esperanzas puestas en los cuellos de sus blusas. Deslizándose camino de su perdición perdida.
-Qué pieles tan blancas.
-...
-Lo dejo solo, entonces.
-Me deja usted en la mejor de las compañías.

martes, 3 de mayo de 2011

-Poseo todo lo que carezco.

-Me pegaré un tiro.
-Teniendo sumo cuidado en hacerlo de tal modo que yo pueda venir a despegarlo cuando quiera.
-Poseo todo lo que carezco.
-El diablito y el angelito se dicen cosas hirientes de la boca para afuera cuando los encuadran las cámaras de Teleconciencia.
-Pero cuando se apagan las luces, cuando cae la bruma adormidera, cuando sueño, se besan, se acarician, y se hacen muy bien el mal y muy mal el bien mutuamente.
-Somos incondicionales de las condiciones.
-Un matrimonio en toda regla, mi amor.
-Cuando hago el amor no pienso en mis lectores.
-Bien, ahora toca volver a leer y encontrarle un sinsentido a todo esto.
-Conmigo no cuentes.
-Cómo eres.
 Ilustración de Miguel Villar

martes, 26 de abril de 2011

-Es el mejor.

-¿Quién puede culparme por odiarlo? Es lógico que tenga este sentimiento. No concibo consumirme en otro. Sería un enfermo si no sintiera lo que siento. Si no lo sintiera en este grado. Lo odio con todas mis fuerzas. Lo odio con mi única fuerza. La que dedico a odiarlo.  Soy débil, inconstante, fláccido para todo lo demás. Nunca podré ser como él. Nunca. ¿No es motivo más que suficiente para odiarlo del modo en que lo odio? Tengo una sólida razón para odiarlo: Me dedico a lo mismo y... ¿lo has oído?
-Sí, claro.
-Por muy amigo mío que seas no puedes decirme que no es el mejor. No te creería. Creería que eres un necio. Un imbécil.
-Es el mejor.
-Ya puedo dedicar todas las horas de mi vida a superar su excelencia. Ya puedo hacer lo imposible. Ya puedo matarlo. Nunca seré mejor que él.
-Pero tú eres muy bueno. Eres brillante.
-No te patetices.
-No es que quiera consolarte, lo creo de verdad.
-Sé que lo crees. También yo lo creo. Soy muy bueno. Y comparado con casi todos, puedo, y más de una noche, resultar genial. Pero te estoy hablando de
-Ya lo sé.
-otra cosa.
-Ya.
-Te hablo de eso. Eso.
-...
-Eso que yo jamás tendré.

lunes, 11 de abril de 2011

-En Lisboa hay tiendas extrañas.

-En Lisboa hay ancianas asomadas a sus ventanas. Algunas, acompañadas por sus tal vez también ancianas mascotas. Parecen reclamos turísticos auspiciados por el ayuntamiento. La pareja viajera robó una foto a una de las ancianas al borde de su ventana subrayada por una de su bragas tendidas justito delante de ella.
-En Lisboa las cuestas te machacan los gemelos. Por contra, a pesar de lo irregular de sus veredas, de las calvas en el empedrado, de los tropezones que éstas propician, se resbala menos que, por ejemplo, en las piedras que pisas al cruzar la, por otro lado preciosa -tal vez no se lo parezca a los mendigos que duermen bajo sus soportales- Plaza Mayor de Madrid. La pareja viajera, cuando no viaja, atraviesa por lo menos un par de veces al día el emblema madrileño. Siempre, sobre todo por las mañanas, con la plaza recién baldeada, el integrante varón de la pareja resbala dos o tres veces al cruzarla.
-En Lisboa se pueden comer y beber manjares. Elaborados y vulgares. Hay sapateiras enormes que parece que nunca acabarás de comer. Hay vinos de denominaciones de origen que, por sus nombres, parecen cercanas -Douro, Alentejo, Ribateixo-, que le dejan al paladar de uno ganas de abrir otra botella.
-En Lisboa hay camareros que no se dan prisa.
-En Lisboa hay barrios y lugares en esos barrios -Príncipe Real, Plaza de las Flores, Lapa- en los que a la pareja viajera no le importaría morar.
-En Lisboa hay gente serenamente amable.
-En Lisboa hay preciosas casas decadentísimas.
-En Lisboa hay azulejos que parecen más o menos similares y ninguno es igual.
-En Lisboa hay tiendas extrañas.
-En Lisboa hay cinco o seis puntos clave que todo turista no puede dejar de visitar y que la pareja viajera, en este viaje, desdeñó.
-En Lisboa Pessoa, Tabucchi, Lobo Antunes.
-En Lisboa fueron felices disfrutando, además de el uno del otro, de una ciudad que parece a punto de disolverse, o de comenzar finalmente a concretarse.
-En Lisboa se encarna el Limbo.
-Hay gente a la que Lisboa no le gusta nada.

martes, 5 de abril de 2011

-Eso explica algunas cosas.

-¿Nunca?
-Nunca, Esmit, nunca.
-Claro.
-¿Claro qué?
-Eso explica algunas cosas.
-¿Quieres decir, cosas, sexuales, cosas íntimas, nuestras, de cama?
-Eeehhh, no era eso en lo que pensaba, Guolquer, pero ahora que lo dices.
-Odio el psicoanálisis, Esmit, y las castañas asadas.
-Ah, se siente, recuerda el juramenteo: En la salud y en la enfermedad, hasta que las metáforas os separen.
-No sabes cuánto me arrepiento.
-No me extraña si es verdad lo que acabas de confesarme.
-No es una confesión.
-No me jodas, Guolquer: se trata de una confesión en toda regla. Una confesión de esas que
-¡No, por favor, apaga eso!
-Piensa un poco menos en ti y un poco más en la Posteridad, por favor.
-Dale al plei.
-Ya.
-Cuando niño, 
-Espera, espera.
-Joder, Esmit.
-Tenemos que comprar otra. Las teclas ya... Venga ahora sí.
-Cuando niño nunca marqué un gol. Nunca jamás. Y eso que era el dueño de la pelota. De las sucesivas pelotas con las que yo y mis interesados amiguitos jugábamos al fútbol.
-Es volver a oirte, Guolquer, es volver a oirte... y...
-Necesito curarme.
-Oye, lo que dijiste antes, de nuestro sexo y eso...
-Sí.
-Es una verdad como una casa así de grande.
-Sabes cómo hacerme sentir bien.
-...
-Una vez casi marqué. Lamiendo el poste pasó...
-Es una pena que no haya entrado. Todo hubiera sido tan diferente entre nosotros, Guolquer...

viernes, 25 de marzo de 2011

-Mal cuerpo me dejas.

-Amargo, como el envés de los payasos.
-...
-Creía que la frase era un comienzo. Pero empiezo a pensar que también es un final.
-Mal cuerpo me dejas.
-No me vanaglorio de ello, pero suelo dejar el mal cuerpo en mi afán de buscar el bueno.
-Cuando dejes de perderte en juegos de palabras...
-Las mujeres seguirán dejándome, de cualquier modo.
-Me gusta la mujer independiente. Pero no de mí. De ti.
-La última me mató bastante exitosamente.
-Yo me prevengo ante los abandonos soñando antes con ellos. Cada noche sueño que me deja. A veces, cuando despierto, ocurre. Me dirás que es casualidad. O estadística. Pero yo creo en el poder del deseo de mis sueños.
-Esta mañana he vuelto a no recordar lo que soñé anoche.
-¿Has vuelto a inventarte el sueño?
-Ambos mentimos cada mañana: Yo no sueño, y a ella, en el fondo, le importan un carajo los sueños que le cuento.
-Se ve que es de esas mujeres que se quedan para siempre.
-...


 

viernes, 18 de marzo de 2011

-Y nadie merece mi perdón.

-Ahora que el preso ya no tiembla.
-Y las bombillas no dudan si apagarse definitivamente.
-Ahora que elijo la penumbra pobrecita.
-Y vuelvo a la cama rondado por Bach.
-Ahora que ninguna foto me recuerda.
-Y me desgano por goleada.
-Ahora que mi gata no se atreve a pedirme nada.
-Y le doy exactamente lo que no me pide.
-Ahora que hay tanto afuera en mis adentros.
-Y nadie merece mi perdón.
-Ahora que todos los llantos provienen de un niño.
-Y ser mayor que yo es algo que me ocurre a cada instante.
-Ahora que el preso se apagó definitivamente.
-Y las bombillas ya no tiemblan.

martes, 15 de marzo de 2011

-Puede.

-Baja por las escaleras mecánicas de la FNAC y es la única que no se mira en el espejo del lateral. Todas las demás, los demás, los niños, se miran bajar por las escaleras mecánicas. ¿Tiene amigos? ¿Va al cine? ¿Al teatro? ¿Se pone lo primero que encuentra? ¿Tiene un color favorito? ¿Desea asesinar a su madre? ¿Mal beber? ¿Infancia? Ignoro todos estos detalles sin importancia acerca de ella. Pero que nadie me diga que no la conozco. 
-Eres la única que la conoce, ¿verdad?
-Soy la única.
-Claro.
-¿Puede llamarse celos lo que siento al presentirla paseando en su bicicleta -apuesto que de color negro-  silbando melancolías para sus adentros, dejando en la calle, hasta un momento después de doblar la esquina, la estela -como un vaho- de una sola mirada -¡no la mía!- que ahora vuelve a pestañar, turbada?
-Puede. 

miércoles, 9 de marzo de 2011

-Ahí te has pasao.

-Dejaste tan poca huella en la vida de tanta gente que, si alguno de nosotros recordara tu nombre, intentaríamos promoverte a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
-Devuélveme mi séptimo sentido, ése que yo tenía no recuerdo para qué.
-Si duermes junto a mí, y de madrugada te despiertas con intención de abrirte un caminito a fuerza de acariciarme con tu pierna, deja tu mensaje después de oir la señal.
-Sólo una cosa se interpone entre tú y yo: tú.
-El secreto de tus pasadizos es que no son secretos.
-Si tienes un niño y le pones Rencor no le daré mis apellidos.
-Ahí te has pasao. 


martes, 1 de marzo de 2011

-Por eso, amigo.

-Olvidé todas las historias.
-Por eso te empeñas, vanamente, en recordarlas.
-Por eso no lo consigo.
-Por eso ninguna de las historias que escribes es verdad.
-Por eso no tiene ninguna importancia la cuestión de la mentira.
-Por eso las libretas de apuntes te pierden a ti.
-¿Por eso?
-Por eso, amigo.

miércoles, 23 de febrero de 2011

-Séalo.

-No sabe usted con quién está hablando.
-Lo sé perfectamente Esmit.
-Señor Esmit, si no le importa.
-Me importa, sí. Creo que podríamos ser amigos, si usted no fuera quién es, y, sobre todo, cómo es.
-Mire, Guolquer, permítame ser sincero.
-Séalo.
-Lo seoleré.
-No se exceda en el absurdo, Esmit, recuerde que esta conversación está siendo grabada, y, a pesar de nuestras diferencias, no quisiera que quedara usted como un absurdo excedido en el absurdo.
-No tema por mi reputa reputación, Guolquer.
-Somos pura puta reputación, no lo olvide, Esmit.
-No recuerdo la última vez que olvidé recordar dónde dejé olvidada mi puta pura reputación. No tema.
-Me temo que el tema no es el temor.
-Me temo que temo no ser temido.
-Vamos llegando al meollo del asunto, Guolquer.
-Puede llamarme Yoni, Smit, así me llaman mis amigos, y, llegados a este punto, creo que puede usted considerarse mi amigo.
-Eso debería decirlo yo, Yoni, y yo ni sé si yo soy mi amigo, amigo mío.
-Creo que de un momento a otro ocurrirá lo inevitable.
-Bésame entonces, tonto.
-Llámame Yoni, Guolquer, que tonto sólo me lo llamaba mi madre cuando mi padre no estaba en casa, cuando estaba, era él quien me llamaba tonto. Cuando estábamos los tres en casa... recordar me hace tanto daño.
-Te besaré sólo si tú me llamas Piter, Yoni.
-Piter.
-Yoni.
-...
-Necesitaba este beso.
-Sí, siempre es conveniente ser besado antes de que el diálogo nos explote en la boca.
-...
-He tenido una erección.
-No es evidente.
-Es que no la he tenido ahora, sino en diciembre del '85, Yoni.
-Yoni eres tú, yo soy Piter.
-No sé si creerte.
-El amor se basa en la confianza, Piter.
-Y dale con Piter.
-¿Qué estabas haciendo cuando lo del 23-F?
-Me alegra que me hagas esa pregunta, Piter.
-...
-...
-Cada vez me besas mejor, Yoni.

domingo, 20 de febrero de 2011

-Hay que ver.

-¿Así era el camino de piedritas? ¿Así se traducía a la vista el cris, cris de las pisadas? ¿Así era la forma de la discreción de la casa paterna? ¿Así era de serenamente imponente la puerta de entrada? ¿Así de madera eran las sombras que se proyectaban sobre el suelo antiguo al entrar? ¿Así era la pecera? ¿Así de colorines y vivaces eran los pequeños peces que intuía tal vez rojos? ¿Así de equívocos eran los caminos a seguir una vez puestos en la disyuntiva de ir hacia una de las habitaciones? ¿Así de mal elegía siempre? ¿Así de decidido me encamino ahora a buscarte? ¿Así era el cuerpo de Carmen? ¿Así la cara de Miguel? ¿Así era el tiempo pasado por las fotografías del recuerdo? ¿Así de negras eran mis gafas negras? ¿Así eran las cosas después de tantas preguntas a ciegas? ¿Así son?
-Hay que ver.

viernes, 11 de febrero de 2011

-Estás completamente loco.

-Tal vez ocurre que hemos dejado de vernos. De tanto convivir. Nos confundimos con nuestra vida. Nos nublamos. Nos nubarramos. Nos neblinamos. Hubo un día -pero no sabemos cual, yo arriesgo que aquélla tarde de hace dos años, cuando volvimos de la comida con Juan- en que comenzamos a eructar soterradamente la niebla que fuimos incorporando durante años. Diez o doce. Algunos de los cuales -estadísticamante, sumando horas de tardes, noches, etc.- fuimos felices y no sólo relativamente felices. Recuerdo la primera mañana en que fui consciente de la niebla. La niebla ya fuera de nosotros. Ocultándonos. Te entreví saliendo del baño. En realidad, estabas entrando.
-¿A qué viene todo esto?
-¿Ves lo que te digo? No estoy ahí, no estoy frente a ti. Estoy detrás.
-¿Qué dices?
-Que vivimos rodeados de espejos, por eso no sabes dónde estoy. Yo tampoco estoy seguro de por dónde andas ahora mismo. Aparentemente estás en todas partes. Estoy rodeado de vos y por eso no consigo verte entre esta turbidez.
-Estás completamente loco.
-Ojalá lo estuviera completamente. Pero no es mi culpa. Ni es tu culpa. Es culpa de la niebla.
-Duerme, anda.


viernes, 4 de febrero de 2011

-A algunos padres les cuesta hablar.

-Cuando yo tenía once años mi padre me ahorcó en un aeropuerto. Yo viajaba con mi madre. Él se quedaba. Mi vuelta estaba prevista para un mes más tarde. Pero él no pudo evitar ahorcarme entre lágrimas en el aeropuerto. Él sabía que era imposible evitar que me fuera. Pero también sabía que era imposible dejar de llorar y de abrazarme a la altura del cuello.
-A algunos padres les cuesta hablar.
-Mi padre habló esa tarde haciéndole una llave de amor a mi tráquea. Cada uno hace lo que puede con el idioma de que dispone. Yo abrazo a mi hijo casi a diario, para no verme abocado a ahorcarlo de amor una tarde en un aeropuerto.
-...
-Hay abrazos de donde no se vuelve. Si me permites la grandilocuencia.

martes, 1 de febrero de 2011

-Hacer un túnel.

-Hacer pan.
-Hacer el amor.
-Hacer el bien.
-Hacer el mal.
-Hacer lo posible.
-Hacer memoria.
-Hacer el tonto.
-Hacer un gol.
-Hacer tiempo.
-Hacer un lugar.
-Hacer más.
-Hacer pis.
-Hacer  las maletas.
-Hacer diana.
-Hacer aguadillas.
-Hacer el boca a boca.
-Hacer un truco.
-Hacer llover.
-Hacer llorar.
-Hacer reír.
-Hacer fuerza.
-Hacer sombra.
-Hacer un trato.
-Hacer algo.
-Hacer pesas.
-Hacer el vago.
-Hacer las paces.
-Hacer de tripas corazón.
-Hacer un dibujo.
-Hacer un gurruño.
-Hacer un mundo.
-Hacer huelga.
-Hacer reformas.
-Hacer burla.
-Hacer gracia.
-Hacer mutis por el foro.
-Hacer como que no.
-Hacer un túnel.
-Hacer sobremesa.
-Hacer la digestión.
-Hacer el trabajo sucio.
-Hacer de poli bueno.
-Hacer de tu capa un sayo.
-Hacer un nudo.
-Hacer saltar la banca.
-Hacer la "o" con un canuto.
-Acércate.

lunes, 24 de enero de 2011

-Buenos Aires dos.


¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe...
¡Quién sabe una noche me encare la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

Enrique Cadícamo

-Tango. La pareja viajera fue a ver el concierto del Quinteto Real en el Torcuato Tasso (compartieron mesa con una pareja de desconocidos); a ella se le cayó el primer lagrimón instantes después de la primera nota. Subieron a tocar sólo dos canciones Horacio Salgán y Ubaldo de Lío. Salgán -el flaco, el piano- tiene noventa y cuatro años. De Lío -el gordo, la guitarra-, tal vez tenga unos ciento ocho. Pero al piano y a la guitarra parecen lo que son, dos grandes músicos con historia saliéndosele por los dedos.  (se despidieron de la pareja desconocida con quienes sólo brindaron y se despidieron.) Cenaron en el Club Social, un sitio que les recomendó su amigo F. Les gustó todo. Hasta la tarjetita que les trajeron con la cuenta. Él contuvo un gracias a la camarera, recordando lo que le había pasado el día anterior con el camarero de la parrilla.  (volverían la última noche, y se encontrarían con que la oscuridad era total en toda la calle. Sólo podían ofrecerles ensaladas. Se tomaron a risa la absoluta oscuridad argentina.) Pidieron un taxi porque el barrio estaba oscuro. La pareja se mueve por la entrañable ciudad entre la iluminación precaria y la imprevista oscuridad total. La oscuridad argentina. La medialuz porteña. El oscuro taxista, tarareando con sentimiento un reguetón salido de la radio, no ayuda a tranquilizarla a ella. ¿O el taxista del reguetón fue el de la madrugada del primero de enero? Pasaron la noche de fin de año con su amigo F y su familia. Lo pasaron muy bien. Una de sus perras sobrellevó los largos minutos de explosiones de cohetes desatada a las doce metida en la bañera, el otro perro enfrentándose rabioso al ruidoso ente proveniente de la calle, defendiéndonos de la alegría  (o el alivio esperanzado de haber llegado al final, de seguir aquí, allí.) de los demás. Salieron a caminar por Puerto Madero, ese invento que quedó bien. Un sitio que no existía, que era maleza y río, hace veinte años, cuando él se fue a un sitio que sí existía, en su familia,  en las cartas, y, comenzó a saberlo hace veinte años, en su futuro. Hablaron acerca de las diferentes maneras de celebrar la llegada del año nuevo. O de despedir el viejo. Acá ni uvas ni campanadas. Más ruido. Menos luz. Calor. Se acostaron a las cuatro de la mañana. Pactaron la intensidad del aire acondicionado de la habitación del hotel -disfrutan tanto de esos sitios impersonales, de paso-. Perdió él. Ella cree que ganó él. Desde la ventana del hotel se ve el obelisco. Y el horrendo luminoso atrezzo navideño que le han puesto. Apagan la luz. Duermen felices porque nadie apaga la luz por ellos.  Los amigos L y M, y sus dos hijas, los llevaron nuevamente a Puerto Maderio, esta vez de día. Alegría por estar con ellos. Si necesitas familia él te recomienda a sus amigos. El viajero aspira una especie de razonablemente bucólico sentimiento familiar que le encanta. L y M eran amigos también de su amigo N, también conocido como El Negro (en Argentina no es necesario ser de raza negra para que te llamen negro), pero ya no lo son. Hubo intento, hubo fracaso, de reunificación. El Negro les hace un asado, en la misma parrilla de su casa de la última vez. Lo importante es el ritual, dice hoy como repitiera hace dos años. Tiene razón. Beben una botella de vino español (Rioja) que aporta la pareja, antes de dar el primer bocado a la carne. Y otra, de vino argentino (uva Malbec, Mendoza) durante el asado. Con  chorizo, mollejas y chinchulines, que, después de la inminente visita al médico, el colesterol del viajero recordará entre lágrimas. Qué rica la carne del ritual.
-¿Qué es esto, un diario?
-Yo qué sé.
-¿En tercera persona?
-Buenos Aires dos.


miércoles, 19 de enero de 2011

-Volverá a verla.


Reconozco el hecho de que volveré a ver a Ingrid.
Igmar Bergman

-De un momento para otro. De un momento de vida, para otro momento de muerte. Es así como nacen los fantasmas. El parto, estrictamente, -es decir, sin contar los preliminares, la gestación que es la propia vida, desde que nacemos, desde que nacen nuestros antepasados- ocurre en un chispazo de segundo. Había vida y ahora hay fantasma. Le gusta pensar eso al viejo. Le gusta pensar que es así de simplemente como ocurren las cosas. Necesita creerse esa teoría. Su mujer, la mujer de su vida, murió hace hoy exactamente un año. Y sabe desde aquél día, cuantos días, meses, han pasado, han ido pasando, desde su muerte. Ahora, ahora mismo, sentado en el sofá, iluminado por libros más o menos tristes, solo pero no más solo que nunca, se repite la querida idea de la muerte y el fantasma.
-Volverá a verla.
-Tiene esa seguridad. Es feliz porque su desgracia está matizada por su querido ayer, y por su certero mañana.
-Cuando él se transforme en fantasma.
-Recuerda cada día los mensajes, las llamadas, en que decía a su amor las ganas que tenía de volver a verla. Sabiendo que, si la muerte no le estafaba la vida cualquier tarde, el reencuentro ocurriría dentro de unas pocas horas, minutos.

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