sábado, 30 de julio de 2011

-Todas.

-Era fea, zafia, mala y sucia.
-Pero.
-Pero tenía estilo.
-Amigo.
-Un estilo único que se me hizo insoportable de sobrellevar.
-Como siempre.
-Sí.
-Te pasó lo mismo que con las guapas, elegantes, buenas y limpitas.
-Siempre acabo teniendo la culpa de que ellas sean como son.
-Ellas lo creen así.
-Todas.
-Y llevan razón.
-Tienen más razón que una santa.
-Y mucha más que una puta.
-Mi destino es repetirme.
-Y el de ellas.
-Entonces, ¿de qué coño me quejo?
-...

martes, 26 de julio de 2011

-¿Y cómo murió?

-Ya sé que Lucien Freud no inventó la carne.
-Ni su abuelo.
-Pero lo olvido cada vez que veo alguna de sus pinturas.
-Me caigo otra vez de culo siempre que recuerdo aquella exposición suya.
-La piel de gallina.
-Tampoco inventó la piel.
-Ni su abuelo esas miradas que no pueden ser salidas de un pincel. De una pintura. De un trazo.
-Me acerqué hasta casi tocar con mi nariz ese cuerpo.
-Y era mentira que lo estabas viendo, ¿no?
-Mi nariz al lado del lienzo parecía una falsificación de la naturaleza.
-¿Y cómo murió?
-¿Quién?
-Lucien Freud.
-No lo sé. Pintando una de sus venas imposibles de pintar.
-Creemos que no somos como él nos pinta.
-Que no estamos hechos de lo que su abuelo dice que tenemos dentro.
-Eso que nos traiciona.


sábado, 16 de julio de 2011

-Una rosa pederasta se va de rositas.

-El Coyote cambia su dieta.
-Se sienta en un banco de semen y le resulta incómodo.
-Da el brazo a torcer y le duele bastante.
-Canguro pagado de sí mismo dice haber dado un salto cualitativo.
-Piojo de soldado de la segunda guerra mundial malvive en el casco antiguo.
-Se somete a operación de rodillas y se arrepiente de no haberse tumbado.
-La bruja Avería se casa con un manitas.
-Abandona a su novio y no se cambia el peinado.
-Paloma de La Paz abandona su Bolivia natal.
-El pato Lucas practica cunnilingus y se va por la pata abajo.
-Gallo homosexual sale del armario y monta un pollo.
-Lee que la fruta es buena para la salud y decide dejarse perilla.
-Vecinos de un cantamañanas le roban el despertador.
-Dora la exploradora se compra un gps.
-Pintor abstracto no encuentra ropa que le siente bien.
-Eyaculador precoz se pide primer.
-Espera inútilmente en paso de cebra a que pase una.
-Se pasa horas dando botes en el jardín botánico.
-Ciego impaciente no ve la hora de irse.
-Tiene orgasmo en condiciones infrahumanas y los servicios sociales del ayuntamiento se lo quitan.

miércoles, 6 de julio de 2011

-No te sientas solo.

-A veces, si pienso que soy el único hispanohablante al que la palabra alero le parece una de las más bellas del idioma español, me entra una congoja...
-...
-Me gusta cuando callas.
-No callo. Puntúo suspensivamente.
-Me gusta cuando lo haces.
-No te sientas solo.
-Es un pedido paradójicamente tierno, o tiernamente paradójico.
-Yo te acompaño, eso sí que es paradójico, conociéndonos como nos desconocemos.
-Tengo tendencia a escribir paradógico con ge.
-Lo sé.
-Te quiero.
-Te quiero suspensivamente.
-¿Recuerdas cuando discutíamos acerca de qué número era más misterioso?
-El tres o el siete.
-Ya ni sé cuál decía yo que era. Ni cúal decías tú.
-Antes, tu palabra favorita era almohada.
-¿Sí?
-Eso sí que lo recuerdo.
-Siete cardenales en el corazón.
-Sabina.

domingo, 3 de julio de 2011

-Diálogo un poco fantasma.

-La casa llena de libros llenos de casas de fantasmas lectores de libros de casas encantadas por libros llenos de fantasmas leyendo en casas encantadas de estar llenas de libros de fantasmas.
-...
-Diálogo un poco fantasma.
-...

viernes, 24 de junio de 2011

-Me da mucha vergüenza.

-Te escuché decir que todas las fotos de cuando fuiste feliz no son digitales.
-Yo nunca he dicho eso.
-Ya lo sé, sólo pretendía postergar el momento de hablar de las botas de montar.
-Ah, no sabía que quisieras hablar de las botas.
-Se lo comenté a mamá, y creía que ella te lo habría contado anoche.
-Sí, tu madre saca a relucir sus temas nocturnos para postergar el momento de la cópula.
-No quiero saber esas cosas, papá.
-De tal palo tal astilla: yo tampoco quiero saber. Tu madre no ha dicho nada de las botas.
-Me siento ridiculo cuando salgo del Mercedes con las botas de montar.
-Es necesario que salgas del Mercedes en algún momento del día.
-Elijo ese momento, como sabes.
-Hay días que nos demoramos demasiado tiempo hablando de cualquier cosa dentro del Mercedes.
-Me da mucha vergüenza.
-La práctica de la hípica conlleva ciertos sacrificios.
-Pero tal vez, no sé, si cambiáramos ligeramente de coche.
-Hay que saber elegir lo que se sacrifica, hijo.
-Uno de gama mínimamente más baja.
-Yo me siento orgulloso de mis botas. Es un orgullo bastante vano, pero qué orgullo no lo es, hijo.
-No lo sé. A mí me violenta ser visto bajando del Mercedes con mis botas de montar. Ese corto trayecto de la puerta del Mercedes a la puerta de casa...
-En este barrio las señas de identidad son seguidas a rajatabla por todos los vecinos. Ninguno de nosotros desentona.
-Somos una comunidad compacta, lo sé.
-No podemos permitirnos destacar entre gente tan destacable.
-Créeme que lo comprendo, papá, pero no puedo evitarlo.
-Tal vez deberíamos pedir ayuda psicológica.
-...
-Para ti.
-...
-De manera discreta. Nadie se enteraría. Ni siquiera tu madre.
-Si tú lo crees correcto.
-Sí, es mejor que tu madre no se entere de nada.
-...
-Ni Tudor.
-¡Claro que no! La culpa mataría a mi pobre caballo.
-Quedará entre nosotros.

martes, 14 de junio de 2011

-Una coma puede destruir una relación.

-Desde aquí, los días claros, se puede llegar a ver mi alma.
-¿Tu alma? Las más viejas del lugar, dicen que tal lugar no existe.
-Aunque algunas dulzuras con las que me disparas como si me quisieras me insinúen que quieres insinuarme lo contrario, frases como ésa certifican que has patentado el modo en el que quien te quiera querer debe quererte. 
-Y tú pagas el canon.
-Por la cuenta bancaria que me trae.
-Hay ocasiones en las que sé de qué estamos hablando.
-Y esta no es una de esas ocasiones, ¿a que no?
-Desde aquí, los días oscuros creo verte el alma.
-Los jóvenes del lugar, dicen que ya han estado dentro de ti desde el amanecer hasta el ocaso, durara lo que durara ese lapso de tiempo perdido.
-Y todos, absolutamente todos nosotros y todos ellos, los que vinieron y se fueron y los que vendrán y se irán, tenemos razones que las sinrazones no comprenderán jamás.
-Una coma puede destruir una relación.
-Y hacernos creer que puede construirla.
-Puedes hacer con mis comas lo que quieras.
-Eso decís todos cuando estáis a una yema de mis braguitas.
-A veces, las braguitas primero.
-Otras, lo último.
-La rutinaria falta de rutina.
-El orden de los factores no veas cómo me altera el producto.
-Antes. Ahora. Después. Son palabras inventadas por las relaciones de pareja.
-Modeladas por el instinto.
-O por la cultura.
-La gata siguiendo con la mirada el vuelo de una mosca.
-Deseando cazarla.
-Para jugar.
-O para cargársela.
-¿Conocerá la diferencia?
-¿La gata?
-¿La coma?


lunes, 30 de mayo de 2011

-Otra frase hecha.

-Seguramente antes de hacerlo pensó que la expresión acabar con su vida, era la apropiada para jugar antes de acabar con su vida.
-Le gustaba mucho desentrañar, o entrañar a su modo, las frases hechas.
-Quienes no le conocían decían que era un tipo solidario.
-Otra frase hecha.
-Creo que era un tipo solitario porque estaba rodeado de amigos solitarios que, como él, preferían no juntarse con nadie.
-Era más reconocido que famoso.
-Él no había aspirado a ser ninguna de esas cosas.
-Tal vez ese fracaso. Tal vez algún otro. Tal vez su exitoso modo de triunfar como perdedor. 
-Cualquiera sabe por qué alguien acaba con su vida o la de otro.
-La gente mata por razones sólidas: Raymond Chandler, creo.
-Y se mata.
-Ella cree que un día de estos dará con las razones que -ahí va otra frase hecha- lo empujaron hacia el precipicio.
-Lo vió aquella noche. Ella salía del restaurante, a las dos de la mañana, después de su jueves de trabajo. Ya era viernes, entonces. Él iría pensando que lloviznara en la ciudad que lloviznara, llamaba a esa lluvia garúa. Así en Praga como en Buenos Aires. Él no caminaba pegado a la pared, resguardándose bajo los salientes de las casas, las cornisas, los balcones. Bueno, llevaba su sombrero, claro, pero nunca lo concibió a éste como paraguas. Tampoco caminaba deprisa. Ni disfrutaba de la llovizna. Más bien le gustaba padecerla plácidamente. Todo lo contrario que ella. Él iba y ella venía. Y viceversa, claro. 
-Sabes como es.
-Sí, tal vez no sea verdad que él la mirara de reojo durante ese microsegundo que duró el cruce.
-Pero seguro que ella sí que lo miró.
-Y supo que era él. Por eso frenó en seco y se volvió, y por un instante se olvidó de la noche, del agua y del pasado que acababa de pasar junto a ella. 
-Y ella junto a él, claro.
-La noticia del día siguiente disparó la mitificación del momento. 
-Del genio.
-Del sabio.
-No sé si quiero verla, escuchar su teoría.
-Yo también prefiero leer el cuento que no tardará en escribir, que escucharla contar la experiencia que volcará en el cuento.
-Hay gente que es mejor por escrito.
-¿También lo dices por él?
-No lo sé.
-...
-No he dicho eso de pérdida irreparable en ningún momento.
-A mí también me ha costado bastante contenerme.

viernes, 20 de mayo de 2011

-A probar el agua.

-Si lloviera aquí dentro.
-Te pediría que te quedes.
-A probar el agua.
-Que dejaría la lluvia.
-Sólo tu lengua podría pasar.
-Sólo podrías pasar tu lengua.
-Pero tu excusa para no lamer.
-Es que aquí dentro ya no nos llueve.
-La escasez de goteras.
-Acabará con nuestro amor.
-Y con mis secas promesas de siempre.

miércoles, 11 de mayo de 2011

-Yo no estaba allí cuando me amaste.

-Yo no estaba allí cuando me amaste.
-Vos no estabas allí cuando gasté mi sueldo en flores.
-Yo no estaba allí cuando perdí tu virginidad.
-Vos no estabas allí cuando te olvidé en el cine.
-Yo no estaba allí cuando pagué la cuenta.
-Vos no estabas allí cuando estaban las otras.
-Yo no estaba allí cuando posaste para mí.
-Vos no estabas allí cuando batí el récord dentro de vos.
-Yo no estaba allí cuando llegaste al final.
-Vos no estabas allí cuando me sorprendiste con tu hermana.
-Yo no estaba allí cuando el dinosaurio se quedó dormido.
-Vos no estabas allí cuando fingí no verte allí.
-Yo no estaba allí cuando por fin abriste tu entrada entrecerrada.
-Vos no estabas allí cuando supiste que eras mi ventrílocua.
-Yo no estaba allí cuando caí en tu caída de ojos.
-Vos no estabas allí cuando pasó el último tren.
-Yo no estaba allí cuando me perdí lo mejor.
-Vos no estabas allí cuando volví a decirte adiós para siempre amor mío.

viernes, 6 de mayo de 2011

-Qué pieles tan blancas.

-Ya lo ve. Una de ellas tumbada sobre la cama. La otra, sobre el sillón. Ambas impúdicamente muertas, semi desnudas o semi vestidas. Las dos con la tendencia congelada de hacerse una con la moqueta. Completamente elegantes. Muertas en blanco y negro. La de la cama en negro. La del sillón en blanco. Poco rojo. Sólo -perdón por la cursilería algunas veces leída, pero no me resisto a decirlo así- pequeñas flores rojas abriéndose a la altura de sus corazones. Y esas leves guardas rojizas en las paredes.
-¿Arma blanca?
-Blanca y negra, ya se lo dije.
-¿Sabemos algo del móvil?
-El de la dama de negro sonaba cuando llegué. El de la de blanco, puede verlo aún, apresado en su mano. 
-El gerente dice que las cámaras del hotel han atrapado al asesino.
-Sólo falta discernir entre los cientos de abrigos de solapas levantadas, gafas negras, sombreros.
-Por algún sitio habrá que empezar.
-Empiece usted. Yo me quedo en esta habitación hasta que llegue el juez. Con ellas. Esperando que la seda siga su curso. Tengo todas mis esperanzas puestas en los cuellos de sus blusas. Deslizándose camino de su perdición perdida.
-Qué pieles tan blancas.
-...
-Lo dejo solo, entonces.
-Me deja usted en la mejor de las compañías.

martes, 3 de mayo de 2011

-Poseo todo lo que carezco.

-Me pegaré un tiro.
-Teniendo sumo cuidado en hacerlo de tal modo que yo pueda venir a despegarlo cuando quiera.
-Poseo todo lo que carezco.
-El diablito y el angelito se dicen cosas hirientes de la boca para afuera cuando los encuadran las cámaras de Teleconciencia.
-Pero cuando se apagan las luces, cuando cae la bruma adormidera, cuando sueño, se besan, se acarician, y se hacen muy bien el mal y muy mal el bien mutuamente.
-Somos incondicionales de las condiciones.
-Un matrimonio en toda regla, mi amor.
-Cuando hago el amor no pienso en mis lectores.
-Bien, ahora toca volver a leer y encontrarle un sinsentido a todo esto.
-Conmigo no cuentes.
-Cómo eres.
 Ilustración de Miguel Villar

martes, 26 de abril de 2011

-Es el mejor.

-¿Quién puede culparme por odiarlo? Es lógico que tenga este sentimiento. No concibo consumirme en otro. Sería un enfermo si no sintiera lo que siento. Si no lo sintiera en este grado. Lo odio con todas mis fuerzas. Lo odio con mi única fuerza. La que dedico a odiarlo.  Soy débil, inconstante, fláccido para todo lo demás. Nunca podré ser como él. Nunca. ¿No es motivo más que suficiente para odiarlo del modo en que lo odio? Tengo una sólida razón para odiarlo: Me dedico a lo mismo y... ¿lo has oído?
-Sí, claro.
-Por muy amigo mío que seas no puedes decirme que no es el mejor. No te creería. Creería que eres un necio. Un imbécil.
-Es el mejor.
-Ya puedo dedicar todas las horas de mi vida a superar su excelencia. Ya puedo hacer lo imposible. Ya puedo matarlo. Nunca seré mejor que él.
-Pero tú eres muy bueno. Eres brillante.
-No te patetices.
-No es que quiera consolarte, lo creo de verdad.
-Sé que lo crees. También yo lo creo. Soy muy bueno. Y comparado con casi todos, puedo, y más de una noche, resultar genial. Pero te estoy hablando de
-Ya lo sé.
-otra cosa.
-Ya.
-Te hablo de eso. Eso.
-...
-Eso que yo jamás tendré.

lunes, 11 de abril de 2011

-En Lisboa hay tiendas extrañas.

-En Lisboa hay ancianas asomadas a sus ventanas. Algunas, acompañadas por sus tal vez también ancianas mascotas. Parecen reclamos turísticos auspiciados por el ayuntamiento. La pareja viajera robó una foto a una de las ancianas al borde de su ventana subrayada por una de su bragas tendidas justito delante de ella.
-En Lisboa las cuestas te machacan los gemelos. Por contra, a pesar de lo irregular de sus veredas, de las calvas en el empedrado, de los tropezones que éstas propician, se resbala menos que, por ejemplo, en las piedras que pisas al cruzar la, por otro lado preciosa -tal vez no se lo parezca a los mendigos que duermen bajo sus soportales- Plaza Mayor de Madrid. La pareja viajera, cuando no viaja, atraviesa por lo menos un par de veces al día el emblema madrileño. Siempre, sobre todo por las mañanas, con la plaza recién baldeada, el integrante varón de la pareja resbala dos o tres veces al cruzarla.
-En Lisboa se pueden comer y beber manjares. Elaborados y vulgares. Hay sapateiras enormes que parece que nunca acabarás de comer. Hay vinos de denominaciones de origen que, por sus nombres, parecen cercanas -Douro, Alentejo, Ribateixo-, que le dejan al paladar de uno ganas de abrir otra botella.
-En Lisboa hay camareros que no se dan prisa.
-En Lisboa hay barrios y lugares en esos barrios -Príncipe Real, Plaza de las Flores, Lapa- en los que a la pareja viajera no le importaría morar.
-En Lisboa hay gente serenamente amable.
-En Lisboa hay preciosas casas decadentísimas.
-En Lisboa hay azulejos que parecen más o menos similares y ninguno es igual.
-En Lisboa hay tiendas extrañas.
-En Lisboa hay cinco o seis puntos clave que todo turista no puede dejar de visitar y que la pareja viajera, en este viaje, desdeñó.
-En Lisboa Pessoa, Tabucchi, Lobo Antunes.
-En Lisboa fueron felices disfrutando, además de el uno del otro, de una ciudad que parece a punto de disolverse, o de comenzar finalmente a concretarse.
-En Lisboa se encarna el Limbo.
-Hay gente a la que Lisboa no le gusta nada.

martes, 5 de abril de 2011

-Eso explica algunas cosas.

-¿Nunca?
-Nunca, Esmit, nunca.
-Claro.
-¿Claro qué?
-Eso explica algunas cosas.
-¿Quieres decir, cosas, sexuales, cosas íntimas, nuestras, de cama?
-Eeehhh, no era eso en lo que pensaba, Guolquer, pero ahora que lo dices.
-Odio el psicoanálisis, Esmit, y las castañas asadas.
-Ah, se siente, recuerda el juramenteo: En la salud y en la enfermedad, hasta que las metáforas os separen.
-No sabes cuánto me arrepiento.
-No me extraña si es verdad lo que acabas de confesarme.
-No es una confesión.
-No me jodas, Guolquer: se trata de una confesión en toda regla. Una confesión de esas que
-¡No, por favor, apaga eso!
-Piensa un poco menos en ti y un poco más en la Posteridad, por favor.
-Dale al plei.
-Ya.
-Cuando niño, 
-Espera, espera.
-Joder, Esmit.
-Tenemos que comprar otra. Las teclas ya... Venga ahora sí.
-Cuando niño nunca marqué un gol. Nunca jamás. Y eso que era el dueño de la pelota. De las sucesivas pelotas con las que yo y mis interesados amiguitos jugábamos al fútbol.
-Es volver a oirte, Guolquer, es volver a oirte... y...
-Necesito curarme.
-Oye, lo que dijiste antes, de nuestro sexo y eso...
-Sí.
-Es una verdad como una casa así de grande.
-Sabes cómo hacerme sentir bien.
-...
-Una vez casi marqué. Lamiendo el poste pasó...
-Es una pena que no haya entrado. Todo hubiera sido tan diferente entre nosotros, Guolquer...

viernes, 25 de marzo de 2011

-Mal cuerpo me dejas.

-Amargo, como el envés de los payasos.
-...
-Creía que la frase era un comienzo. Pero empiezo a pensar que también es un final.
-Mal cuerpo me dejas.
-No me vanaglorio de ello, pero suelo dejar el mal cuerpo en mi afán de buscar el bueno.
-Cuando dejes de perderte en juegos de palabras...
-Las mujeres seguirán dejándome, de cualquier modo.
-Me gusta la mujer independiente. Pero no de mí. De ti.
-La última me mató bastante exitosamente.
-Yo me prevengo ante los abandonos soñando antes con ellos. Cada noche sueño que me deja. A veces, cuando despierto, ocurre. Me dirás que es casualidad. O estadística. Pero yo creo en el poder del deseo de mis sueños.
-Esta mañana he vuelto a no recordar lo que soñé anoche.
-¿Has vuelto a inventarte el sueño?
-Ambos mentimos cada mañana: Yo no sueño, y a ella, en el fondo, le importan un carajo los sueños que le cuento.
-Se ve que es de esas mujeres que se quedan para siempre.
-...


 

viernes, 18 de marzo de 2011

-Y nadie merece mi perdón.

-Ahora que el preso ya no tiembla.
-Y las bombillas no dudan si apagarse definitivamente.
-Ahora que elijo la penumbra pobrecita.
-Y vuelvo a la cama rondado por Bach.
-Ahora que ninguna foto me recuerda.
-Y me desgano por goleada.
-Ahora que mi gata no se atreve a pedirme nada.
-Y le doy exactamente lo que no me pide.
-Ahora que hay tanto afuera en mis adentros.
-Y nadie merece mi perdón.
-Ahora que todos los llantos provienen de un niño.
-Y ser mayor que yo es algo que me ocurre a cada instante.
-Ahora que el preso se apagó definitivamente.
-Y las bombillas ya no tiemblan.

martes, 15 de marzo de 2011

-Puede.

-Baja por las escaleras mecánicas de la FNAC y es la única que no se mira en el espejo del lateral. Todas las demás, los demás, los niños, se miran bajar por las escaleras mecánicas. ¿Tiene amigos? ¿Va al cine? ¿Al teatro? ¿Se pone lo primero que encuentra? ¿Tiene un color favorito? ¿Desea asesinar a su madre? ¿Mal beber? ¿Infancia? Ignoro todos estos detalles sin importancia acerca de ella. Pero que nadie me diga que no la conozco. 
-Eres la única que la conoce, ¿verdad?
-Soy la única.
-Claro.
-¿Puede llamarse celos lo que siento al presentirla paseando en su bicicleta -apuesto que de color negro-  silbando melancolías para sus adentros, dejando en la calle, hasta un momento después de doblar la esquina, la estela -como un vaho- de una sola mirada -¡no la mía!- que ahora vuelve a pestañar, turbada?
-Puede. 

miércoles, 9 de marzo de 2011

-Ahí te has pasao.

-Dejaste tan poca huella en la vida de tanta gente que, si alguno de nosotros recordara tu nombre, intentaríamos promoverte a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
-Devuélveme mi séptimo sentido, ése que yo tenía no recuerdo para qué.
-Si duermes junto a mí, y de madrugada te despiertas con intención de abrirte un caminito a fuerza de acariciarme con tu pierna, deja tu mensaje después de oir la señal.
-Sólo una cosa se interpone entre tú y yo: tú.
-El secreto de tus pasadizos es que no son secretos.
-Si tienes un niño y le pones Rencor no le daré mis apellidos.
-Ahí te has pasao. 


martes, 1 de marzo de 2011

-Por eso, amigo.

-Olvidé todas las historias.
-Por eso te empeñas, vanamente, en recordarlas.
-Por eso no lo consigo.
-Por eso ninguna de las historias que escribes es verdad.
-Por eso no tiene ninguna importancia la cuestión de la mentira.
-Por eso las libretas de apuntes te pierden a ti.
-¿Por eso?
-Por eso, amigo.

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