viernes, 21 de octubre de 2011

-Encendido.

-Hay una oferta de hastío que me resisto a comprar.
-Pero llegan las rebajas del asco.
-Y es difícil contenerse.
-Te lo ponen tan asquerosamente fácil que no es fácil.
-Con los escudos de belleza y pasión que mis entrañas llevan maleando durante tanto tiempo peleo para no sucumbir.
-Pero el asco acaba manchándote un poquito o un mucho.
-Compro, sí, al final compro.
-Es repugnante, pero con esos precios, ¿quién puede resistirse a pasar toda la tarde delante del televisor?
-Encendido.
-Si no quedas satisfecho te devuelven a un estado irrecuperable.
-...

viernes, 7 de octubre de 2011

-Pintor cubista los tiene cuadrados.

-Se ahoga enaguas turbulentas.
-Corredor de la muerte no le da alcance a ésta.
-Sirena transexual se implanta escamas en los pechos.
-Le planta cara y le florecen caritas.
-No está seguro de ser gay frecuenta bares de medio ambiente.
-Matemático cae en la cuenta.
-Tenor se convierte a tenorete para cantar operetas.
-Al parecerle despectivo que le llamen peatón pide que le llamen gran peato.
-Tres tristes tigres comen trigo en un trigal mientras se preguntan qué coño hacen comiendo cereales tan lejos de la selva.
-Cuarteto de escritores que lo escriben todo se hacen llamar Los cuatro jinetes de la poca elipsis.
-Piensa y, sin embargo, continúa sin existir.
-Sufre doble mutilación al perder el culo por una mujer y la cabeza por otra.
-Se cambia el sexo, pero sólo de lugar.
-Se le aparece la virgen y no tarde en comprobar que de virgen nada.
-Famosísimo ladrón de guante blanco atraca modesta joyería de barrio porque no se le caen los anillos.
-Paloma jueza bebe en las fuentes de la investigación.
-Le cae bien y lo aplasta.
-Párroco adicto muere de sobrediócesis.
-Cabo suelto se recupera de su diarrea en la enfermería del cuartel.

jueves, 29 de septiembre de 2011

-Gracias.

-Afuera puede que haya una ciudad frustrada. Tal vez un puente precioso del que solía arrojarse gente. Quizá cerca pase un río que casi no pasa. Hay gente que veo casi todos los días. Hay personajes que se encarnan a sí mismos cuando salen a la calle. Afuera puede que haya una ciudad que los turistas aprecian. Tal vez rincones en los que oculto un rincón para resguardarlo de mí. Quizá escalinatas alentadas por el dasaliento de un escalón tras otro. Hay mujeres que dicen querer lo que las contradice. Hay hombres que apuntan a no dar. Afuera puede haber una ciudad que mi hijo acaba de abandonar. Por primera vez en su vida y la mía, entra en casa con su llave estando yo dentro. Salgo de la cocina donde estoy preparando la comida para él y para mí, y nos encontramos en el pasillo. Acaba de llegar del instituto. Nos besamos. Dice que le ha ido bien. Pienso en lo inédito de la sensación de recibirlo a él que entra solo en casa. Parece que fuera lo más natural del mundo. Pero no lo es. Comemos. Hace los deberes. Escribo. Juega a la Play. Cae la tarde ciudad abajo. Hace unas pocas horas ha ocurrido algo que no había pasado nunca.
-Voy a decir algo para que sientas que no traicionas tu tantas veces traicionado formato diálogo.
-Gracias.
-De nada. Para qué están los amigos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

-Odia dibujar por encargo.

-El señor que no existe y que mi hijo Miguel dibujó displicentemente una tarde de sábado -como quien no quiere la biografía del que está dibujando- tiene una biografía entre un millón.
-Tiene cara de siglo 19.
-Y de tranvía 28.
-Ha sobrevivido a su esposa.
-Pero no a su hijo pequeño.
-Ni a la culpa de aquel accidente.
-¿Crees que el accidente ha devenido en ese rictus?
-A mí me parece evidente. Y también le parecía una consecuencia lógica a la que fuera su mujer.
-¿Sigue habiendo parejas cuyos integrantes mueren sucesivamente, con diferencia de meses, un año a lo sumo?
-Pídele a tu hijo que dibuje a una de esas hipotéticas parejas actuales. Y a ver.
-Odia dibujar por encargo.
-Eres su padre, sabrás obligarlo a que lo haga.
-Para ti es fácil decirlo.
-...
-Puedo acabar siendo pasto de sus trazos.
-No había pensado en eso.

Ilustración de Miguel Villar

jueves, 15 de septiembre de 2011

-Me siento a esperar.

-Antes de escribir lo que voy a escribir -si es que finalmente queda algo de lo escrito- me pregunto, me estoy preguntando, por qué escribo estas cosas aquí. En este formato. En lugar de no hacerlo en ningún otro.
-Me duele todo el cuerpo. No hay frase más vaga que me duele todo el cuerpo. Pues me duele todo el cuerpo. No exactamente todo. Sería imposible de soportar que realmente, en el grado que fuera, me doliera todo el cuerpo. Y yo sí puedo soportar este dolor de cuerpo. De todo el cuerpo. 
-Me duele desde hace dos días. Me duele desde después de la discusión. De la explosión de hace dos días. Exactamente, éste dolor, comenzó una noche más tarde.
-En cierto modo me duele todo el cuerpo porque en mi casa hay dos mujeres.
-Parecen tener sus dominios bien delimitados. Una, desde la entrada hasta la zona del salón. La otra, desde el salón hasta el balcón -incluye la habitación, la cama-. El salón es una especie de territorio difuso, tierra de todos y de nadie en la que ninguna de ellas se esfuerza por imponer su gobierno. Allí conviven. Convivimos.
-Me dolerá todo el cuerpo hasta que una de ellas -o ambas- haga algo por mi dolor.
-Sin proponérselo -porque no saben qué ni cómo ni por qué deberían firmarme el destino- el futuro de mi dolor está en sus manos. ¿Harán algo? ¿Me quedarán fuerzas para escribirlo?
-O muero de una lenta decadencia que me ablande por completo, que me ague, me licúe, y me permita,  finalmente, huir por el desagüe de la bañera; o exploto de explosión coronaria de una vez y para nunca.
-Me siento a esperar. 
-Una -o ambas- no puede tardar en decidirse.
-Cómodamente. Estoy tan cansado. Me duele tanto todo el cuerpo.
-Estoy a verlas venir.
-Se venía venir, decía mi hijo hasta hace bien poco.
-Hablo conmigo.
-¿Por qué me extraña tanto entonces que escriba en este formato en el que parece que somos dos quienes dialogamos?
-Escribo guiones, y otros signos de puntuación.

lunes, 12 de septiembre de 2011

-Ahora ya lo tengo todo claro.

-No serás como quería que fueras.
-Hay un desacuerdo inacordable.
-Seguiré siendo mayor que tú.
-Te envejeceré desde un plano cenital.
-Nuestros nervios tienen asegurado salirse de sus quicios.
-Sé oscuros los poemas anteriores.
-Y claroscuro que el actual es de amor.
-Sea eso lo que sea exista o no.
-Tengo claro que lo tienes claro.
-Y que me perdonarás haber callado por tu boca.

lunes, 5 de septiembre de 2011

-Qué gran mentira.

-Lo primero que encontró cuando salió a la calle fue una rata muerta en el portal de la pensión. Le dió una patadita displicente que la hizo descansar al lado del bordillo, en la calle, después de rodar suavemente por la acera. Pensó que el toque no se pierde nunca. Ese toque de derecha, con el exterior del empeine. No era la primera vez que encontraba una, y, como en ocasiones anteriores, su derecha mágica hizo lo que quiso con la rata muerta.
-Pensó en balones de fútbol y en cadáveres de ratas. Le pareció que esa conexión era una metáfora del recorrido de su vida profesional. Se rió para sus adentros ante un hallazgo que no pudo evitar apuntar en su libretita. Se detuvo a las puertas del bar de la esquina, entorpeciendo la salida a una octogenaria con malas pulgas: Toda mi vida es profesional. Cuando acabó se apartó de la puerta. Guardó la libreta y el lapicito mientras cruzaba una mirada con la señora. Y entonces supo que tenía malas pulgas.
-Como cada día le sobrevinieron cinco jugadas especiales. Especiales para él. Las recordaba todas. Y no sólo goles. También pases de gol. Y algunos toques que nadie registró ni siquiera en el momento en que ocurrieron, antaño. Cada día recordaba cinco jugadas diferentes. Más o menos trascendentes. Las recordaba con pelos y señales. Todo el día rememorando estas cinco, incluído algún que otro gol. Mañana volvería a marcar otros cinco goles, o a dar otros cinco últimos pases, o, simplemente cinco toques sutiles. Y pasado mañana otros cinco recuerdos con balón. Su vida era profesional tal vez porque cobraba por recordar lo que había sido. Le pagaban monedas anónimas. Bocatas lastimeros de los mismos bares de siempre. Cigarros de quienes decían recordar quién era el dueño de esa derecha mágica. Gente que lo había visto jugar, y creían haberlo visto mendigar.
-Algunos, a veces, le pedían hacerse una foto con él. Quisieran o no, él siempre les dejaba escrito en el aire El toque no se pierde nunca. 
-Qué gran mentira.
-Cuando volvió a su casa por la noche -medio borracho, porque lo primero que perdió cuando empezó a perder fue la posibilidad de emborracharse por completo- la rata ya no estaba. La acera parecía recién baldeada. Y la calle. Miró hacia arriba antes de meter la llave en la cerradura. Y se convenció de que llovía de un modo que, de no tener tantos toques bajo los que cobijarse, lo pondría muy triste a uno.


viernes, 2 de septiembre de 2011

-Ya estoy en la calle.

-Ahórrame el papeleo.
-Desnúdate.
-Dame de comerte.
-No enciendas el cigarro de después.
-Déjame decirte que ya conozco la salida.
-Evita preguntar si te llamaré.
-No te escucho.
-Ya estoy en la calle.
-Haciéndome preguntas absurdas.
-Del tipo ¿Por qué hago estas cosas contigo?
-El taxista me pregunta ¿Perdón?

martes, 30 de agosto de 2011

-Te habrás quedado a gusto.

-En casa. Solo. Bobo. Aburrido. Ido. Desnudo. Peludo. En el pasado. Asado. Gordo. Torvo. Desganado. Malvado. Sudoroso. Pastoso. Maloliente. Hiriente. Haciendo un despreciable cadáver exquisito con partes arrancadas a pesadillas con mujeres. Así es como consigo sentirme el ídolo local.
-Te habrás quedado a gusto.
-...

martes, 23 de agosto de 2011

-Los pies.

-Empieza tú.
-Los pies.
-El título se lo ponemos al final.
-Vale.
-Empieza.
-El tipo mirándole los pies a la chica.
-La tiene enfrente.
-El vagón del metro está casi vacío.
-Yo también estoy allí.
-De pie.
-Al principio el tipo mira con disimulo.
-Al final, sin él.
-Ella juega con el señor.
-Mueve los deditos.
-Arquea el empeine.
-Oculta el pie derecho tras el izquierdo.
-Y viceversa.
-Tiene un gran dominio de la viceversa.
-Se quita el anillito que lleva en el dedo anular del pie izquierdo.
-Se lo vuelve a poner.
-Ahora tendría una visión suprema del escote.
-Pero sólo tiene ojos para sus pies.
-La cara del tipo es una oda al gesto desencajado.
-Suda.
-No quiero saber si hay evidencias de su inquetud a la altura de la bragueta.
-Vergüenza ajena.
-La chica se pone de pie repentinamente.
-El tipo sigue allí.
-Parece querer disimular su congoja quedándose helado.
-La chica se baja.
-Yo me bajo.
-Aquella señora del fondo se baja.
-Es el fin del trayecto.
-El tipo sigue allí.
-Parece una marioneta de hilos destensados.
-Se queda solo.
-Metido en su silencio.
-Un guarda jurado lo coge del hombro y lo sacude levemente.
-Lo cree dormido.
-Profundamente.
-Siempre hay uno que se queda dormido.
-Casi siempre se trata de un hombre.
-Lo llama.
-Señor...
-La marioneta parece haber perdido a su dueño.
-Fin de trayecto.
-Una expresión muy acertada.


lunes, 15 de agosto de 2011

-Eso son las palomas.

-Era extremadamente ciclotímica. Lo supe la primera vez que lo hicimos. Comencé a hacer el amor con ella sabiendo que ella era la ella con quien estaba haciendo el amor. Pero cuando llegué al clímax, media hora más tarde
-Menos lobos, Guolquer.
-Quince minutos más t
-Ejem
-arde, era otra mujer.
-A mí también me cambiaste la primera vez.
-No, no me entiendes: entré en Clara Giménez, y salí de Alanis Deco.
-Ay, pero si las conozco a las dos.
-Yo también, íntimamente, como te digo.
-¿Esa fue la experiencia que te hizo homosexual, Guolquer?
-No, esa fue la experiencia que me hizo ingeniero agrónomo.
-En el pasado era una carrera con futuro.
-Se me mueren las plantas, ya lo sabes.
-Sí, nuestro baobab desfallece lastimosamente en su macetita del balcón.
-Eso son las palomas.
-Y las gaviotas, y los murciélagos, y ese extraño pajarraco, ya sabes.
-Eres el único al que autorizo que llame así a mi madre.
-Tu madre ha muerto hace quince años, Esmit.
-Es la última vez que te lo explico: el que murió fue el fantasma de mi madre, pero ella sigue viva, Guolquer.
-A veces me pierdo, amor.
-A veces no te encuentro, cari.
-Siempre nos quedará el bidé.
-Nuestro querido meeting point.

lunes, 8 de agosto de 2011

-Va a Tímidos Anónimos pero le da corte entrar.

-Corre el tour de Francia en otro país porque odia a los franceses.
-Engaña a su esposa con su esposa.
-Demanda a su pene por incumplimiento de contrato.
-Nace y se disculpa argumentando que es la primera vez que le pasa.
-Después de hacer el amor finge que se fuma un cigarrillo.
-El toro de Osborne y La Vaca que Ríe anuncian su enlace.
-Astronauta se divorcia porque necesita su espacio.
-Tiene presentimientos a posteriori.
-Sorprenden a buceador haciéndose una raya.
-Cazan a catorce cámaras en safari fotográfico.
-La maja desnuda se opera los pechos al óleo.
-Actriz porno se viste por exigencias del guión.
-Paga con su vida y no le dan la vuelta.
-Harto de ducharse a diario se coge un baño sabático.
-Deja de beber con moderación y comienza a hacerlo solo.
-Treintañera acaba con la vida de ocho mujeres en una boda y se hace con el ramo de la novia.
-Adán pide la hoja de parra de reclamaciones.
-Llama al pan pan y al vino vino pero ninguno de los dos acude.
-Deja de hacer el amor y comienza a comprarlo hecho.

sábado, 30 de julio de 2011

-Todas.

-Era fea, zafia, mala y sucia.
-Pero.
-Pero tenía estilo.
-Amigo.
-Un estilo único que se me hizo insoportable de sobrellevar.
-Como siempre.
-Sí.
-Te pasó lo mismo que con las guapas, elegantes, buenas y limpitas.
-Siempre acabo teniendo la culpa de que ellas sean como son.
-Ellas lo creen así.
-Todas.
-Y llevan razón.
-Tienen más razón que una santa.
-Y mucha más que una puta.
-Mi destino es repetirme.
-Y el de ellas.
-Entonces, ¿de qué coño me quejo?
-...

martes, 26 de julio de 2011

-¿Y cómo murió?

-Ya sé que Lucien Freud no inventó la carne.
-Ni su abuelo.
-Pero lo olvido cada vez que veo alguna de sus pinturas.
-Me caigo otra vez de culo siempre que recuerdo aquella exposición suya.
-La piel de gallina.
-Tampoco inventó la piel.
-Ni su abuelo esas miradas que no pueden ser salidas de un pincel. De una pintura. De un trazo.
-Me acerqué hasta casi tocar con mi nariz ese cuerpo.
-Y era mentira que lo estabas viendo, ¿no?
-Mi nariz al lado del lienzo parecía una falsificación de la naturaleza.
-¿Y cómo murió?
-¿Quién?
-Lucien Freud.
-No lo sé. Pintando una de sus venas imposibles de pintar.
-Creemos que no somos como él nos pinta.
-Que no estamos hechos de lo que su abuelo dice que tenemos dentro.
-Eso que nos traiciona.


sábado, 16 de julio de 2011

-Una rosa pederasta se va de rositas.

-El Coyote cambia su dieta.
-Se sienta en un banco de semen y le resulta incómodo.
-Da el brazo a torcer y le duele bastante.
-Canguro pagado de sí mismo dice haber dado un salto cualitativo.
-Piojo de soldado de la segunda guerra mundial malvive en el casco antiguo.
-Se somete a operación de rodillas y se arrepiente de no haberse tumbado.
-La bruja Avería se casa con un manitas.
-Abandona a su novio y no se cambia el peinado.
-Paloma de La Paz abandona su Bolivia natal.
-El pato Lucas practica cunnilingus y se va por la pata abajo.
-Gallo homosexual sale del armario y monta un pollo.
-Lee que la fruta es buena para la salud y decide dejarse perilla.
-Vecinos de un cantamañanas le roban el despertador.
-Dora la exploradora se compra un gps.
-Pintor abstracto no encuentra ropa que le siente bien.
-Eyaculador precoz se pide primer.
-Espera inútilmente en paso de cebra a que pase una.
-Se pasa horas dando botes en el jardín botánico.
-Ciego impaciente no ve la hora de irse.
-Tiene orgasmo en condiciones infrahumanas y los servicios sociales del ayuntamiento se lo quitan.

miércoles, 6 de julio de 2011

-No te sientas solo.

-A veces, si pienso que soy el único hispanohablante al que la palabra alero le parece una de las más bellas del idioma español, me entra una congoja...
-...
-Me gusta cuando callas.
-No callo. Puntúo suspensivamente.
-Me gusta cuando lo haces.
-No te sientas solo.
-Es un pedido paradójicamente tierno, o tiernamente paradójico.
-Yo te acompaño, eso sí que es paradójico, conociéndonos como nos desconocemos.
-Tengo tendencia a escribir paradógico con ge.
-Lo sé.
-Te quiero.
-Te quiero suspensivamente.
-¿Recuerdas cuando discutíamos acerca de qué número era más misterioso?
-El tres o el siete.
-Ya ni sé cuál decía yo que era. Ni cúal decías tú.
-Antes, tu palabra favorita era almohada.
-¿Sí?
-Eso sí que lo recuerdo.
-Siete cardenales en el corazón.
-Sabina.

domingo, 3 de julio de 2011

-Diálogo un poco fantasma.

-La casa llena de libros llenos de casas de fantasmas lectores de libros de casas encantadas por libros llenos de fantasmas leyendo en casas encantadas de estar llenas de libros de fantasmas.
-...
-Diálogo un poco fantasma.
-...

viernes, 24 de junio de 2011

-Me da mucha vergüenza.

-Te escuché decir que todas las fotos de cuando fuiste feliz no son digitales.
-Yo nunca he dicho eso.
-Ya lo sé, sólo pretendía postergar el momento de hablar de las botas de montar.
-Ah, no sabía que quisieras hablar de las botas.
-Se lo comenté a mamá, y creía que ella te lo habría contado anoche.
-Sí, tu madre saca a relucir sus temas nocturnos para postergar el momento de la cópula.
-No quiero saber esas cosas, papá.
-De tal palo tal astilla: yo tampoco quiero saber. Tu madre no ha dicho nada de las botas.
-Me siento ridiculo cuando salgo del Mercedes con las botas de montar.
-Es necesario que salgas del Mercedes en algún momento del día.
-Elijo ese momento, como sabes.
-Hay días que nos demoramos demasiado tiempo hablando de cualquier cosa dentro del Mercedes.
-Me da mucha vergüenza.
-La práctica de la hípica conlleva ciertos sacrificios.
-Pero tal vez, no sé, si cambiáramos ligeramente de coche.
-Hay que saber elegir lo que se sacrifica, hijo.
-Uno de gama mínimamente más baja.
-Yo me siento orgulloso de mis botas. Es un orgullo bastante vano, pero qué orgullo no lo es, hijo.
-No lo sé. A mí me violenta ser visto bajando del Mercedes con mis botas de montar. Ese corto trayecto de la puerta del Mercedes a la puerta de casa...
-En este barrio las señas de identidad son seguidas a rajatabla por todos los vecinos. Ninguno de nosotros desentona.
-Somos una comunidad compacta, lo sé.
-No podemos permitirnos destacar entre gente tan destacable.
-Créeme que lo comprendo, papá, pero no puedo evitarlo.
-Tal vez deberíamos pedir ayuda psicológica.
-...
-Para ti.
-...
-De manera discreta. Nadie se enteraría. Ni siquiera tu madre.
-Si tú lo crees correcto.
-Sí, es mejor que tu madre no se entere de nada.
-...
-Ni Tudor.
-¡Claro que no! La culpa mataría a mi pobre caballo.
-Quedará entre nosotros.

martes, 14 de junio de 2011

-Una coma puede destruir una relación.

-Desde aquí, los días claros, se puede llegar a ver mi alma.
-¿Tu alma? Las más viejas del lugar, dicen que tal lugar no existe.
-Aunque algunas dulzuras con las que me disparas como si me quisieras me insinúen que quieres insinuarme lo contrario, frases como ésa certifican que has patentado el modo en el que quien te quiera querer debe quererte. 
-Y tú pagas el canon.
-Por la cuenta bancaria que me trae.
-Hay ocasiones en las que sé de qué estamos hablando.
-Y esta no es una de esas ocasiones, ¿a que no?
-Desde aquí, los días oscuros creo verte el alma.
-Los jóvenes del lugar, dicen que ya han estado dentro de ti desde el amanecer hasta el ocaso, durara lo que durara ese lapso de tiempo perdido.
-Y todos, absolutamente todos nosotros y todos ellos, los que vinieron y se fueron y los que vendrán y se irán, tenemos razones que las sinrazones no comprenderán jamás.
-Una coma puede destruir una relación.
-Y hacernos creer que puede construirla.
-Puedes hacer con mis comas lo que quieras.
-Eso decís todos cuando estáis a una yema de mis braguitas.
-A veces, las braguitas primero.
-Otras, lo último.
-La rutinaria falta de rutina.
-El orden de los factores no veas cómo me altera el producto.
-Antes. Ahora. Después. Son palabras inventadas por las relaciones de pareja.
-Modeladas por el instinto.
-O por la cultura.
-La gata siguiendo con la mirada el vuelo de una mosca.
-Deseando cazarla.
-Para jugar.
-O para cargársela.
-¿Conocerá la diferencia?
-¿La gata?
-¿La coma?


lunes, 30 de mayo de 2011

-Otra frase hecha.

-Seguramente antes de hacerlo pensó que la expresión acabar con su vida, era la apropiada para jugar antes de acabar con su vida.
-Le gustaba mucho desentrañar, o entrañar a su modo, las frases hechas.
-Quienes no le conocían decían que era un tipo solidario.
-Otra frase hecha.
-Creo que era un tipo solitario porque estaba rodeado de amigos solitarios que, como él, preferían no juntarse con nadie.
-Era más reconocido que famoso.
-Él no había aspirado a ser ninguna de esas cosas.
-Tal vez ese fracaso. Tal vez algún otro. Tal vez su exitoso modo de triunfar como perdedor. 
-Cualquiera sabe por qué alguien acaba con su vida o la de otro.
-La gente mata por razones sólidas: Raymond Chandler, creo.
-Y se mata.
-Ella cree que un día de estos dará con las razones que -ahí va otra frase hecha- lo empujaron hacia el precipicio.
-Lo vió aquella noche. Ella salía del restaurante, a las dos de la mañana, después de su jueves de trabajo. Ya era viernes, entonces. Él iría pensando que lloviznara en la ciudad que lloviznara, llamaba a esa lluvia garúa. Así en Praga como en Buenos Aires. Él no caminaba pegado a la pared, resguardándose bajo los salientes de las casas, las cornisas, los balcones. Bueno, llevaba su sombrero, claro, pero nunca lo concibió a éste como paraguas. Tampoco caminaba deprisa. Ni disfrutaba de la llovizna. Más bien le gustaba padecerla plácidamente. Todo lo contrario que ella. Él iba y ella venía. Y viceversa, claro. 
-Sabes como es.
-Sí, tal vez no sea verdad que él la mirara de reojo durante ese microsegundo que duró el cruce.
-Pero seguro que ella sí que lo miró.
-Y supo que era él. Por eso frenó en seco y se volvió, y por un instante se olvidó de la noche, del agua y del pasado que acababa de pasar junto a ella. 
-Y ella junto a él, claro.
-La noticia del día siguiente disparó la mitificación del momento. 
-Del genio.
-Del sabio.
-No sé si quiero verla, escuchar su teoría.
-Yo también prefiero leer el cuento que no tardará en escribir, que escucharla contar la experiencia que volcará en el cuento.
-Hay gente que es mejor por escrito.
-¿También lo dices por él?
-No lo sé.
-...
-No he dicho eso de pérdida irreparable en ningún momento.
-A mí también me ha costado bastante contenerme.

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