miércoles, 10 de marzo de 2010

-Elige.

-¿Cuánto me faltaba, por aquél entonces, para convertirme en un viejo gloria?
-Demasiado lúmpen para ser un lúmpen.
-Antes de hacer el amor contigo, había hecho el amor contigo con otras.
-Le gusta cuando quien la masturba es su lado masculino.
-Cada minuto que pasa va siendo hora de algo, pensó Bloch.
-Me había sobrevivido con elegancia.
-Desde aquí arriba todo se ve como si la eternidad fuera a diluirse de un momento a otro.
-La segunda ronda la pagó el inventor de la angustia de los domingos por la tarde.
-Antes de abrir la puerta pensó en ella pensando en el anuncio del laxante.
-¿Ya, no?
-No, van nueve, falta una.
-...
-Yo. Dejó los cubiertos sobre el plato como quien abandona definitivamente la esperanza a la que se mantuviera asido durante todo el primer plato.
-Bien.
-Elige.
-...
-¿Elijo yo?
-No.
-Mejor. No sé a qué tipo de historia le estás dando vueltas.
-Yo tampoco lo sé.
-Entonces elije una de mis frases. Y empieza.

lunes, 8 de marzo de 2010

-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?

-Me gusta ver dibujar. Ver a dibujantes dibujando. Ver dibujar a mi hijo. Disfruto viendo el proceso de dibujar. En Youtube muchos dibujantes cuelgan la evolución a tiempo real de sus dibujos.  Parece sencillo. Quise ser dibujante. Ejercí, incluso. Me faltó disciplina y voluntad para ser bueno. O simplemente correcto. Las letras le ganaron a las líneas.
-Y tú perdiste ante ambas.
-Tal vez, como dice el dibujante Oscar Grillo, dibujar es contar cuentos. Y yo digo, porque es fácil de decir después de leer lo que ha dicho Grillo, que escribir es como dibujar.  Escritura y dibujo comparten con toda naturalidad conceptos tales como línea, trazo, boceto, perspectiva, movimiento. La luz también tiene mucho que ver con los dibujos y con la literatura.
-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?
-Lo que hacen dibujantes y escritores, es iluminar. Dirigir intencionadamente las luces. Hacerlas incidir sobre la vida y sus objetos.  Se iluminan unas partes, dejando en penumbras, o a oscuras, otras. Las historietas y el humor gráfico que leí y vi desde chico me formaron en algún sentido. Formaron también mi visión literaria. Seguramente aterricé en Bradbury por haber sobrevolado las historietas de El Tony, Dartagnan o Skorpio. A lo mejor es que el dibujo se dejó ganar por las letras. En Argentina había y hay potentísimos dibujantes, ilustradores, humoristas gráficos, guionistas de historietas. También grandes escritores, claro. Me salía de los renglones. Me desbordaba por las contraportadas de los cuadernos. Por los pupitres. Me he perdido.
-Tranquilo, seguimos aquí. Estoy contigo.
-No sé muy bien que quería decir. O dibujar.
-A lo mejor querías hablar de cierta evolución.
-Sí. Evolución que parece estar trenzada por elementos más o menos casuales, o tal vez mágicos, pero que en realidad determinan una férrea, y a un tiempo, lábil carretera -neblinosamente señalizada, eso sí, para que te pierdas debidamente-  que te dirige inexorablemente hacia tu destino. Una carretera dibujada y escrita.
-Férrea y lábil. Joder.
-Escritura. Literatura. Dibujo. Historieta. Cine. Algo más. Lo último. Los que escriben, los que dibujan, pintan, etc., comparten también la intuitiva decisión de determinar cuándo una obra está terminada. El punto final. El último trazo.
-¿Ya?

Ilustración realizada por Miguel Villar.

martes, 2 de marzo de 2010

-Qué zafio.

-Mi estilo está hecho de todo lo que no sé hacer o hago mal. Mi estilo son mis limitaciones. Mi musa es de letras pero sólo de consonantes. Mis chistes de siempre son los de siempre. Mi sintáxis no se entera de nada.  Por mis mejores canciones cobra derechos Leonard Cohen. Mi Suzanne se fue sin mi música a ninguna parte. Mi relato más premiado sólo por mi está firmado por John Cheever pero el mejor de sus cuentos está escrito en ruso y es de un tal Chéjov (¡toma!). Mi mejor parte es una parte de mi peor parte. Mi misa no está presidida por un señor al que torturan. Mi mamá me mima. Mi maná me mina. Mi mina (argentinismo) me mama.
-Qué zafio.
-Mi misericordia me tiene bien surtido. Mi mejor perfil me ha sido birlado. Mi prisión tiene las bellas paredes de las que está construído mi amor. Mi amor tal vez no tenga explicación posible y con toda seguridad no necesita prospecto. Mi batalla final fue la anteúltima. Mi reino por mi reina. Mi asociación libre me apresa sin que me resista. Mi resistencia a no fiarme de mis prejuicios es inútil.
-Qué confuso.
-Mi mano izquierda sabe perfectamente lo que hace mi mano derecha otra cosa es que señale para otro lado. Mi disimulo me engaña con otro. Mi doble cobra el doble. Mi coartada me deja a los pies de los caballos. Mis misiones han sido incumplidas con éxito. Mi currículum también es una ficción.
-Mis más sinceras disculpas en nombre de mi amigo.

jueves, 25 de febrero de 2010

-Tienes que poner de tu parte.

-No hay modo de medir lo que pasa en el metro.
-...
-¿Te gusta?
-Sí. ¿Ahora vas a deleitar a tus lectores relatando vuestro encuentro en la línea 6?
-Siempre supe que lo superaríamos.
-Yo creo que nunca lo superaremos.
-Tienes que poner de tu parte.
-Eso pídeselo a ella.
-Ella ya no existe.
-Nunca superarás su número de teléfono.
-Fue hace cinco años.
-Te ruego que no vuelvas a soltarme eso del tiempo y las heridas.
-No lo haré.
-El pasado no deja de pasar. No es pasado, es pasando. Hasta que no aceptes esta verdad...
-¿Entonces, estamos perdidos?
-Claro. Pero desde antes de habernos conocido.
-No quiero estar perdido.
-A ver cuándo maduras.
-Fue en la línea 4.
-...
-Está bien que te confundas. Es un primer paso.

lunes, 22 de febrero de 2010

-No demasiado.

-¿Por qué lo has hecho así?
-¿Así cómo?
-Me lo has hecho como si se lo estuvieras haciendo a otra.
-No hace mucho me dijiste que me repetía, que siempre lo hacía igual.
-Ah, claro, por eso has decidido engañarme conmigo. Con la otra que puedo ser.
-Sí, por eso.
-¿Y te ha gustado?
-No demasiado.
-¿Prefieres a la que soy casi siempre?
-Al otro. Prefiero al otro que soy de vez en cuando.
-Bésame.
-...
-¿Qué miras?
-A ti.

jueves, 18 de febrero de 2010

-Pregúntale.

-Padre e hijo se arrastran por un mundo devastado. Hacia algún sur. Buscando el calor. El mar. Tal vez sólo buscando no detenerse. Yendo juntos a ninguna parte. Pordioseros helados. El amor más despojado en tiempos después del tiempo. Caníbales acechando tras los bastidores del escenario para siempre baldío. Un revólver. Un carrito de hipermercado. Ropajes robados a cadáveres. Te quiero, hijo. Te quiero, papá.
-La chica lee la novela en el metro. Está acabándola. Concentrada en la prosa seca y fría que hiela y puede hacer llorar. Tiene que ser complicado leer esa novela en el metro.
-La película es fiel a la novela.
-La novela es mejor.
-Ninguna novela puede ser mejor que una película. Ninguna película puede ser mejor que una novela. A mí me gustó la novela. También la película.
-Me gusta la chica que lee. ¿Crees que habrá visto la película?
-Sí.
-No.
-Pregúntale.
-Procuro no evidenciar mi patetismo en público.
-Lee a McCarthy y tiene unas piernas interminables. No encontrarás nada mejor en tu vida. No tienes ninguna otra esperanza de arribar a alguna calidez post-apocalíptica.
-Gracias, amigo.
-Uy, te ha mirado.
-Gilipollas.
-...
-No es tan alta.

martes, 16 de febrero de 2010

-Le gustaba la lluvia.

-Tiene la cara como acerada.
-El maquillaje.
-Está diferente.
-Eso es la muerte.
-Ya. Quiero decir que se ha desvirtuado un poco su rostro. El gesto. El rictus.
-La vida se le ha ido. Ha de ser eso.
-No vuelvas por ahí. Ya lo sé. Quiero decir que parece haber perdido otras cosas, además de la vida.
-Es sólo el envase. Y no es un envase desagradable. Si tuviera una cámara de fotos. 
-Si quieres mi móvil.
-¿Tiene cámara?
-Claro, no te lo dejaría para que llamaras al cadáver de
-Shhh... 
-No he levantado la voz.
-Olvidamos dónde estamos.
-No me des clases de civismo.
-A uno le entran ganas de reir en estos sitios. Llorar y reír. Estos son santuarios del contraste. La vida y la muerte.
-¿Alguna obviedad más?
-No, sigue tú, profundo de los cojones.
-Mira.
-¿Qué?
-El lunar.
-Sí, su famoso lunar.
-Más famosa era la constelación de lunares que tenía en
-Tiene. 
-Que tiene, sí.
-El caballo alado.
-Y dale. La constelación formaba más bien
-Forma.
-Forma una extraña cascada.
-Hubiera querido necesitar más de su...
-...
-...
-De su cuerpo.
-No, de su cuerpo no.  Del resto.
-Una cosa es dejarse tocar y otra dejarse querer. No se dejaba querer.
-A mí me quiso.
-Sí, claro. 
-A su esquiva manera. Yo no le correspondí como se merecía.
-Tal vez porque no se merecía más que...
-Permiso.
-Sí, perdón.
-Si nos diculpan. Tenemos que proceder al sellado del
-Sí, sí, claro.
-...
-...
-Parece que fuera llueve.
-Le gustaba la lluvia.
-¿Qué?
-Que me parece bonito que hoy llueva. Le gustaba la lluvia.
-De donde te sacas eso?
-Me lo dijo.
-¿Hablabais de eso?
-Poco. A veces. 
-Yo no hablaba. Yo iba a lo que iba.
-Yo también. Pero a veces me contaba algo. No sé, se aburriría conmigo.
-Nada personal. Se aburría con todos.
-Era una cualquiera singular.
-...
-Joder. Sí que llueve. 
-Dejaré escrito que no maquillen mi cadáver.
-¿Qué malo el café del tanatorio, no?
-Una auténtica mierda.
-¿Cuántos años le caerán al marido?
-No sé. Pero no estaban casados.
-Da igual.
-Sí, da igual.

viernes, 12 de febrero de 2010

-¿Es una ironía, no?

-Ya no escribo cartas. Ni marco naipes. Ya no le escribo a él. Ni a ellas. Ya no hago goles. Ni los evito. Ya perdí ante rivales indignos. Ya gané a alfeñiques con gafas. Ya empaté conmigo. Ya no hago listas de más de dos ítems. Ya no recuerdo el rostro de mi primera novia. Ya no pienso que todo tiempo pasado fue pasado. Ya no tengo nostalgia de cosas que tanto necesitaba.  Ya me sé el oficio. Ya se ha muerto papá. Ya puse la otra mejilla. Ya me robaron mi mejor perfil.  Ya soy añorado por quienes tanto me odiaron. Ya me gané el infierno. Ya pasó mi cuarto de deshora. Ya no vuelvo a no creer en algún dios. Ya me hice perdonar por mí. Ya no estoy para aquellos trotes. Ya tendréis noticias mías. Ya me espera desnuda. Ya no imagino a mi amigo imaginario. Ni qué decir tiene que ya ni qué decir tengo.
-Y ya tienes un hijo.
-Sí. Por lo demás, sigo siendo aquél.
-¿Es una ironía, no?
-¿Tú qué crees?
-Que sigues respondiendo algunas de mis preguntas con una pregunta.
-Hay cosas que nunca cambian.

miércoles, 10 de febrero de 2010

-Todo cambiará.

-La primera vez se me cayó el alma al suelo. La segunda, sólo hasta las rodillas. Una semana más tarde, mi alma ya no se movía de su sitio. 
-Una especie de forzada cura de humildad.
-¿Cura de humildad...? Prefiero las monjas de petulancia. Como las que atienden el comedor social.
-¿Se come bien?
-He comido en sitios mejores. Pero se come caliente. Y el postre es una fruta que te hace creer que podrás aguantar hasta mañana con una sola comida. Y lo cierto es que funciona.
-Puedes venir a comer a casa, no te lo repito más.
-No te preocupes, ya te he dicho que funciona. 
-¿Has hecho algún amigo?
-También van mujeres. Pero no, entre mi timidez y mi vergüenza -conservo mi alma en su sitio, pero está sonrojada- no levanto la vista del plato, ni la voz del pecho.
-Todo cambiará.
-No me importa seguir así. Es inspirador. Ayer, al salir del comedor -la cola era más grande que cuando entré-,  escribí algo que me vino durante la sopa. 
-Dime.
-Esto, léelo.
-A ver... Cuidado con el perro. Y mucho cuidado con el dueño. Bien. ¿Qué quieres decir?
-No sé.
-...
-El pan es lo más rico de la comida. 
-Siempre te gustaron los restaurantes que ponían esmero en el pan.
-El pan nuestro de cada día, ¿no?


lunes, 8 de febrero de 2010

-No-te-confundas.

-No te confundas conmigo.
-Pero, si no sé quién eres.
-Por eso te lo digo. Vete con cuidado.
-Empezaré por confundirme. Inevitablemente.
-No, no es inevitable. Puedes no confundirte. Si realmente lo quieres, puedes no confundirte conmigo.
-Acabo de conocerte. El único modo de acertar a la primera es haber acertado ya.
-...¿Qué? No me confundas.
-La única manera de no confundirme contigo es intentarlo con otro. Con alguien que me dé margen para comenzar por la confusión, y, tal vez, acabar aclarándonos.
-No-te-confundas.
-Entonces me voy. Lo dejamos aquí y me voy.
-Si ese es el modo que tienes de no confundirte conmigo, adiós.
-Me hubiera gustado intentarlo.
-No conmigo.
-¿No te gusto, no cabe la posibilidad de que al final de la noche te guste un poco, o mucho, y mañana, cuando pienses en anoche, te guste un poco más aún? A mí puede sucederme. No es seguro, claro, pero tal vez ocurra.
-¿Mañana dices? No, mira, ya te lo dije.
-Vale, no me confundiré contigo, entonces.
-Mañana tampoco, ¿vale?
-Buenas noches.
-Buenas noches.
-¿Te importa que lea un rato?
-No, no.
-¿No te molesta?
-No. Apaga la luz cuando acabes.
-Claro, cariño

jueves, 4 de febrero de 2010

-Es la única por la que te pasas al monólogo cada vez que te arrancas.

-Porque destroza los días de mierda. Esos irremediables que chorrean por las paredes, gotean del techo, forman charcos que la más eficaz chica de la limpieza alimentaría con lloros ante la imposibilidad de hacer algo al respecto. Pues ella coge displicentemente los días de mierda y los mete en las bolsas negras -o en las malas, las azules compradas en el chino- y los tira al contendor mezclados con restos los orgánicos de la cena de ayer, del desamor de antes de ayer, del sueño precario por su culpa y por la mía. Y te enteras al día siguiente de lo que ha hecho. Su discreción actúa de madrugada. Profetiza sin querer que ya no podrás dejarla. Que hará magia con tus zonas erróneas y -te pongas como te pongas- te sentirás un poco imbécil cuando saques a pasearlas delante de su cara de incredulidad. Tal vez te diga que ya has vuelto a hacerlo, con tono desganado que te desganará. Celebra así sus pequeños y merecidísimos triunfos sobre mi megacampeona gilipollez. Los funambulistas no pierden pie cuando la ven, porque para extraviar la cabeza hay que ponerse a la altura de sus ojos. Yo, desde que la conozco, vivo dándome golpes contra los muebles, rodando por los suelos, renovándome la mala sangre que me inyectan los hijos de puta que desean lo peor a la gente feliz. Tal vez fuera posible resucitar de no haberme homenajeado por primera vez y por la vez mil y pico con su desnudez devastadora. No me importa disponerme ante ella con pelos y señales. Pero ahora, claro, después de su enamorada acción de desescombro de lo que de mis tragedias ha quedado, estoy muerto y enterrado y soy el sustrato de flores que no disponen de nombres en latín de los que fardar, pero también carecen de espejos adolescentes en los que creerse menos sencillas de lo que son. Tus rarezas morenas me erizan las risas me comen las penas. Juegas con las comas de mis discursos y les das el sinsentido que se merecen. La convivencia mata la relación y otras pelotudeces están siendo bellamente pintadas y barnizadas de colores y brillos cambiantes que tiñen de verdades mentiras universales -o tiñen de lo contrario-, tales como que la fecha de caducidad del amor viene impresa en la ya madura tapa de mi corazón.
-Carmen, ¿no?
-...
-Es la única por la que te pasas al monólogo cada vez que te arrancas.

lunes, 1 de febrero de 2010

-Se acostaba conmigo por no hacerle eso a un amigo.

-Se acostaba contigo sin ánimo de ofender.
-Puede ser. Pero se acostaba contigo con sed contractual: lunes, miércoles y viernes.
-Eso parece un hecho irrebatible. Pero se acostaba contigo sin ánimo lúdico, sólo por vocación de someter, estarás conmigo.
-Clarísimamente. Del mismo modo, te digo que se acostaba contigo porque hoy no se acostaba con otro.
-¿Te crees que no lo sé? Pero no me negarás que se acostaba contigo por rememorar la segunda vez (la que no se olvida, aunque se intente).
-Obviamente. Claro que se acostaba contigo por no hacer el amor contigo.
-Sincerémonos: Se acostaba contigo porque era asistenta social y tú eres mi socio.
-Se acostaba contigo pero ahora sólo se acuesta conmigo.
-Se acostaba conmigo por no hacerle eso a un amigo.
-¿Amigo? Sólo somos socios, si no te importa.
-Como quieras. Pero por si te interesa, ella sigue siendo asistente social.
-Pues ándate con cuidado, entonces.

jueves, 28 de enero de 2010

-¿Psi o si?

-Eso es como dar por supuesto que un psicólogo posee el conocimiento certero de la psicología humana. Que sabría definir en una oración qué coño es la psicología humana. Que es consecuente -y eficaz- con la teoría que suscribe.
-¿Psi o si?
-Los expertos -horripilante palabra- poseen un desconocimiento cabal de la materia que dominan.
-La materia por la que son  dominados.
-¿Crees que un albañil, sólo por el hecho de dedicarse a la albañilería desde hace meses o años, sabe levantar una pared? Conozco arquitectos -por lo menos uno- que no saben hacer la "o" sin un Autocad. ¿Crees que un actor porno sabe hacer el amor?
-No necesariamente, pero sabrá deshacer el odio al menos.
-Creemos, sinceramente, que podemos reducir larguísimas palabras tales como "siempre" o "nunca" hasta darles el tamaño exacto para poder deslizarlas como regalos inolvidables por el escote de la mujer de nuestra vida.
-He pillado al actor porno que tiene los tres centímetros que me han sido reagateados. Le sigo la pista. No me preguntes por qué.
-No tenemos ni idea de nada. De nada. La vida de todos, de todos, consiste en engañarnos creyendo que engañamos a la incertidumbre que nos rige. Engañifas. Creemos tener certezas.
-Yo tengo un par.
-Yo creo creer que tengo una. Pero sé que creo tenerla.
-...
-Su lengua será mía de ahora en más.
-¿La lengua? Ya estamos parcializando...
-Lo creo creer con certeza. Casi todas las noches.
-Yo tengo un par de certezas.
-...
-No, no. Paso de decírtelas. Quiero seguir teniéndolas.

martes, 26 de enero de 2010

-Papá.

-Gracias por la Play.
-¿Qué?
-Gracias por la Play.
-¿Qué dices?
-Que ya lo sé.
-¿Qué sabes?
-Ya lo sé.
-No sé de qué me hablas.
-Que lo sé.
-¿Y qué es lo que sabes?
-No te hagas el tonto.
-No, en serio, ¿qué es lo que sabes?
-Sé que sois los padres.
-¿Los padres?
-He hablado con mamá, ¿vale?
-De qué.
-Papá.
-...
-Gracias por la Play.


viernes, 22 de enero de 2010

-Lo que acabamos de hacer.

-¿Y qué sé yo acerca de vosotras, de las lesbianas?
-Bueno, eres una de ellas, hermanita.
-Tú no. ¿Y qué sabes tú acerca de los hombres?
-Que a ti no te gustan. Poco más.
-No creo que a ti te gusten demasiado. Otra cosa es que los deseees.
-También quise. Aunque de su cuerpo, de sus partes, ya no me quedan restos, cercos. Recuerdo sus gafas. Pero sólo porque las conservo.
-Nada de mis amantes se queda en casa. Ni las gafas.
-Tendrías fácil ocultar los restos del paso de una mujer por tu cama. Papá, además, no quiere saber porque sabe. Es el peor de los ciegos.
-Papá es hombre y no me gusta, es verdad.
-Nos parecemos tanto tú y yo.
-Eso dice él. También sospecha de ti. Cree temer con seguridad que también tú, recónditamente, seas como yo.
-Papá enfermará mortalmente de nosotras.
-Mamá, en cambio, es inmune.
-Sí, la salva el creer que nos ama menos.
-¿Y esto qué es, en qué nos convierte?
-¿Lo que acabamos de hacer?
-Lo que acabamos de hacer.
-Esto ha sido sexo. Intrafamiliar. ¿Te arrepientes?
-No.
-Ni yo.
-...
-Como se entere papá, lo matamos.
-Como se entere mamá.
-Mamá conoce perfectamente lo que debe conocer y lo que no.
-¿Te ha gustado sentir mis
-Sí, claro. Me ha gustado. Pero tiene cierta lógica que haya disfrutado de ello. No cambia nada.
-No, tranquila, no cambia nada. Seguimos siendo hermanas.
-Amar, sólo amo sus gafas. El recuerdo de sus dedos. Quitándoselas. Poniéndoselas.


martes, 19 de enero de 2010

-Prologar.

-Ajustar el enfoque de un microscopio, de un telescopio, de una cámara. Afinar un instrumento. Aceitar un engranaje. Desperezarse. Carraspear. Levantar el auricular del teléfono. El preliminar del primer preliminar.
-Prologar.
-El taco, tanteando la esperanza del golpe perfecto, deslizándose adelante y atrás entre tus dedos.  El iris proyectándole el destino al gamo a través de la mira. El animal oliendo repentinamente la bala virgen y la última muerte. ¿Cuándo comienza lo que comienza? ¿En la oscuridad previa es donde se cuece la posibilidad de la luz? Cuando estiramos el brazo hacia el interruptor, la luz ya se ha encendido. Arrepentirse y no encenderla también inaugura lo siguiente. ¿Comenzamos a ser extranjeros al nacer? ¿O al nacer la unión de nuestros padres? ¿De nuestros abuelos? Los músculos tensándose para comenzar a huir o comenzar a quedarse. La fuerza de la costumbre forzándose una y otra vez a acostumbrarse. El desayuno. La primera adrenalina de la mañana.
-Cuando dices que no sabes cómo empezar, en realidad siempre ya otros han comenzado por ti.
-El nunca acabar y el siempre empezar ya lo han acabado y comenzado otros.
-O sea tú.
-Y tú también.
-El primer trago.
-Bien. ¿De qué irá la entrada de hoy?
-Ya fue.



jueves, 14 de enero de 2010

-Ahora se parece bastante a ti.

-¿Y si dentro de no sé cuántos años resulta que se muere sin haber escrito un poema? No ya uno bueno, o digno. Un miserable poema, quiero decir. Eso que decía Picasso, que los niños son artistas, el problema es que lo sigan siendo cuando dejan de ser niños. ¿Y si ese... potencial
-Qué palabra horrible.
-que ahora se percibe en sus dibujos, después no cuaja, no se solidifica, no se transforma en lo que uno anhela, tal vez neciamente? Ponle que su vida se le va sin haber manipulado jamás una melancólica marioneta. O un triste títere. ¿Si él acaba encarnando lo que yo aborrezco?
-¿Temes que se parezca a ti?
-Me da igual que nadie reconozca en él rastros genéticos de mí. Lo que me mutilaría es no reconocer en él, en el futuro, rastros del que es ahora.
-Ahora se parece bastante a ti.
-Es lógico que ahora se parezca a mí. Es mi hijo. Y también puede esperarse que mañana se parezca a mí. Soy su padre. Pero quiero decir después, pasado mañana, cuando la vida con su devastadora labor haya hecho añicos la mía, y la suya. Cuando sólo para los muy allegados claramente él sea mi hijo y yo su padre. Cuando a los demás, al mundo, haya que explicarle nuestro grado de parentesco porque nada a primera vista evidencie cuál es. ¿Y si acaba por ser un contable que olvidó pintar gatos? ¿Y si el único poema que escriba no es más que una transcripción fidedigna de uno de Neruda? ¿Y si ambos perdemos las claves que me hacen decir tonterías que lo hacen reír y avergonzarse secretamente de reírse de las tonterías que digo para que ría?
-¿Y si lee esto que acabas de escribir?


miércoles, 23 de diciembre de 2009

-No sé qué decir.

-Herrumbre. Lodazal. Óxido. Llamo a las puertas de palabras que no me atienden. Almohada. Pesadumbre. Neblinoso. Escondidas tras los vocablos, acechantes tras mi falta de talento, tras la triste última preposición. ¿Cuál es el antónimo más certero de falta de talento? Esperan que me marche sin haber cometido contra ellas ningún intento de ordenarlas bella y sinceramente. Pacientes, esperan quedarse a solas. Cuchichear entre ellas, cada vez en voz más alta. Hasta llegar a la cima de las voces. Y desde allí arriba lanzar sus risas complacientes montaña abajo. El alud me sorpenderá de espaldas. Sin darme tiempo a gritarles mi venganza. A aplicarles mi media sonrisa. A humillarlas haciéndole saber lo que ya saben. Que sin mí, ellas no son nada. Herrumbre. Lodazal. Óxido. Y todas las demás. En polvo os convertiréis si no abro la boca, el cuaderno, Word, mi lápiz. Boca abajo bajo las voces. Sin poder pronunciar palabra. ¿Cuál es el antónimo más cabal de sepultado?
-No sé qué decir.
-Ya has dicho lo imprescindible para que esto sea un diálogo.
-A veces me siento utilizado.


lunes, 21 de diciembre de 2009

-No tiene importancia.

-¿Por qué ahora?
-Surgió. No sé.
-Por favor.
-No tiene importancia.
-Tú no crees que no tenga importancia. Si has esperado cinco años y... tres meses para decírmelo, es que la tiene.
-No hay ninguna intención detrás.
-Por favor.
-Piénsalo. Sinceramente, no es importante. No cambia nada.
-...
-No me seas niño.
-Y tú no me seas tramposa. No crees que mi actitud sea infantil. Crees que diciéndome que soy infantil me atacas por un flanco que me duele. Que me deja sin aire. Esa forma tuya de callarme la boca.
-No sigas.
-Deberías sincerarte.
-No te he mentido.
-Deberías decirme por qué ahora. Por qué has tardado cinco años y tres meses en contarme que te habías acostado con un ciego.
-¿No te sientes ridículo al escucharte decir esa frase?
-No.
-Deberías. Repítela.
-Pero contesta.
-Fue hace ocho años.
-Pero contesta.
-No tengo ninguna razón. No hay plan, amor.
-No te lo crees ni tú.
-Un ciego.
-No fue nada. Ha sido una vez. O dos. No tiene importancia.
-¿No fue nada? Ha habido una guerra mundial. O dos. No tiene importancia.
-Venga, por favor. Subamos a verlo.
-Me voy a la cama.
-Pero... ¿Cuánto tardaste tú en contarme lo de las hermanas?
-¿Eh?
-Lo de la noche de fin de año con las hermanitas.
-Es incomparable. Y te lo dije dentro del primer añ
-Ah, que las confesiones de historias pasadas valen si se hacen dentro de los primeros trescientos sesen
-Déjalo.
-Venga, amor.
-...
-Querías verlo.
-Hasta mañana.
-Por favor, olvídalo, no ha dejado ningún rastro.
-...
-Amor, anda. Subamos a ver el eclipse.
-Ya no quiero verlo.


jueves, 17 de diciembre de 2009

¿Allí dónde?

-Es la última vez que se lo pregunto.
-No le creo. Lo dice sin convicción. Las cualidades que le han hecho creer que tiene le harán insistir y volver a preguntármelo, una y otra vez.
-No me gusta la actitud que tiene.
-También pensarán eso de mí quienes he dejado allí.
-¿Allí dónde?
-Créame que comprendo que no me crea, pero no sé dónde. He venido a un sitio que desconozco desde uno que he olvidado. Misión cumplida.
-Negándose a identificarse sólo hará que demoremos algo más en averiguar su identidad. Nada más.
-Averiguar mi identidad es un empeño vano por su parte. Es también un vano empeño por la mía.
-Vamos, usted no puede ser de muy lejos. Hablamos el mismo idioma, aunque su acento...
-Idioma. Acento. A esto llamo yo tirar de la lengua, si me permite la gracia. Pero está bien. Creo que las palabras nos incomunican, pero los tonos, las intenciones, el aire entre los dientes y los vocablos pueden acercarnos. Un poco.
-En otro ámbito, con una cerveza de por medio, me interesaría por su absurda cháchara, pero compréndame, no estoy aquí para compren... Perdón, ya ha hecho usted un juego de palabras parecido a este hace un momento.
-No se conduela de sí mismo. Es un sargento que aprende rápido. No hay muchos que puedan vanagloriarse de lo mismo.
-Sabemos que ha huído. Que ha dejado atrás... cosas. Una familia. O un amor. O simplemente una memoria. 
-¿Sinceramente cree que uno puede alejarse de algo o de todo eso?
-Tomar distancia.
-Me cae usted muy bien, sargento. Me gustaría ayudarlo. Colaborar con su trabajo. Ponérselo fácil. Pero no sé qué hago aquí. Tampoco sé qué hacía allí.
-¿Allí dónde?
-Lea la transcripción de esta charla, sargento. Quince o veinte líneas más arriba. Se encontará con la misma frase que acaba de decir. No se sienta mal, o torpe, o ineficaz: ¿Quién no se repite unas veinte líneas más tarde?
-¿Se ha ido para no repetirse? ¿Ha huído de eso? ¿No quiere que le ayudemos a saber quién es? ¿A volver?
-Nos estamos conociendo. Además, por lo que se ve, y por lo que ya no alcanzo a ver, soy un hombre nuevo.
-Eso parece.
-Y usted también. Usted también es un hombre nuevo, sargento.
-No me deja otra salida.
-Calma, uno no deja de repetir los mecanismos incorporados a su oficio de un momento para otro.
-Tendrá que pasar la noche en comisaría.
-Uno no puede chasquear los dedos y decidir que ya no cumplirá con su deber.
-Tengo que tomarle las huellas digitales.
-Uno no se escapa así cómo así de una cárcel tan largamente construída.
-Primero el pulgar derecho.
-Lleva su tiempo.


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