miércoles, 21 de diciembre de 2011

-Qué elegancia.

-Le gusta ello. Prueba de ello es que siempre prueba de ello.
-Qué elegancia.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

-Teme a la blandurria actitud pseudo poética.

-No temas a la poesía.
-Teme a la blandurria actitud pseudo poética.
-Y, como decía aquella antigua sentencia que cerraba otras antiguas sentencias que la precedían, y que no hablaba de poesía sino de un antiguo tema que olvidé -creo que tenía algo que ver con Dios y con aceptación- como olvidé no sé dónde aquél póster adolescente -en donde venían impresas las sentencias- perdido hace tanto que tal vez jamás tuve y seguramente vi más de una y de cien veces en diez o cien tiendas, y, quizá, en la casa de algún amigo o amiga o conocida o conocido de mi primera juventud -¿cuántas juventudes hay y cuál es la sentencia última que la sentencia?-, ¿y por qué razón pienso ahora en ese galgo de tres patas que a veces veo en la Plaza de la Paja?: dame sabiduría para reconocer la diferencia.
-¿La sintáxis y tú en qué punto estáis?
-Ella y yo no estamos en punto alguno. Estamos en coma. En una coma.
-Deja la bebida, anda...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

-Una fantasía común.

-Hay gente que se disuelve. Empieza a desenfocarse levemente. Mientras busca justificaciones en la niebla, las gafas, o la caprichosa luz envenenando las sombras, sigue desvirtuándose. El espejo comienza a devolver sólo partes arbitrarias de rostro y cuerpo, y hace pasar al otro lado rasgos que se creían definitivos. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Parece que fue ayer. Los demás ya no se extrañan. Tu madre no se justifica por no haberte llamado, y tu hija da por hecho que el trabajo te ha retenido para siempre lejos del hogar. Tu esposa deja de buscar coartadas y trae a su amante a la casa que ya no mantienes. La ropa colgada en sus perchas se entiende cabalmente como una escenografía pretendidamente nostálgica que no hace llorar a nadie. El sepia de las fotos acelera de cero a un siglo en pocas semanas. Finalmente, un buen día, hay gente que desaparece. Desaparezco.
-Una fantasía común.

viernes, 25 de noviembre de 2011

-De esto no se sabe.

-Me da miedo la esperanza.
-Bueno, es un comienzo.
-Tetas pequeñas y cerebro grande. O viceversa. 
-Es otro comienzo.
-¿Por dónde empiezo?
-No sé. Tú eres el que sabe de esto.
-De esto no se sabe.
-Empiezo yo, entonces: mi chica maneja los silencios como nadie.
-Mi chica los maneja mejor.
-Tumbada al sol durante toda la noche.
-Llevo mal que la compartamos, pero llevo peor los chistes al respecto.
-Yo tampoco sé de qué me río.
-De tu amargo humor.
-Me da risa la esperanza.
-Yo tengo mis esperanzas puestas en un banco suizo.
-¿No crees que exista alguna posibilidad de que se decida por uno de nosotros, por uno de sus amantes femeninos o masculinos, por uno de esos objetos suyos?
-La esperanza es lo primero que se pierde.
-Bueno, no cantemos victoria, entonces. Pero cantemos.
-Empieza tú.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

-Se ruega puntualidad.

-Cada minuto mueren sesenta segundos en este país.
-Sí, sesenta.
-Y las cifras son notablemente similares en el resto del mundo.
-Nadie parece tomarse demasiado en serio esta catástrofe humanitaria.
-La Comunidad Europea sólo aplica parches vanos. En otoño atrasan los relojes una hora, pero seis meses más tarde parecen comprender lo inútil de la medida y vuelven a adelantar esa hora.
-En el reciente debate electoral, por ejemplo, no ha habido ni una sola mención al trágico tema de la mortandad de los segundos.
-Es más, en ninguno de los programas electorales de los partidos políticos del mundo se tiene en cuenta este drama.
-Tan sólo alguna organización no gubernamental, como Save the Seconds, lucha por paliar esta debacle de los segundos.
-Es inadmisible que en vez de apoyar las campañas de esta ONG, se la critique por exhibir crudamente los cadáveres de los segundos muertos.
-Lo cierto es que sesenta segundos siguen muriendo cada minuto de cada día, y no somos capaces de hacer nada.
-No esperemos ni un segundo más.
-Para mañana hay convocada una concentración frente al reloj de la Puerta del Sol de Madrid para despertar la consciencia de la gente ante esta matanza. Es a las siete de la tarde.
-Se ruega puntualidad.
-¡Salvemos a los segundos!

miércoles, 2 de noviembre de 2011

-La sirena.

-Obviamente no creo en ellas. Encontré la sirena varada en la playa de San Bernardo. Después de escribir esto consultaré la RAE. Buscaré el vocablo varado. Tal vez deberé cambiarlo. La sirena estaba en la playa, tal vez sólo descansando. O meditando. Eran las cinco y media de la mañana. No quiero contar lo que me había pasado hacía algunas horas, esa noche, esa madrugada que estaba ya yéndose. Digamos que acababa de tomar consciencia de que había perdido algo. Algo querido que se oscurecía  a medida que comenzaba a imponerse la luz que iluminaría aquel día. Desde lejos supe que aquello que estaba varado, o pensando, allí, era una sirena. Seguí mi camino. Acercándome a ella. No porque quisiera ir a su encuentro, sino porque la sirena tal vez varada estaba en mi camino. Yo volvía a casa. Ella también. Tal vez me observó de reojo. Se arrastró -si es que es eso lo que las sirenas hacen cuando se desplazan sobre la arena- hacia el mar. Tardó en perderse mar adentro. Creo no haberla incomodado demasiado. Lentamente volvió y yo volví. Me desnudé y dudé. Finalmente no entré en el mar. Me quedé en la orilla. Varado, cansado, meditando. Enseguida apareció en la playa una figura a lo lejos, tal vez proveniente del muelle. Acercándose hacia mí. Me vestí y me alejé de la sombra que se acercaba. Sin intentar  descifrarla. Digamos que hacía un par de horas que acababa de perder algo. Y hacía dos minutos que acababa de confirmar que las sirenas no existen. Salvo en la ficción. Que es el sitio en el que la realidad se escribe al salir del mar, de la niebla, de la tierra, de los volcanes, del cielo, de los estómagos, de los vapores de la memoria, del desamor.
-La sirena.
-Me metí en la ducha y pude ver un par de escamas tornasoladas desaparecer por el desagüe de la bañera. No me preguntes por qué, pero pensé en Bradbury.
-No necesito preguntarte por qué.
-Varada está bien.

viernes, 21 de octubre de 2011

-Encendido.

-Hay una oferta de hastío que me resisto a comprar.
-Pero llegan las rebajas del asco.
-Y es difícil contenerse.
-Te lo ponen tan asquerosamente fácil que no es fácil.
-Con los escudos de belleza y pasión que mis entrañas llevan maleando durante tanto tiempo peleo para no sucumbir.
-Pero el asco acaba manchándote un poquito o un mucho.
-Compro, sí, al final compro.
-Es repugnante, pero con esos precios, ¿quién puede resistirse a pasar toda la tarde delante del televisor?
-Encendido.
-Si no quedas satisfecho te devuelven a un estado irrecuperable.
-...

viernes, 7 de octubre de 2011

-Pintor cubista los tiene cuadrados.

-Se ahoga enaguas turbulentas.
-Corredor de la muerte no le da alcance a ésta.
-Sirena transexual se implanta escamas en los pechos.
-Le planta cara y le florecen caritas.
-No está seguro de ser gay frecuenta bares de medio ambiente.
-Matemático cae en la cuenta.
-Tenor se convierte a tenorete para cantar operetas.
-Al parecerle despectivo que le llamen peatón pide que le llamen gran peato.
-Tres tristes tigres comen trigo en un trigal mientras se preguntan qué coño hacen comiendo cereales tan lejos de la selva.
-Cuarteto de escritores que lo escriben todo se hacen llamar Los cuatro jinetes de la poca elipsis.
-Piensa y, sin embargo, continúa sin existir.
-Sufre doble mutilación al perder el culo por una mujer y la cabeza por otra.
-Se cambia el sexo, pero sólo de lugar.
-Se le aparece la virgen y no tarde en comprobar que de virgen nada.
-Famosísimo ladrón de guante blanco atraca modesta joyería de barrio porque no se le caen los anillos.
-Paloma jueza bebe en las fuentes de la investigación.
-Le cae bien y lo aplasta.
-Párroco adicto muere de sobrediócesis.
-Cabo suelto se recupera de su diarrea en la enfermería del cuartel.

jueves, 29 de septiembre de 2011

-Gracias.

-Afuera puede que haya una ciudad frustrada. Tal vez un puente precioso del que solía arrojarse gente. Quizá cerca pase un río que casi no pasa. Hay gente que veo casi todos los días. Hay personajes que se encarnan a sí mismos cuando salen a la calle. Afuera puede que haya una ciudad que los turistas aprecian. Tal vez rincones en los que oculto un rincón para resguardarlo de mí. Quizá escalinatas alentadas por el dasaliento de un escalón tras otro. Hay mujeres que dicen querer lo que las contradice. Hay hombres que apuntan a no dar. Afuera puede haber una ciudad que mi hijo acaba de abandonar. Por primera vez en su vida y la mía, entra en casa con su llave estando yo dentro. Salgo de la cocina donde estoy preparando la comida para él y para mí, y nos encontramos en el pasillo. Acaba de llegar del instituto. Nos besamos. Dice que le ha ido bien. Pienso en lo inédito de la sensación de recibirlo a él que entra solo en casa. Parece que fuera lo más natural del mundo. Pero no lo es. Comemos. Hace los deberes. Escribo. Juega a la Play. Cae la tarde ciudad abajo. Hace unas pocas horas ha ocurrido algo que no había pasado nunca.
-Voy a decir algo para que sientas que no traicionas tu tantas veces traicionado formato diálogo.
-Gracias.
-De nada. Para qué están los amigos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

-Odia dibujar por encargo.

-El señor que no existe y que mi hijo Miguel dibujó displicentemente una tarde de sábado -como quien no quiere la biografía del que está dibujando- tiene una biografía entre un millón.
-Tiene cara de siglo 19.
-Y de tranvía 28.
-Ha sobrevivido a su esposa.
-Pero no a su hijo pequeño.
-Ni a la culpa de aquel accidente.
-¿Crees que el accidente ha devenido en ese rictus?
-A mí me parece evidente. Y también le parecía una consecuencia lógica a la que fuera su mujer.
-¿Sigue habiendo parejas cuyos integrantes mueren sucesivamente, con diferencia de meses, un año a lo sumo?
-Pídele a tu hijo que dibuje a una de esas hipotéticas parejas actuales. Y a ver.
-Odia dibujar por encargo.
-Eres su padre, sabrás obligarlo a que lo haga.
-Para ti es fácil decirlo.
-...
-Puedo acabar siendo pasto de sus trazos.
-No había pensado en eso.

Ilustración de Miguel Villar

jueves, 15 de septiembre de 2011

-Me siento a esperar.

-Antes de escribir lo que voy a escribir -si es que finalmente queda algo de lo escrito- me pregunto, me estoy preguntando, por qué escribo estas cosas aquí. En este formato. En lugar de no hacerlo en ningún otro.
-Me duele todo el cuerpo. No hay frase más vaga que me duele todo el cuerpo. Pues me duele todo el cuerpo. No exactamente todo. Sería imposible de soportar que realmente, en el grado que fuera, me doliera todo el cuerpo. Y yo sí puedo soportar este dolor de cuerpo. De todo el cuerpo. 
-Me duele desde hace dos días. Me duele desde después de la discusión. De la explosión de hace dos días. Exactamente, éste dolor, comenzó una noche más tarde.
-En cierto modo me duele todo el cuerpo porque en mi casa hay dos mujeres.
-Parecen tener sus dominios bien delimitados. Una, desde la entrada hasta la zona del salón. La otra, desde el salón hasta el balcón -incluye la habitación, la cama-. El salón es una especie de territorio difuso, tierra de todos y de nadie en la que ninguna de ellas se esfuerza por imponer su gobierno. Allí conviven. Convivimos.
-Me dolerá todo el cuerpo hasta que una de ellas -o ambas- haga algo por mi dolor.
-Sin proponérselo -porque no saben qué ni cómo ni por qué deberían firmarme el destino- el futuro de mi dolor está en sus manos. ¿Harán algo? ¿Me quedarán fuerzas para escribirlo?
-O muero de una lenta decadencia que me ablande por completo, que me ague, me licúe, y me permita,  finalmente, huir por el desagüe de la bañera; o exploto de explosión coronaria de una vez y para nunca.
-Me siento a esperar. 
-Una -o ambas- no puede tardar en decidirse.
-Cómodamente. Estoy tan cansado. Me duele tanto todo el cuerpo.
-Estoy a verlas venir.
-Se venía venir, decía mi hijo hasta hace bien poco.
-Hablo conmigo.
-¿Por qué me extraña tanto entonces que escriba en este formato en el que parece que somos dos quienes dialogamos?
-Escribo guiones, y otros signos de puntuación.

lunes, 12 de septiembre de 2011

-Ahora ya lo tengo todo claro.

-No serás como quería que fueras.
-Hay un desacuerdo inacordable.
-Seguiré siendo mayor que tú.
-Te envejeceré desde un plano cenital.
-Nuestros nervios tienen asegurado salirse de sus quicios.
-Sé oscuros los poemas anteriores.
-Y claroscuro que el actual es de amor.
-Sea eso lo que sea exista o no.
-Tengo claro que lo tienes claro.
-Y que me perdonarás haber callado por tu boca.

lunes, 5 de septiembre de 2011

-Qué gran mentira.

-Lo primero que encontró cuando salió a la calle fue una rata muerta en el portal de la pensión. Le dió una patadita displicente que la hizo descansar al lado del bordillo, en la calle, después de rodar suavemente por la acera. Pensó que el toque no se pierde nunca. Ese toque de derecha, con el exterior del empeine. No era la primera vez que encontraba una, y, como en ocasiones anteriores, su derecha mágica hizo lo que quiso con la rata muerta.
-Pensó en balones de fútbol y en cadáveres de ratas. Le pareció que esa conexión era una metáfora del recorrido de su vida profesional. Se rió para sus adentros ante un hallazgo que no pudo evitar apuntar en su libretita. Se detuvo a las puertas del bar de la esquina, entorpeciendo la salida a una octogenaria con malas pulgas: Toda mi vida es profesional. Cuando acabó se apartó de la puerta. Guardó la libreta y el lapicito mientras cruzaba una mirada con la señora. Y entonces supo que tenía malas pulgas.
-Como cada día le sobrevinieron cinco jugadas especiales. Especiales para él. Las recordaba todas. Y no sólo goles. También pases de gol. Y algunos toques que nadie registró ni siquiera en el momento en que ocurrieron, antaño. Cada día recordaba cinco jugadas diferentes. Más o menos trascendentes. Las recordaba con pelos y señales. Todo el día rememorando estas cinco, incluído algún que otro gol. Mañana volvería a marcar otros cinco goles, o a dar otros cinco últimos pases, o, simplemente cinco toques sutiles. Y pasado mañana otros cinco recuerdos con balón. Su vida era profesional tal vez porque cobraba por recordar lo que había sido. Le pagaban monedas anónimas. Bocatas lastimeros de los mismos bares de siempre. Cigarros de quienes decían recordar quién era el dueño de esa derecha mágica. Gente que lo había visto jugar, y creían haberlo visto mendigar.
-Algunos, a veces, le pedían hacerse una foto con él. Quisieran o no, él siempre les dejaba escrito en el aire El toque no se pierde nunca. 
-Qué gran mentira.
-Cuando volvió a su casa por la noche -medio borracho, porque lo primero que perdió cuando empezó a perder fue la posibilidad de emborracharse por completo- la rata ya no estaba. La acera parecía recién baldeada. Y la calle. Miró hacia arriba antes de meter la llave en la cerradura. Y se convenció de que llovía de un modo que, de no tener tantos toques bajo los que cobijarse, lo pondría muy triste a uno.


viernes, 2 de septiembre de 2011

-Ya estoy en la calle.

-Ahórrame el papeleo.
-Desnúdate.
-Dame de comerte.
-No enciendas el cigarro de después.
-Déjame decirte que ya conozco la salida.
-Evita preguntar si te llamaré.
-No te escucho.
-Ya estoy en la calle.
-Haciéndome preguntas absurdas.
-Del tipo ¿Por qué hago estas cosas contigo?
-El taxista me pregunta ¿Perdón?

martes, 30 de agosto de 2011

-Te habrás quedado a gusto.

-En casa. Solo. Bobo. Aburrido. Ido. Desnudo. Peludo. En el pasado. Asado. Gordo. Torvo. Desganado. Malvado. Sudoroso. Pastoso. Maloliente. Hiriente. Haciendo un despreciable cadáver exquisito con partes arrancadas a pesadillas con mujeres. Así es como consigo sentirme el ídolo local.
-Te habrás quedado a gusto.
-...

martes, 23 de agosto de 2011

-Los pies.

-Empieza tú.
-Los pies.
-El título se lo ponemos al final.
-Vale.
-Empieza.
-El tipo mirándole los pies a la chica.
-La tiene enfrente.
-El vagón del metro está casi vacío.
-Yo también estoy allí.
-De pie.
-Al principio el tipo mira con disimulo.
-Al final, sin él.
-Ella juega con el señor.
-Mueve los deditos.
-Arquea el empeine.
-Oculta el pie derecho tras el izquierdo.
-Y viceversa.
-Tiene un gran dominio de la viceversa.
-Se quita el anillito que lleva en el dedo anular del pie izquierdo.
-Se lo vuelve a poner.
-Ahora tendría una visión suprema del escote.
-Pero sólo tiene ojos para sus pies.
-La cara del tipo es una oda al gesto desencajado.
-Suda.
-No quiero saber si hay evidencias de su inquetud a la altura de la bragueta.
-Vergüenza ajena.
-La chica se pone de pie repentinamente.
-El tipo sigue allí.
-Parece querer disimular su congoja quedándose helado.
-La chica se baja.
-Yo me bajo.
-Aquella señora del fondo se baja.
-Es el fin del trayecto.
-El tipo sigue allí.
-Parece una marioneta de hilos destensados.
-Se queda solo.
-Metido en su silencio.
-Un guarda jurado lo coge del hombro y lo sacude levemente.
-Lo cree dormido.
-Profundamente.
-Siempre hay uno que se queda dormido.
-Casi siempre se trata de un hombre.
-Lo llama.
-Señor...
-La marioneta parece haber perdido a su dueño.
-Fin de trayecto.
-Una expresión muy acertada.


lunes, 15 de agosto de 2011

-Eso son las palomas.

-Era extremadamente ciclotímica. Lo supe la primera vez que lo hicimos. Comencé a hacer el amor con ella sabiendo que ella era la ella con quien estaba haciendo el amor. Pero cuando llegué al clímax, media hora más tarde
-Menos lobos, Guolquer.
-Quince minutos más t
-Ejem
-arde, era otra mujer.
-A mí también me cambiaste la primera vez.
-No, no me entiendes: entré en Clara Giménez, y salí de Alanis Deco.
-Ay, pero si las conozco a las dos.
-Yo también, íntimamente, como te digo.
-¿Esa fue la experiencia que te hizo homosexual, Guolquer?
-No, esa fue la experiencia que me hizo ingeniero agrónomo.
-En el pasado era una carrera con futuro.
-Se me mueren las plantas, ya lo sabes.
-Sí, nuestro baobab desfallece lastimosamente en su macetita del balcón.
-Eso son las palomas.
-Y las gaviotas, y los murciélagos, y ese extraño pajarraco, ya sabes.
-Eres el único al que autorizo que llame así a mi madre.
-Tu madre ha muerto hace quince años, Esmit.
-Es la última vez que te lo explico: el que murió fue el fantasma de mi madre, pero ella sigue viva, Guolquer.
-A veces me pierdo, amor.
-A veces no te encuentro, cari.
-Siempre nos quedará el bidé.
-Nuestro querido meeting point.

lunes, 8 de agosto de 2011

-Va a Tímidos Anónimos pero le da corte entrar.

-Corre el tour de Francia en otro país porque odia a los franceses.
-Engaña a su esposa con su esposa.
-Demanda a su pene por incumplimiento de contrato.
-Nace y se disculpa argumentando que es la primera vez que le pasa.
-Después de hacer el amor finge que se fuma un cigarrillo.
-El toro de Osborne y La Vaca que Ríe anuncian su enlace.
-Astronauta se divorcia porque necesita su espacio.
-Tiene presentimientos a posteriori.
-Sorprenden a buceador haciéndose una raya.
-Cazan a catorce cámaras en safari fotográfico.
-La maja desnuda se opera los pechos al óleo.
-Actriz porno se viste por exigencias del guión.
-Paga con su vida y no le dan la vuelta.
-Harto de ducharse a diario se coge un baño sabático.
-Deja de beber con moderación y comienza a hacerlo solo.
-Treintañera acaba con la vida de ocho mujeres en una boda y se hace con el ramo de la novia.
-Adán pide la hoja de parra de reclamaciones.
-Llama al pan pan y al vino vino pero ninguno de los dos acude.
-Deja de hacer el amor y comienza a comprarlo hecho.

sábado, 30 de julio de 2011

-Todas.

-Era fea, zafia, mala y sucia.
-Pero.
-Pero tenía estilo.
-Amigo.
-Un estilo único que se me hizo insoportable de sobrellevar.
-Como siempre.
-Sí.
-Te pasó lo mismo que con las guapas, elegantes, buenas y limpitas.
-Siempre acabo teniendo la culpa de que ellas sean como son.
-Ellas lo creen así.
-Todas.
-Y llevan razón.
-Tienen más razón que una santa.
-Y mucha más que una puta.
-Mi destino es repetirme.
-Y el de ellas.
-Entonces, ¿de qué coño me quejo?
-...

martes, 26 de julio de 2011

-¿Y cómo murió?

-Ya sé que Lucien Freud no inventó la carne.
-Ni su abuelo.
-Pero lo olvido cada vez que veo alguna de sus pinturas.
-Me caigo otra vez de culo siempre que recuerdo aquella exposición suya.
-La piel de gallina.
-Tampoco inventó la piel.
-Ni su abuelo esas miradas que no pueden ser salidas de un pincel. De una pintura. De un trazo.
-Me acerqué hasta casi tocar con mi nariz ese cuerpo.
-Y era mentira que lo estabas viendo, ¿no?
-Mi nariz al lado del lienzo parecía una falsificación de la naturaleza.
-¿Y cómo murió?
-¿Quién?
-Lucien Freud.
-No lo sé. Pintando una de sus venas imposibles de pintar.
-Creemos que no somos como él nos pinta.
-Que no estamos hechos de lo que su abuelo dice que tenemos dentro.
-Eso que nos traiciona.


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