martes, 13 de abril de 2010

-Hablas como un perdedor.

-He nacido antes de tiempo. Horas antes de tiempo. O tal vez sólo años antes. O hermanos antes de tiempo. Quizá por eso todo lo que llega, lo que me llega, me llega tarde. A destiempo. Lo que finalmente llega, llega  después del final.
-Más vale tarde que nunca.
-No, tarde es tarde.  Tarde es nunca. Cuando se acabó el partido.
-La vida no es un partido de fútbol.
-Te equivocas. La vida es un partido de fútbol. Es una pelea de boxeo. Es una partida de ajedrez. Empieza, acaba, alguien gana y alguien pierde. Tienes un tiempo. Tienes un tiempo que acaba por agotarse. Y cuando se acaba la partida, el partido, la pelea, alguien ha ganado y alguien ha perdido.
-El simil que utilizas no me gusta, pero, en todo caso, también puedes empatar.
-¿Me estás hablando en serio?
-No has perdido. Desde que me contaste tu secreto hablo como alejándome de él. Temo que alguien escuche con atención lo que evito decir. Pero puedes estar tranquilo.
-Ya da igual. Puedes gritar mi secreto. Ha caducado. He perdido.
-Prometí llevármelo a la tumba.
-Es tarde. Ya no tiene sentido conservarlo. Déjalo en la calle, junto a un árbol. Los secretos abandonados no duran nada en las aceras. Ya verás como ayuda a que un mendigo se sienta menos perdedor.
-Hablas como un perdedor.
-Y tú como un empatador. Es decir, hablamos como dos perdedores. Yo he sido vencido cabalmente, y tú no te enteras de que te han metido seis chicharros y no conseguiste pasar la mitad del campo; te han tirado a la lona en el segundo round y desde entonces vives en coma; te han dado jaque mate y sigues empeñado en buscarle sesenta y cuatro cuadraditos al gato, en vez de saber que, te pongas como te pongas, tu rey yace tumbado sobre el tablero y no vas a ponerlo en pie ni con un cargamento de Viagra.
-Necesitas echarte una mujer. O por lo menos echarte un polvo esperanzador. Y no me digas que también se te ha hecho tarde para eso.
-A mí y a ella.
-¿Le contaste el secreto?
-No ha hecho falta.
-Lo siento.
-No lo sientas.
-Uf. Qué hermética charla, ¿no?
-¿Tú crees?
-Sí. ¿No?
-Yo lo he comprendido todo.
-Define comprender.

viernes, 9 de abril de 2010

-No sabes cuánto.

-No sé cómo decirte esto.
-No estoy aquí para enseñarte a despedir a la gente.
-No sé cómo hacer bien lo que voy a hacer.
-...
-La cosa no...
-...
-Tú sabes cómo es esto.
-Sí lo sé no me lo digas.
-Creo que no terminas de encajar. Eres muy bueno. No sé. Sabes como es esto. Es una cuestión de tono.
-¿Tono? Mi trabajo es el tono. Soy un mercenario del tono. ¿Qué le pasa a mi tono que no sintoniza con el tuyo?
-El tono es algo... no sé, el tuyo es como más urbano, y el que buscamos... no lo sé...
-No lo sabes.
-Lo sé, pero no sé, es una cuestión... no es nada en concreto. Y oye: estoy seguro de que volveremos a trabajar juntos.
-Me voy con  mis tonos a otra parte, antes de que mi presencia te haga acabar con tu stock de tópicos.
-¿De tópicos?
-...
-Oye, que lo siento.
-...
-No sabes cuánto.
-Lo sientes más que yo, ¿a que sí?
-...

martes, 6 de abril de 2010

-A veces me falta algo.

-A veces me falta el aire.
-A veces me falta el dinero.
-Cuando me falta el dinero no puedo respirar.
-A veces me falta el amor.
-A veces me falta el sexo.
-Cuando me falta el sexo no puedo amar.
-A veces me falta papá.
-A veces me falta mamá.
-Cuando me falta mamá lloro a papá.
-A veces me falta algo.
-A veces me sobra todo.
-Cuando me sobra todo me falta algo.
-A veces quiero.
-A veces puedo.
-Pero sólo a veces.
-Sí, a veces siempre es a veces.
-Y siempre nunca es siempre.
-Estamos sembrados
-Oye , quiero dejar claro que, a pesar de lo que dije, a mí nunca me falta sexo. Nunca me falta mi sexo. Me faltan algunos milímetros de mi sexo, eso sí. Porque yo soy muy de añorar el centímetro y medio que nunca he tenido.
-¿Los milímetros te faltan a veces o siempre?
-...

lunes, 29 de marzo de 2010

-¿De qué te ríes?

-Si vas a levantarte la falda, apunta bien. Si vas a mentirme, no prologues enunciando tu propósito. Si vas a pedirme que te dé de comer en la boca, empieza por abrirla. Si vas a esparcir tus braguitas sobre el pasado, ten la crueldad de invitarme a tu flashback. Si vas a perdonarme la vida, que sea después de muerto. Si vas dejarme por mí, no me engañes contigo. Si vas a volver con el poeta, asegúrate de que lo sigue siendo. Si vas a tararear nuestra canción, dime cuál es. Si vas a trocar el domingo por un día mejor, no esperes al lunes. Si vas a ejecutar tu acrobacia número 17, no te vuelvas para ver mi cara. Si vas a contarme cuentos, cuéntame el que no me cuentas.
-Si vas a hacerme un colacao, que sea con el original, que me gusta con grumos.
-Si vas a Calatayud...
-¿De qué te ríes?
-pregunta por la Dolores, que es una niña muy guapa, y amiga de hacer favores.
-Si vas a publicar esto, me voy de casa.

martes, 23 de marzo de 2010

-Ni nada.


Para Carmen, que emociona sus trayectos en metro leyendo poesía de la buena.


-Ella también compone su personaje. Y lo hace muy bien. La enfermera de hierro.
-Tiene voz y cara de enfermera de hierro, sí.
-Los ojos un poco demasiado pequeños, tal vez. Pero su mirada está muy conseguida.
-Sí.
-La mirada, joven, es la mitad de todas las cosas.
-¿La mitad?
-La mitad.
-Bien.
-La jefa ha visto mis películas. Me ha pedido un autógrafo en cuanto estuve en condiciones de mover la mano.
-Una de las enfermeras jóvenes también conoce sus películas. Me lo dijo. Al menos Pétalos lascivos.
-La peor.
-Yo no diría eso.
-Ya lo digo yo.
-La crítica no la entendió.
-Ni el público. Ni yo misma. Ni siquiera fue un fracaso de taquilla. Mediocre por dónde se la mire.
-A mí la escena del
-La escena del parking. No hay papanatas que no destaque la escena del parking.
-...
-Acérqueme el vaso, por favor.
-Tome.
-...
-...
-Gracias.
-...
-No se ofenda, joven. Pero me da igual que usted se ofenda.
-No me ofendo.
-Es usted un admirador rendido. Tal vez el último en rendirse. Y no es mal final éste que me ayuda a componer.
-No hable de finales. La operación ha ido muy bien.
-Los médicos creen que sólo han sacrificado una parte de mí. Me la mostraron, metida en un frasco.
-La vida es más que la suma de las partes.
-Le reitero mi agradecimiento. Pero no hace falta que abra la boca para darme ánimos. ¿Ánima es sinónimo de alma, verdad?
-...
-Supongo que ha asentido.
-Sí, he asentido.
-Ánima. Bonita palabra.
-...
-Cuando tenía diez años, rompí una botella de cristal en la habitación de mi madre. No en la habitación de mis padres, sino en la que utilizaba mi madre para estar, para ella, para nada. La botella era enorme, de cinco litros, no sé. Estaba llena de aceite. Yo me entretenía haciéndola rodar. Llegué rodando hasta los pies de mi madre, que leía sentada en su silloncito. Allí la botella se rompió. Ninguna otra madre  hubiera retirado los cuatro o cinco grandes trozos de cristal en que se había convertido la botella y, tumbándose sobre el suelo aceitado, me hubiese invitado con una sonrisa a tumbarme junto a ella. Nos embadurnamos, nos pintamos de aceite, chapoteamos. Dejamos su habitación hecha una birria. Fue precioso.
-Nunca... ¿por qué no contó esto en sus memorias?
-Porque si lo hubiera hecho, este momento ya no sería un regalo para usted.
-...
-No llore, joven. Y busque a la enfermera de hierro. 
-Tranquila...
-Estoy tranquila.
-¿Quiere que llame a su secretaria?
-No hace falta. Ella sabe todo lo que debe saber. Y usted debería saber que el matrimonio de mi secretaria no funciona. Él es un buen hombre. Pero sólo es eso. Usted sabrá lo que debe hacer. Ahora llame a la enfermera, ande.
-Sí, tranquila.
-Nunca lo estuve tanto. Pero llámela. Quiero que sea la primera en este hospital en saber que ya no volveré a hacer películas.
-...
-Ni nada.

martes, 16 de marzo de 2010

-¿Íntima?

-¿Qué tenemos?
-¿Además de la última entrada?
-Sí, además de la entrada póstuma de su diario personal.
-El mensaje en el buzón telefónico.
¿Cuál, el que le dejaron o el que dejó?
-Tenemos los dos. Sólo que el que le dejaron era banal, un recordatorio de algo que debía comprar. Cereales, creo recordar.
-Bien.
-Las dos fotos hechas trocitos.
-Conocía la del marco, los cristales rotos, el pedazo que contenía el ojo y el hombro de ella en la taza del váter.
-Ésa y otra más pequeña, en color, de una Polaroid, más íntima.
-¿Íntima?
-Sí, ya sabes, íntima es la nomenclatura que adoptan las fotos porno cuando son hechas para uso y disfrute de la pareja.
-Ya.
-Cuando no nacen con ambición comercial.
-Sí, vale, ya te entendí.
-...
-¿Y en su blog encontraron algo?
-Nada. Hacía meses que no colgaba nada.
-Colgar, vaya verbo.
-¿Eh?, sí.
-¿Algo más?
-El cuchillo, claro.
-La sangre y las huellas en el cuchillo. Las gotitas sobre la alfombra.
-Nada más.
-Pues...
-Está claro. No hay caso.
-¡No hables como un poli, joder!
-...
-¡Hostias!
-...
-Como un fiscal de esos de las series.
-...

miércoles, 10 de marzo de 2010

-Elige.

-¿Cuánto me faltaba, por aquél entonces, para convertirme en un viejo gloria?
-Demasiado lúmpen para ser un lúmpen.
-Antes de hacer el amor contigo, había hecho el amor contigo con otras.
-Le gusta cuando quien la masturba es su lado masculino.
-Cada minuto que pasa va siendo hora de algo, pensó Bloch.
-Me había sobrevivido con elegancia.
-Desde aquí arriba todo se ve como si la eternidad fuera a diluirse de un momento a otro.
-La segunda ronda la pagó el inventor de la angustia de los domingos por la tarde.
-Antes de abrir la puerta pensó en ella pensando en el anuncio del laxante.
-¿Ya, no?
-No, van nueve, falta una.
-...
-Yo. Dejó los cubiertos sobre el plato como quien abandona definitivamente la esperanza a la que se mantuviera asido durante todo el primer plato.
-Bien.
-Elige.
-...
-¿Elijo yo?
-No.
-Mejor. No sé a qué tipo de historia le estás dando vueltas.
-Yo tampoco lo sé.
-Entonces elije una de mis frases. Y empieza.

lunes, 8 de marzo de 2010

-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?

-Me gusta ver dibujar. Ver a dibujantes dibujando. Ver dibujar a mi hijo. Disfruto viendo el proceso de dibujar. En Youtube muchos dibujantes cuelgan la evolución a tiempo real de sus dibujos.  Parece sencillo. Quise ser dibujante. Ejercí, incluso. Me faltó disciplina y voluntad para ser bueno. O simplemente correcto. Las letras le ganaron a las líneas.
-Y tú perdiste ante ambas.
-Tal vez, como dice el dibujante Oscar Grillo, dibujar es contar cuentos. Y yo digo, porque es fácil de decir después de leer lo que ha dicho Grillo, que escribir es como dibujar.  Escritura y dibujo comparten con toda naturalidad conceptos tales como línea, trazo, boceto, perspectiva, movimiento. La luz también tiene mucho que ver con los dibujos y con la literatura.
-¿Otra vez tu facilona teoría sobre la luz?
-Lo que hacen dibujantes y escritores, es iluminar. Dirigir intencionadamente las luces. Hacerlas incidir sobre la vida y sus objetos.  Se iluminan unas partes, dejando en penumbras, o a oscuras, otras. Las historietas y el humor gráfico que leí y vi desde chico me formaron en algún sentido. Formaron también mi visión literaria. Seguramente aterricé en Bradbury por haber sobrevolado las historietas de El Tony, Dartagnan o Skorpio. A lo mejor es que el dibujo se dejó ganar por las letras. En Argentina había y hay potentísimos dibujantes, ilustradores, humoristas gráficos, guionistas de historietas. También grandes escritores, claro. Me salía de los renglones. Me desbordaba por las contraportadas de los cuadernos. Por los pupitres. Me he perdido.
-Tranquilo, seguimos aquí. Estoy contigo.
-No sé muy bien que quería decir. O dibujar.
-A lo mejor querías hablar de cierta evolución.
-Sí. Evolución que parece estar trenzada por elementos más o menos casuales, o tal vez mágicos, pero que en realidad determinan una férrea, y a un tiempo, lábil carretera -neblinosamente señalizada, eso sí, para que te pierdas debidamente-  que te dirige inexorablemente hacia tu destino. Una carretera dibujada y escrita.
-Férrea y lábil. Joder.
-Escritura. Literatura. Dibujo. Historieta. Cine. Algo más. Lo último. Los que escriben, los que dibujan, pintan, etc., comparten también la intuitiva decisión de determinar cuándo una obra está terminada. El punto final. El último trazo.
-¿Ya?

Ilustración realizada por Miguel Villar.

martes, 2 de marzo de 2010

-Qué zafio.

-Mi estilo está hecho de todo lo que no sé hacer o hago mal. Mi estilo son mis limitaciones. Mi musa es de letras pero sólo de consonantes. Mis chistes de siempre son los de siempre. Mi sintáxis no se entera de nada.  Por mis mejores canciones cobra derechos Leonard Cohen. Mi Suzanne se fue sin mi música a ninguna parte. Mi relato más premiado sólo por mi está firmado por John Cheever pero el mejor de sus cuentos está escrito en ruso y es de un tal Chéjov (¡toma!). Mi mejor parte es una parte de mi peor parte. Mi misa no está presidida por un señor al que torturan. Mi mamá me mima. Mi maná me mina. Mi mina (argentinismo) me mama.
-Qué zafio.
-Mi misericordia me tiene bien surtido. Mi mejor perfil me ha sido birlado. Mi prisión tiene las bellas paredes de las que está construído mi amor. Mi amor tal vez no tenga explicación posible y con toda seguridad no necesita prospecto. Mi batalla final fue la anteúltima. Mi reino por mi reina. Mi asociación libre me apresa sin que me resista. Mi resistencia a no fiarme de mis prejuicios es inútil.
-Qué confuso.
-Mi mano izquierda sabe perfectamente lo que hace mi mano derecha otra cosa es que señale para otro lado. Mi disimulo me engaña con otro. Mi doble cobra el doble. Mi coartada me deja a los pies de los caballos. Mis misiones han sido incumplidas con éxito. Mi currículum también es una ficción.
-Mis más sinceras disculpas en nombre de mi amigo.

jueves, 25 de febrero de 2010

-Tienes que poner de tu parte.

-No hay modo de medir lo que pasa en el metro.
-...
-¿Te gusta?
-Sí. ¿Ahora vas a deleitar a tus lectores relatando vuestro encuentro en la línea 6?
-Siempre supe que lo superaríamos.
-Yo creo que nunca lo superaremos.
-Tienes que poner de tu parte.
-Eso pídeselo a ella.
-Ella ya no existe.
-Nunca superarás su número de teléfono.
-Fue hace cinco años.
-Te ruego que no vuelvas a soltarme eso del tiempo y las heridas.
-No lo haré.
-El pasado no deja de pasar. No es pasado, es pasando. Hasta que no aceptes esta verdad...
-¿Entonces, estamos perdidos?
-Claro. Pero desde antes de habernos conocido.
-No quiero estar perdido.
-A ver cuándo maduras.
-Fue en la línea 4.
-...
-Está bien que te confundas. Es un primer paso.

lunes, 22 de febrero de 2010

-No demasiado.

-¿Por qué lo has hecho así?
-¿Así cómo?
-Me lo has hecho como si se lo estuvieras haciendo a otra.
-No hace mucho me dijiste que me repetía, que siempre lo hacía igual.
-Ah, claro, por eso has decidido engañarme conmigo. Con la otra que puedo ser.
-Sí, por eso.
-¿Y te ha gustado?
-No demasiado.
-¿Prefieres a la que soy casi siempre?
-Al otro. Prefiero al otro que soy de vez en cuando.
-Bésame.
-...
-¿Qué miras?
-A ti.

jueves, 18 de febrero de 2010

-Pregúntale.

-Padre e hijo se arrastran por un mundo devastado. Hacia algún sur. Buscando el calor. El mar. Tal vez sólo buscando no detenerse. Yendo juntos a ninguna parte. Pordioseros helados. El amor más despojado en tiempos después del tiempo. Caníbales acechando tras los bastidores del escenario para siempre baldío. Un revólver. Un carrito de hipermercado. Ropajes robados a cadáveres. Te quiero, hijo. Te quiero, papá.
-La chica lee la novela en el metro. Está acabándola. Concentrada en la prosa seca y fría que hiela y puede hacer llorar. Tiene que ser complicado leer esa novela en el metro.
-La película es fiel a la novela.
-La novela es mejor.
-Ninguna novela puede ser mejor que una película. Ninguna película puede ser mejor que una novela. A mí me gustó la novela. También la película.
-Me gusta la chica que lee. ¿Crees que habrá visto la película?
-Sí.
-No.
-Pregúntale.
-Procuro no evidenciar mi patetismo en público.
-Lee a McCarthy y tiene unas piernas interminables. No encontrarás nada mejor en tu vida. No tienes ninguna otra esperanza de arribar a alguna calidez post-apocalíptica.
-Gracias, amigo.
-Uy, te ha mirado.
-Gilipollas.
-...
-No es tan alta.

martes, 16 de febrero de 2010

-Le gustaba la lluvia.

-Tiene la cara como acerada.
-El maquillaje.
-Está diferente.
-Eso es la muerte.
-Ya. Quiero decir que se ha desvirtuado un poco su rostro. El gesto. El rictus.
-La vida se le ha ido. Ha de ser eso.
-No vuelvas por ahí. Ya lo sé. Quiero decir que parece haber perdido otras cosas, además de la vida.
-Es sólo el envase. Y no es un envase desagradable. Si tuviera una cámara de fotos. 
-Si quieres mi móvil.
-¿Tiene cámara?
-Claro, no te lo dejaría para que llamaras al cadáver de
-Shhh... 
-No he levantado la voz.
-Olvidamos dónde estamos.
-No me des clases de civismo.
-A uno le entran ganas de reir en estos sitios. Llorar y reír. Estos son santuarios del contraste. La vida y la muerte.
-¿Alguna obviedad más?
-No, sigue tú, profundo de los cojones.
-Mira.
-¿Qué?
-El lunar.
-Sí, su famoso lunar.
-Más famosa era la constelación de lunares que tenía en
-Tiene. 
-Que tiene, sí.
-El caballo alado.
-Y dale. La constelación formaba más bien
-Forma.
-Forma una extraña cascada.
-Hubiera querido necesitar más de su...
-...
-...
-De su cuerpo.
-No, de su cuerpo no.  Del resto.
-Una cosa es dejarse tocar y otra dejarse querer. No se dejaba querer.
-A mí me quiso.
-Sí, claro. 
-A su esquiva manera. Yo no le correspondí como se merecía.
-Tal vez porque no se merecía más que...
-Permiso.
-Sí, perdón.
-Si nos diculpan. Tenemos que proceder al sellado del
-Sí, sí, claro.
-...
-...
-Parece que fuera llueve.
-Le gustaba la lluvia.
-¿Qué?
-Que me parece bonito que hoy llueva. Le gustaba la lluvia.
-De donde te sacas eso?
-Me lo dijo.
-¿Hablabais de eso?
-Poco. A veces. 
-Yo no hablaba. Yo iba a lo que iba.
-Yo también. Pero a veces me contaba algo. No sé, se aburriría conmigo.
-Nada personal. Se aburría con todos.
-Era una cualquiera singular.
-...
-Joder. Sí que llueve. 
-Dejaré escrito que no maquillen mi cadáver.
-¿Qué malo el café del tanatorio, no?
-Una auténtica mierda.
-¿Cuántos años le caerán al marido?
-No sé. Pero no estaban casados.
-Da igual.
-Sí, da igual.

viernes, 12 de febrero de 2010

-¿Es una ironía, no?

-Ya no escribo cartas. Ni marco naipes. Ya no le escribo a él. Ni a ellas. Ya no hago goles. Ni los evito. Ya perdí ante rivales indignos. Ya gané a alfeñiques con gafas. Ya empaté conmigo. Ya no hago listas de más de dos ítems. Ya no recuerdo el rostro de mi primera novia. Ya no pienso que todo tiempo pasado fue pasado. Ya no tengo nostalgia de cosas que tanto necesitaba.  Ya me sé el oficio. Ya se ha muerto papá. Ya puse la otra mejilla. Ya me robaron mi mejor perfil.  Ya soy añorado por quienes tanto me odiaron. Ya me gané el infierno. Ya pasó mi cuarto de deshora. Ya no vuelvo a no creer en algún dios. Ya me hice perdonar por mí. Ya no estoy para aquellos trotes. Ya tendréis noticias mías. Ya me espera desnuda. Ya no imagino a mi amigo imaginario. Ni qué decir tiene que ya ni qué decir tengo.
-Y ya tienes un hijo.
-Sí. Por lo demás, sigo siendo aquél.
-¿Es una ironía, no?
-¿Tú qué crees?
-Que sigues respondiendo algunas de mis preguntas con una pregunta.
-Hay cosas que nunca cambian.

miércoles, 10 de febrero de 2010

-Todo cambiará.

-La primera vez se me cayó el alma al suelo. La segunda, sólo hasta las rodillas. Una semana más tarde, mi alma ya no se movía de su sitio. 
-Una especie de forzada cura de humildad.
-¿Cura de humildad...? Prefiero las monjas de petulancia. Como las que atienden el comedor social.
-¿Se come bien?
-He comido en sitios mejores. Pero se come caliente. Y el postre es una fruta que te hace creer que podrás aguantar hasta mañana con una sola comida. Y lo cierto es que funciona.
-Puedes venir a comer a casa, no te lo repito más.
-No te preocupes, ya te he dicho que funciona. 
-¿Has hecho algún amigo?
-También van mujeres. Pero no, entre mi timidez y mi vergüenza -conservo mi alma en su sitio, pero está sonrojada- no levanto la vista del plato, ni la voz del pecho.
-Todo cambiará.
-No me importa seguir así. Es inspirador. Ayer, al salir del comedor -la cola era más grande que cuando entré-,  escribí algo que me vino durante la sopa. 
-Dime.
-Esto, léelo.
-A ver... Cuidado con el perro. Y mucho cuidado con el dueño. Bien. ¿Qué quieres decir?
-No sé.
-...
-El pan es lo más rico de la comida. 
-Siempre te gustaron los restaurantes que ponían esmero en el pan.
-El pan nuestro de cada día, ¿no?


lunes, 8 de febrero de 2010

-No-te-confundas.

-No te confundas conmigo.
-Pero, si no sé quién eres.
-Por eso te lo digo. Vete con cuidado.
-Empezaré por confundirme. Inevitablemente.
-No, no es inevitable. Puedes no confundirte. Si realmente lo quieres, puedes no confundirte conmigo.
-Acabo de conocerte. El único modo de acertar a la primera es haber acertado ya.
-...¿Qué? No me confundas.
-La única manera de no confundirme contigo es intentarlo con otro. Con alguien que me dé margen para comenzar por la confusión, y, tal vez, acabar aclarándonos.
-No-te-confundas.
-Entonces me voy. Lo dejamos aquí y me voy.
-Si ese es el modo que tienes de no confundirte conmigo, adiós.
-Me hubiera gustado intentarlo.
-No conmigo.
-¿No te gusto, no cabe la posibilidad de que al final de la noche te guste un poco, o mucho, y mañana, cuando pienses en anoche, te guste un poco más aún? A mí puede sucederme. No es seguro, claro, pero tal vez ocurra.
-¿Mañana dices? No, mira, ya te lo dije.
-Vale, no me confundiré contigo, entonces.
-Mañana tampoco, ¿vale?
-Buenas noches.
-Buenas noches.
-¿Te importa que lea un rato?
-No, no.
-¿No te molesta?
-No. Apaga la luz cuando acabes.
-Claro, cariño

jueves, 4 de febrero de 2010

-Es la única por la que te pasas al monólogo cada vez que te arrancas.

-Porque destroza los días de mierda. Esos irremediables que chorrean por las paredes, gotean del techo, forman charcos que la más eficaz chica de la limpieza alimentaría con lloros ante la imposibilidad de hacer algo al respecto. Pues ella coge displicentemente los días de mierda y los mete en las bolsas negras -o en las malas, las azules compradas en el chino- y los tira al contendor mezclados con restos los orgánicos de la cena de ayer, del desamor de antes de ayer, del sueño precario por su culpa y por la mía. Y te enteras al día siguiente de lo que ha hecho. Su discreción actúa de madrugada. Profetiza sin querer que ya no podrás dejarla. Que hará magia con tus zonas erróneas y -te pongas como te pongas- te sentirás un poco imbécil cuando saques a pasearlas delante de su cara de incredulidad. Tal vez te diga que ya has vuelto a hacerlo, con tono desganado que te desganará. Celebra así sus pequeños y merecidísimos triunfos sobre mi megacampeona gilipollez. Los funambulistas no pierden pie cuando la ven, porque para extraviar la cabeza hay que ponerse a la altura de sus ojos. Yo, desde que la conozco, vivo dándome golpes contra los muebles, rodando por los suelos, renovándome la mala sangre que me inyectan los hijos de puta que desean lo peor a la gente feliz. Tal vez fuera posible resucitar de no haberme homenajeado por primera vez y por la vez mil y pico con su desnudez devastadora. No me importa disponerme ante ella con pelos y señales. Pero ahora, claro, después de su enamorada acción de desescombro de lo que de mis tragedias ha quedado, estoy muerto y enterrado y soy el sustrato de flores que no disponen de nombres en latín de los que fardar, pero también carecen de espejos adolescentes en los que creerse menos sencillas de lo que son. Tus rarezas morenas me erizan las risas me comen las penas. Juegas con las comas de mis discursos y les das el sinsentido que se merecen. La convivencia mata la relación y otras pelotudeces están siendo bellamente pintadas y barnizadas de colores y brillos cambiantes que tiñen de verdades mentiras universales -o tiñen de lo contrario-, tales como que la fecha de caducidad del amor viene impresa en la ya madura tapa de mi corazón.
-Carmen, ¿no?
-...
-Es la única por la que te pasas al monólogo cada vez que te arrancas.

lunes, 1 de febrero de 2010

-Se acostaba conmigo por no hacerle eso a un amigo.

-Se acostaba contigo sin ánimo de ofender.
-Puede ser. Pero se acostaba contigo con sed contractual: lunes, miércoles y viernes.
-Eso parece un hecho irrebatible. Pero se acostaba contigo sin ánimo lúdico, sólo por vocación de someter, estarás conmigo.
-Clarísimamente. Del mismo modo, te digo que se acostaba contigo porque hoy no se acostaba con otro.
-¿Te crees que no lo sé? Pero no me negarás que se acostaba contigo por rememorar la segunda vez (la que no se olvida, aunque se intente).
-Obviamente. Claro que se acostaba contigo por no hacer el amor contigo.
-Sincerémonos: Se acostaba contigo porque era asistenta social y tú eres mi socio.
-Se acostaba contigo pero ahora sólo se acuesta conmigo.
-Se acostaba conmigo por no hacerle eso a un amigo.
-¿Amigo? Sólo somos socios, si no te importa.
-Como quieras. Pero por si te interesa, ella sigue siendo asistente social.
-Pues ándate con cuidado, entonces.

jueves, 28 de enero de 2010

-¿Psi o si?

-Eso es como dar por supuesto que un psicólogo posee el conocimiento certero de la psicología humana. Que sabría definir en una oración qué coño es la psicología humana. Que es consecuente -y eficaz- con la teoría que suscribe.
-¿Psi o si?
-Los expertos -horripilante palabra- poseen un desconocimiento cabal de la materia que dominan.
-La materia por la que son  dominados.
-¿Crees que un albañil, sólo por el hecho de dedicarse a la albañilería desde hace meses o años, sabe levantar una pared? Conozco arquitectos -por lo menos uno- que no saben hacer la "o" sin un Autocad. ¿Crees que un actor porno sabe hacer el amor?
-No necesariamente, pero sabrá deshacer el odio al menos.
-Creemos, sinceramente, que podemos reducir larguísimas palabras tales como "siempre" o "nunca" hasta darles el tamaño exacto para poder deslizarlas como regalos inolvidables por el escote de la mujer de nuestra vida.
-He pillado al actor porno que tiene los tres centímetros que me han sido reagateados. Le sigo la pista. No me preguntes por qué.
-No tenemos ni idea de nada. De nada. La vida de todos, de todos, consiste en engañarnos creyendo que engañamos a la incertidumbre que nos rige. Engañifas. Creemos tener certezas.
-Yo tengo un par.
-Yo creo creer que tengo una. Pero sé que creo tenerla.
-...
-Su lengua será mía de ahora en más.
-¿La lengua? Ya estamos parcializando...
-Lo creo creer con certeza. Casi todas las noches.
-Yo tengo un par de certezas.
-...
-No, no. Paso de decírtelas. Quiero seguir teniéndolas.

martes, 26 de enero de 2010

-Papá.

-Gracias por la Play.
-¿Qué?
-Gracias por la Play.
-¿Qué dices?
-Que ya lo sé.
-¿Qué sabes?
-Ya lo sé.
-No sé de qué me hablas.
-Que lo sé.
-¿Y qué es lo que sabes?
-No te hagas el tonto.
-No, en serio, ¿qué es lo que sabes?
-Sé que sois los padres.
-¿Los padres?
-He hablado con mamá, ¿vale?
-De qué.
-Papá.
-...
-Gracias por la Play.


viernes, 22 de enero de 2010

-Lo que acabamos de hacer.

-¿Y qué sé yo acerca de vosotras, de las lesbianas?
-Bueno, eres una de ellas, hermanita.
-Tú no. ¿Y qué sabes tú acerca de los hombres?
-Que a ti no te gustan. Poco más.
-No creo que a ti te gusten demasiado. Otra cosa es que los deseees.
-También quise. Aunque de su cuerpo, de sus partes, ya no me quedan restos, cercos. Recuerdo sus gafas. Pero sólo porque las conservo.
-Nada de mis amantes se queda en casa. Ni las gafas.
-Tendrías fácil ocultar los restos del paso de una mujer por tu cama. Papá, además, no quiere saber porque sabe. Es el peor de los ciegos.
-Papá es hombre y no me gusta, es verdad.
-Nos parecemos tanto tú y yo.
-Eso dice él. También sospecha de ti. Cree temer con seguridad que también tú, recónditamente, seas como yo.
-Papá enfermará mortalmente de nosotras.
-Mamá, en cambio, es inmune.
-Sí, la salva el creer que nos ama menos.
-¿Y esto qué es, en qué nos convierte?
-¿Lo que acabamos de hacer?
-Lo que acabamos de hacer.
-Esto ha sido sexo. Intrafamiliar. ¿Te arrepientes?
-No.
-Ni yo.
-...
-Como se entere papá, lo matamos.
-Como se entere mamá.
-Mamá conoce perfectamente lo que debe conocer y lo que no.
-¿Te ha gustado sentir mis
-Sí, claro. Me ha gustado. Pero tiene cierta lógica que haya disfrutado de ello. No cambia nada.
-No, tranquila, no cambia nada. Seguimos siendo hermanas.
-Amar, sólo amo sus gafas. El recuerdo de sus dedos. Quitándoselas. Poniéndoselas.


martes, 19 de enero de 2010

-Prologar.

-Ajustar el enfoque de un microscopio, de un telescopio, de una cámara. Afinar un instrumento. Aceitar un engranaje. Desperezarse. Carraspear. Levantar el auricular del teléfono. El preliminar del primer preliminar.
-Prologar.
-El taco, tanteando la esperanza del golpe perfecto, deslizándose adelante y atrás entre tus dedos.  El iris proyectándole el destino al gamo a través de la mira. El animal oliendo repentinamente la bala virgen y la última muerte. ¿Cuándo comienza lo que comienza? ¿En la oscuridad previa es donde se cuece la posibilidad de la luz? Cuando estiramos el brazo hacia el interruptor, la luz ya se ha encendido. Arrepentirse y no encenderla también inaugura lo siguiente. ¿Comenzamos a ser extranjeros al nacer? ¿O al nacer la unión de nuestros padres? ¿De nuestros abuelos? Los músculos tensándose para comenzar a huir o comenzar a quedarse. La fuerza de la costumbre forzándose una y otra vez a acostumbrarse. El desayuno. La primera adrenalina de la mañana.
-Cuando dices que no sabes cómo empezar, en realidad siempre ya otros han comenzado por ti.
-El nunca acabar y el siempre empezar ya lo han acabado y comenzado otros.
-O sea tú.
-Y tú también.
-El primer trago.
-Bien. ¿De qué irá la entrada de hoy?
-Ya fue.



jueves, 14 de enero de 2010

-Ahora se parece bastante a ti.

-¿Y si dentro de no sé cuántos años resulta que se muere sin haber escrito un poema? No ya uno bueno, o digno. Un miserable poema, quiero decir. Eso que decía Picasso, que los niños son artistas, el problema es que lo sigan siendo cuando dejan de ser niños. ¿Y si ese... potencial
-Qué palabra horrible.
-que ahora se percibe en sus dibujos, después no cuaja, no se solidifica, no se transforma en lo que uno anhela, tal vez neciamente? Ponle que su vida se le va sin haber manipulado jamás una melancólica marioneta. O un triste títere. ¿Si él acaba encarnando lo que yo aborrezco?
-¿Temes que se parezca a ti?
-Me da igual que nadie reconozca en él rastros genéticos de mí. Lo que me mutilaría es no reconocer en él, en el futuro, rastros del que es ahora.
-Ahora se parece bastante a ti.
-Es lógico que ahora se parezca a mí. Es mi hijo. Y también puede esperarse que mañana se parezca a mí. Soy su padre. Pero quiero decir después, pasado mañana, cuando la vida con su devastadora labor haya hecho añicos la mía, y la suya. Cuando sólo para los muy allegados claramente él sea mi hijo y yo su padre. Cuando a los demás, al mundo, haya que explicarle nuestro grado de parentesco porque nada a primera vista evidencie cuál es. ¿Y si acaba por ser un contable que olvidó pintar gatos? ¿Y si el único poema que escriba no es más que una transcripción fidedigna de uno de Neruda? ¿Y si ambos perdemos las claves que me hacen decir tonterías que lo hacen reír y avergonzarse secretamente de reírse de las tonterías que digo para que ría?
-¿Y si lee esto que acabas de escribir?


miércoles, 23 de diciembre de 2009

-No sé qué decir.

-Herrumbre. Lodazal. Óxido. Llamo a las puertas de palabras que no me atienden. Almohada. Pesadumbre. Neblinoso. Escondidas tras los vocablos, acechantes tras mi falta de talento, tras la triste última preposición. ¿Cuál es el antónimo más certero de falta de talento? Esperan que me marche sin haber cometido contra ellas ningún intento de ordenarlas bella y sinceramente. Pacientes, esperan quedarse a solas. Cuchichear entre ellas, cada vez en voz más alta. Hasta llegar a la cima de las voces. Y desde allí arriba lanzar sus risas complacientes montaña abajo. El alud me sorpenderá de espaldas. Sin darme tiempo a gritarles mi venganza. A aplicarles mi media sonrisa. A humillarlas haciéndole saber lo que ya saben. Que sin mí, ellas no son nada. Herrumbre. Lodazal. Óxido. Y todas las demás. En polvo os convertiréis si no abro la boca, el cuaderno, Word, mi lápiz. Boca abajo bajo las voces. Sin poder pronunciar palabra. ¿Cuál es el antónimo más cabal de sepultado?
-No sé qué decir.
-Ya has dicho lo imprescindible para que esto sea un diálogo.
-A veces me siento utilizado.


lunes, 21 de diciembre de 2009

-No tiene importancia.

-¿Por qué ahora?
-Surgió. No sé.
-Por favor.
-No tiene importancia.
-Tú no crees que no tenga importancia. Si has esperado cinco años y... tres meses para decírmelo, es que la tiene.
-No hay ninguna intención detrás.
-Por favor.
-Piénsalo. Sinceramente, no es importante. No cambia nada.
-...
-No me seas niño.
-Y tú no me seas tramposa. No crees que mi actitud sea infantil. Crees que diciéndome que soy infantil me atacas por un flanco que me duele. Que me deja sin aire. Esa forma tuya de callarme la boca.
-No sigas.
-Deberías sincerarte.
-No te he mentido.
-Deberías decirme por qué ahora. Por qué has tardado cinco años y tres meses en contarme que te habías acostado con un ciego.
-¿No te sientes ridículo al escucharte decir esa frase?
-No.
-Deberías. Repítela.
-Pero contesta.
-Fue hace ocho años.
-Pero contesta.
-No tengo ninguna razón. No hay plan, amor.
-No te lo crees ni tú.
-Un ciego.
-No fue nada. Ha sido una vez. O dos. No tiene importancia.
-¿No fue nada? Ha habido una guerra mundial. O dos. No tiene importancia.
-Venga, por favor. Subamos a verlo.
-Me voy a la cama.
-Pero... ¿Cuánto tardaste tú en contarme lo de las hermanas?
-¿Eh?
-Lo de la noche de fin de año con las hermanitas.
-Es incomparable. Y te lo dije dentro del primer añ
-Ah, que las confesiones de historias pasadas valen si se hacen dentro de los primeros trescientos sesen
-Déjalo.
-Venga, amor.
-...
-Querías verlo.
-Hasta mañana.
-Por favor, olvídalo, no ha dejado ningún rastro.
-...
-Amor, anda. Subamos a ver el eclipse.
-Ya no quiero verlo.


jueves, 17 de diciembre de 2009

¿Allí dónde?

-Es la última vez que se lo pregunto.
-No le creo. Lo dice sin convicción. Las cualidades que le han hecho creer que tiene le harán insistir y volver a preguntármelo, una y otra vez.
-No me gusta la actitud que tiene.
-También pensarán eso de mí quienes he dejado allí.
-¿Allí dónde?
-Créame que comprendo que no me crea, pero no sé dónde. He venido a un sitio que desconozco desde uno que he olvidado. Misión cumplida.
-Negándose a identificarse sólo hará que demoremos algo más en averiguar su identidad. Nada más.
-Averiguar mi identidad es un empeño vano por su parte. Es también un vano empeño por la mía.
-Vamos, usted no puede ser de muy lejos. Hablamos el mismo idioma, aunque su acento...
-Idioma. Acento. A esto llamo yo tirar de la lengua, si me permite la gracia. Pero está bien. Creo que las palabras nos incomunican, pero los tonos, las intenciones, el aire entre los dientes y los vocablos pueden acercarnos. Un poco.
-En otro ámbito, con una cerveza de por medio, me interesaría por su absurda cháchara, pero compréndame, no estoy aquí para compren... Perdón, ya ha hecho usted un juego de palabras parecido a este hace un momento.
-No se conduela de sí mismo. Es un sargento que aprende rápido. No hay muchos que puedan vanagloriarse de lo mismo.
-Sabemos que ha huído. Que ha dejado atrás... cosas. Una familia. O un amor. O simplemente una memoria. 
-¿Sinceramente cree que uno puede alejarse de algo o de todo eso?
-Tomar distancia.
-Me cae usted muy bien, sargento. Me gustaría ayudarlo. Colaborar con su trabajo. Ponérselo fácil. Pero no sé qué hago aquí. Tampoco sé qué hacía allí.
-¿Allí dónde?
-Lea la transcripción de esta charla, sargento. Quince o veinte líneas más arriba. Se encontará con la misma frase que acaba de decir. No se sienta mal, o torpe, o ineficaz: ¿Quién no se repite unas veinte líneas más tarde?
-¿Se ha ido para no repetirse? ¿Ha huído de eso? ¿No quiere que le ayudemos a saber quién es? ¿A volver?
-Nos estamos conociendo. Además, por lo que se ve, y por lo que ya no alcanzo a ver, soy un hombre nuevo.
-Eso parece.
-Y usted también. Usted también es un hombre nuevo, sargento.
-No me deja otra salida.
-Calma, uno no deja de repetir los mecanismos incorporados a su oficio de un momento para otro.
-Tendrá que pasar la noche en comisaría.
-Uno no puede chasquear los dedos y decidir que ya no cumplirá con su deber.
-Tengo que tomarle las huellas digitales.
-Uno no se escapa así cómo así de una cárcel tan largamente construída.
-Primero el pulgar derecho.
-Lleva su tiempo.


lunes, 14 de diciembre de 2009

-Afuera nieva.

-Lo que mi mente vaga, comodona, adaptadísima a mi medio y a mi miedo espera de mí esta mañana, es que escriba algo que tenga que ver con la nieve. Que la nieve me inspire, o que me haga creer que me inspira. Que escriba la palabra nieve, metida en algún contexto. Nieva en Madrid. Mi cabeza cree que debo acusar este hecho, aunque no es tan infrecuente. Si viviera y nevara en Buenos Aires, mi cabeza ni siquiera haría el esfuercito de chasquearme una chispita inspiradora. Allá no nieva nunca. Bueno, el año pasado nevó. O hace dos años. La vez anterior había sido setenta años atrás. Más o menos. Escribiría sobre la nevada en Buenos Aires. Aunque mi cerebro no quisiera.
-Mis uñas.
-¿Eh?
-Puedes escribir acerca de mis uñas. Si no quieres dejarte influenciar por el poder -o el no poder- de tu mente.
-¿Tus uñas? 
-Siempre, mis uñas de los pies, me fueron pintadas por otros.
-Afuera nieva.
-Fuera nieva.
-Soy argentino. Para nosotros afuera está bien. Somos más de afuera.
-Mi madre. Mi hermana. Mis novios. Tú. A mis uñas las pintan los demás.
-Sabes que no es una actividad de la que disfrute especialmente.
-No vuelvas a argumentar que tengo treinta y cinco años.
-Treinta y seis.
-Que ya va siendo hora de enterrar viejas costumbres.
-O malherirlas.
-Mi hermana no me cuestiona. De vez en cuando, lo sabes, ella sigue pintándome las uñas de los pies.
-Sí, lo sé. Supongo que a ella le hace ilusión. Pues que te las siga pintando ella. No me opongo.
-Te alejas.
-...
-Negarte a pintármelas, lo sabes, te aleja de mí.
-No repitas que lo sé en medio de cada frase. No lo sé. No lo creo.
-Te alejas si no me complaces. Si no atiendes a mis caprichos.
-Vale.
-Gracias.
-Ten.
-Sabías que iba a transigir.
-Sí.
-Quieta.
-¿Te gustan mis pies?
-¿Tus pies o los dedos de tus pies?
-Déjalo.
-Está dejando de nevar.
-...
-Afuera.

El dibujo no es mío. ¿A que lo habíais notado? Es de Solano López, dibujante de El Eternauta. ¿Bueno, eh?

viernes, 11 de diciembre de 2009

-Me tiran más tus dos carretas.

-Me cansé por lo civil. 
-Me separé por lo habitual. 
-Me habitué por no salir. 
-Me piré por el portal.
-Me suicidé por nembutal. 
-Me lavé lo estomacal. 
-Me aseguré por lo social. 
-Me pequé por lo venial.
-Me desnudé por demodé. 
-Me atracaste con tu tráquea. 
-Me fileteaste tu felatio. 
-Te atragantaste con mi fé.
-Me engañaste con mi hermano. 
-Me maldije por ser dos. 
-Me cagué en José Santiago. 
-Me quedé a pesar de vos.
-Me apago analógico. 
-Me enciendo enológico. 
-Me parece lo lógico. 
-Apagar la tele encender el bouquet.
-Me acuerdo de Alzheimer. 
-Me olvido de ti. 
-Me ciego de verte.
-Me voy de Madrid.
-Me oscuro de día. 
-Me aclaro por fin. 
-Me brillo de luto. 
-Me muero sin mí.
-Me Sabino por Serrat. 
-Me tanguizo por Gardel. 
-Me avergüenzo por cantar. 
-Me John Lennon Ringo Starr.
-Me Buenos Aires querido. 
-Cuando me vulvas a ver.
-No habrá más penes ni olvidos. 
-Ni más ropa por tender.
-Me tiran más tus dos carretas. 
-Me amanezco menos temprano. 
-Consuelo de muchas mi mal de pocas. 
-Me siento volando mi pájaro en mano.
-Me divorcié por lo legal.
-Me endeudé por más de mil. 
-Me revolví por lo amoral. 
-Me vengué por lo militar.
-Me disculpo por rimar tan mal. 
-Ah, ¿iba de rimar?

jueves, 10 de diciembre de 2009

-Kafka otra vez.

Dónde van los hombres, corren sin ver
buscan una casa donde secar su piel.
  ¿Dónde va la gente cuándo llueve? 
  Miguel Cantilo
-En el metro me ocurren historias que se bajan a encontrame.
-Un poco facilón el arranque, ¿no?
-Puedo intentar decirlo de otra forma, pero lo que me pasa en el metro es que me bajo a historias que pasan por debajo de la realidad. O que están metidas en otra realidad más viscosa o más esquiva. Como un órgano metiéndose y hurgando en otro órgano que por un lado parece apropiado para contenerlo, y a la vez parece apropiado para cercenarlo, o para deformarlo para siempre. Y no sé si yo soy el órgano que se introduce o el que recibe.
-¿Has estado viendo porno?
-La gente llevaba empapada todo el día. La lluvia caía igual de lenta desde hacía tres días. Estaba quedándome solo en el vagón. Pero no estaba solo. Lo que ocurre es que uno en la otra punta parecía condenado a dormirse hasta el fnal del trayecto. Y había otra, algo más cerca, condenada a no mirar a ninguna parte, como eludiendo cualquier posibilidad de invitar a nadie a malinterpretarle un destino viscoso en la mirada.
-Viscoso, otra vez viscoso. O tu historia resulta muy viscosa o muy decepcionante.
-El único que me enfrentaba con todo el cuerpo y con su mirada era el señor que ya no cumplia los setenta que tenía exactamente enfrente, separados sólo por el pasillo y por una herrumbrosa niebla que sólo los dos podíamos apreciar. Condenados también, a apreciarla. Estábamos metidos en esa otra realidad de la que te hablaba. Metidos desde no sé cuantos kilómetros o minutos. El metro hacía lo que tenía que hacer. Parar en las estaciones. Abrir las puertas. Cerrarlas. Avanzar. Pero el señor y yo no podíamos más que desatender al mundo. Era condición necesaria para que él fuera transformándose en otro y para que yo atestiguara esa transformación.
-Kafka otra vez.
-Decir que lo que ocurrió fue una metamorfosis es arriesgado. Cuando el por lo menos septuagenario acabó de mutar seguía siendo él. En apariencia y en su apariencia nada había cambiado. Pero el que se bajó en Gran Vía no era el mismo anciano que se había subido en Chamartín. Había pasado el tiempo del último tren del día.
-Es decir: no pasó nada.
-No pasó nada. Sólo que probablemente él ahora esté contándole a un amigo o a su esposa o a una amante o escribiéndose a sí mismo, lo que le ocurrió en el metro conmigo. O muriéndose.
-No sé si llamarla viscosa.

lunes, 7 de diciembre de 2009

-Somos Papi, Popó y Piripi.

-Bien, hablemos.
-¿Empiezo yo?
-De nosotros tres, el que quieres hablar eres tú.
-Sí, bueno, es que, somos una familia, creo que tenemos que acordar estas cosas entre nosotros.
-¿Vas a volver a repetirnos tus... ideas independentistas?
-Llegó la hora. Ya no soy un niño.
-No, no lo eres.
-Si no llevo a cabo mi proyecto ahora, ¿cuándo lo haré?
-Yo sigo sin comprender tu postura.
-Yo tampoco.
-No entendemos este empeño tuyo.
-Somos una familia, tú lo acabas de decir.
-Somos Papi, Popó y Piripi.
-Si tú te vas no podremos ser sólo Papi y Piripi.
-¿Por qué no?
-Somos más que la suma de las partes, Popó.
-Somos un trío. Desde hace veinte años somos un trío.
-No somos tres. Somos uno.
-Yo necesito saber si puedo ser uno sin vosotros dos.
-No te entiendo.
-No te entendemos.
-Podríais reemplazarme. Yo creo que tu hijo podría ser Piripito.
-No quiere dedicarse a esto. Ya lo sabes, por favor. ¿Cuántas veces lo hemos hablado?
-Él debería comprender que a veces hay que sacrificarse por la familia.
-Pues tú, con tu postura, estás sacrificando a la familia.
-Y, desde luego, que lo sepas, tú no puedes ser sólo Popó.
-No podemos hacer la guerra cada uno por nuestro lado.
-Porque somos tres lados. Tres.
-Tú, solo, no eres nada.
-Tengo que probarme. Tal vez tengáis razón, pero tengo que probarme.
-¿Los monólogos de Popó?
-¿Por qué no?
-Caerás muy mal al público.
-Siempre serás el que se ha ido. Y al irse ha destrozado el triángulo. 
-Papi, Piripi, vamos a ver, no nos engañemos: nuestra estrella comienza a declinar. O ya ha declinado, y seguimos viviendo de los reflejos de una luminosidad en realidad ya perdida.
-¿Por qué hablas así?
-¿Tus pretendidos monólogos serán así de coñazos? Reflejos de una luninosidad...
-Comprendo que estéis molestos, pero ya está decidido.
-¿Lo vas a dejar?
-¿Vas a dejarnos?
-Tengo que hacerlo, hermanos. No me lo pongáis más difícil.
-Como quieras.
-No vamos a rogarte que te quedes.
-Quiero hacer algo más... adulto.
-Claro.
-Esta nariz, creédme, esta nariz roja ya no es mía. No la siento como mía. Es como si se me cayera. Como sí...
-Dámela.
-¿Qué?
-Devuélvenos la nariz.
-Pensé que podría quedármela.
-Ya no es tuya. Acabas de decirlo.
-Ya no la necesitas.
-Ten...
-...
-...
-Puedo esperar un poco. Para hacerlo bien. Podemos dar un comunicado de prensa para ir preparan
-No, así está bien.
-Has renunciado a tu nariz.
-Eres libre, Popó.
-Ya no eres un payaso.


viernes, 4 de diciembre de 2009

-Palabras mayores.

-La gente mata por razones sólidas.
-Te entiendo.
-La frase no es mía.
-No importa.
-Es de Chandler. O de Hammett. Los confundo.
-Al ser negros los dos.
-¿Cuándo dices que me entiendes, te refieres a que aceptas que tu destino es el que voy a infligirte?
-Entiendo tu reacción, y te conozco: me gustaría saber cómo hacerte desistir. Porque uno se acostumbra a no perder la vida. Pero sé que no te ahorrarás esa bala.
-Tengo que hacerlo, Bloch.
-Crees que debes hacerlo, Suárez. Y es muy difícil luchar contra las creencias personales.
-Imposible.
-Espero que también la entiendas a ella.
-La quiero, no me pidas, además, que la entienda.
-También es verdad.
-Arrodíllate.
-Preferiría tumbarme.
-De acuerdo. Dame tu nuca, con el resto de tu cuerpo haz lo que quieras.
-Así, boca abajo. Bien.
-Yo también prefiero no mirar, pero me sobrepondré: quiero ser certero.
-Gracias por apuntar bien.
-No te preocupes.
-Haz un esfuerzo por perdonarla. Tiene las piernas tan largas que es inevitable que comiencen en tu cama y acaben en la mía. Sus extremidades canalizan una pulsión extrema. Nada puede hacer ella por contener el impulso de llevarse algo a la boca, si me permites la expresión. Hay una humedad ancestral que pugna por ser sofocada.
-Es una zorra.
-Qué bien se te dan las metáforas, Suárez.
-Gracias, Bloch.
-Sólo piensa que el amor no es algo que estuviera en juego.
-¿El amor? ¿ Cómo se te aocurre que yo...? El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no es.
-¿Chandler?
-Lacan.
-Palabras mayores.
-Creo que es de Lacan. No me hagas caso.
-De acuerdo, Suárez.
-¿Algo más?
-No, está bien así.
-Pues...
-Siempre supe que moriría un viernes, amigo.
-¿Esa es tuya, no?
-Sí. Para un final.
-Está muy bien para tu final, Bloch.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

-Te escucho.

-Tanto tengo por olvidar, que preferiría que mi memoria me jugase alguna mala pasada.
-La gata sí que me ha jugado una mala pasada anoche.
-Perdona, ¿has registrado la frase que te acabo de decir?
-Sí. Que te gustaría que la memoria te jugase una mala pasada.
-Que mi memoria me jugase una mala pasada.
-Sí, la he captado, la he entendio, me ha gustado.
-A veces, esa ansiedad por contar lo que te parece importante, o trascendente, o divertido, hace que tu oído baje su nivel de registro, digamos. Sólo te escuchas a ti.
-No creo que eso sea así. Pero intentaré estar más atento, más atento aún, a tus frases importantes, o trascendentes o divertidas. Y además prometo enfatizar mi interés por las mismas.
-Déjalo. ¿Qué te ha ocurrido anoche con la gata?
-¿Quieres que te lo cuente? ¿Realmente estás interesada? Puedo no contártelo. Tengo otras vías de escape para las cosas que tengo por decir. El blog. Mis apuntes. La novela. En fin.
-Soy todo oídos.
-¿Todo o toda? Has dicho todo.
-Te escucho.
-Me levanté de madrugada. Eran las cuatro. Cuando enfilé el pasillo en dirección al cuarto de baño, los diamantes de la gata me miraron desde el final. Enseguida me sobresaltó el pensamiento: pensé en cómo algo tan entrañable y querido, puede volverse amenazador, inquietante, inseguro. Todo depende de la luz. De la incidencia de la luz. Es como escribir. Por el día, los ojos de la gata hubiesen activado mis ganas de acariciarle la cabeza. En la oscuridad de las cuatro de la mañana, me frené en seco. Manoteé la pared buscando el interruptor. Cuando conseguí dar con él, la repentina luz pareció desilusionar a la gata. Sus pupilas se expandieron. Desapareció por la cocina. A mí se me atragantaron las ganas de hacer pis. Volví a la cama. Tú dormías como un tronco. Me daba miedo que despertaras. El corazón se me salía por la boca. Y parecía que también se me salía por otra parte. Pero era pis, no sangre lo que  se agolpaba allí. Fue, también, en cierto modo, un momento erótico. Estabas preciosa así. Dormida.
-No sé cómo tomarme eso.
-Estabas preciosa. Soñando cosas que te escribieron la frase de la memoria. Tanto tengo por olvidar, que preferiría que mi memoria me jugase una mala pasada. ¿Era así, no?


martes, 1 de diciembre de 2009

-No es poco.

-Tal vez pienses que es una carga demasiado pesada, andar por la vida con los párrafos de tu autobiografía que jamás escribirás en tu autobiografía.
-Tal vez lo piense, pero no lo pienso aún.
-No temas: tengo las espaldas anchas. Y la boca cerrada como una tumba.
-Busca otro símil: no hay nada más fácil de profanar que una tumba.
-Tengo las espaldas anchas. Y la boca cerrada como esa parte de ti.
-Tu sentido del humor me pone de buen humor. O, en el peor de los casos, me hace perdonarte y perdonarme mientras te sonrío la gracia.
-No es poco.
-No. Tú sabes que no es poco. Y cualquiera podrá leerlo en mi autobiografía. Mi amor.


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