martes, 3 de noviembre de 2009

-¿Hoy cumples años, o algo así?

-A incierta edad uno acaba por saber que toda alegría es un sistema de calefacción de esos que van por debajo de los suelos. Cuando se enciende la alegría subterránea, también lo hace la tristeza que pisa la alfombra del salón. Entonces uno es el relleno de un sandwich de calidez. Allí envuelto, derritiéndose con su media sonrisa sobre el sillón. Se empastan alegría y tristeza, moldeando al instante un recuerdo que no te hace saltar ni las lágrimas ni la risa. Uno se acuerda de cuando a una incierta edad la melancolía parecía no existir. O existía pero no parecía melancolía. O era una melancolía bebé, dulcemente embaucadora. Ahora uno sonríe por motivos inconfesables, y se entristece por cuestiones que mejor no confesar para evitar enredarse en explicaciones que lo sacarían de este estado que tantos años pasados le ha costado conquistar.
-¿Hoy cumples años, o algo así?
-No. Cumple días la memoria del amor, supongo.
-Ah.


A cierta edad uno aprende que cualquier alegría aviva los rescoldos de la tristeza y que la melancolía envuelve los raptos jubilosos. A estas alturas uno se alegra con pequeñas cosas y se entristece por cosas que a casi nadie importan. 
 Daniel Domínguez.
http://laescueladelosdomingos.blogspot.com/search/label/Antonio%20Lobo%20Antunes

2 comentarios:

  1. Qué bueno lo de la "melancolía bebé", y cuántas veces el bebé sale llorón y nos descubre aún más perplejos, por si no fuera suficiente con la melancolía.
    Un saludo

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  2. Gracias por tu inspiradora entrada.

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