-Acostemos nuestra distancia, le dije.
-Acortemos, querrás decir.
-Eso mismo creyó corregirme ella.
-Ah, quisiste decir y dijiste acostemos.
-Y, acto seguido, cámara fotográfica en mano quise decirle y le dije: inmoralicemos este momento.
-Y ella volvió a corregirte.
-Ahí supe que lo nuestro era imposible.
-Pero no se lo dijiste.
-Me quedé en silencio y me quedé. Hicimos fotos y el amor.
-Y después del cigarillo de despúes...
-Me corregí y pensé y le dije que donde antes yo había pensado imposible, en realidad había querido pensar posible.
-Ella no entendió nada.
-Creo que no. Porque se quedó haciendo fotos y el amor.
-No hay quien entienda a las palabras.
-Quisiste decir a las mujeres y dijiste a las palabras.
-Quise decir que no hay quien entienda.
El verano que mi madre tuvo los ojos verdes.- Tatiana Tibuleac
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“Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y
nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que
h...
Hace 1 mes




