viernes, 20 de noviembre de 2009

-20 N.

-Veinte veces ene.
-Veinte veces No.
-Veinte enes enésimas.
-Veinte ene dos muertos.
-Españoles Franco y el Primo han muerto.
-Veinte N No te noviembres ni te caudilles.
-Veinte enemas.
-Veinte enemas más veinte.
-Veinte o no te vengas.
-Noviembre 20.
-Hace veinte noviembres.
-Noviembres veintes.
-Veinte vientres en noviembre.
-¿Veinte?
-Veinte.
-Ya serán menos.
-Ya son menos veinte.
-¡Cómo pasan los noviembres!
-De veinte en veinte.
-Veinte valles de los caídos noviembres.
-Veinte caídos veinte veces en más de veinte noviembres.
-Veinte noviembres caídos en el valle. 
-20 N.

jueves, 19 de noviembre de 2009

-No te prometo nada.

-Prometo no enumerarte la cantidad de promesas que no he cumplido.
-Empieza.
-Incumpliré la promesa de no prometerte nada bueno.  Bueno, o nada malo. Prometo discernirlo antes de prometértelo. Prometo no escribir símiles entre hojas y promesas, ambas otoñales. Las promesas son arrastradas por el viento. Prometo esperar a que amaine y recogerlas todas, menos las que se hayan perdido alcantarillas abajo. Prometo mudarlas a tu casa. Eso si rompes tu promesa de no confiarme tu nueva dirección. Si lo haces, prometo no molestarte de madrugada. Avisar antes de ir. No tomarme a mal tu negativa de recibirme. Prometo no partirle la cara en más de cuatro partes a la nueva promesa que se acuesta contigo. Prometo no establecer una relación que te obligue a prometerme que te comprometerás a recordarme las promesas incumplidas. Promete que me dajarás un mensaje en mi teléfono. Un comentario en esta entrada. Un silencio prometedor para escuchar en el instante previo a meter la llave. Girarla. Salir a la calle. Prométeme que me devolverás lo que no me debes. Prometo no volver a prometerte que me encargaré de que siempre recuerdes que toda promesa es vana. Que todo cuanto prometí y dejé de prometer configura la promesa de ser el hombre prometido de una mujer prometedora. No hagas promesas que vayas a cumplir. Prométeme que no volverás a mentirme con tu promesa de no volver a saber de mí jamás. Promételo.
-No te prometo nada.
-A ver si no es verdad.


martes, 17 de noviembre de 2009

¿Qué fue de ella?

-Me gustaba tenerla en la puta de la lengua. Me cobraba como si la tuviera viperina. La suya era la lengua más cara del mercado. Tenía las papilas aseguradas. Una lengua que te indicaba la puerta de saliva por la que no te quedaba más remedio que entrar. El resto te prohibían el beso en la boca. Ella te regalaba displicente el resto. Pero ni aun cuando explorabas otras partes con otras partes podías separarte de su aliento.
-Yo nunca fui de putas.
-Yo tampoco fui de más de una. Una lengua para jugar con el lenguaje. Una lengua donde la humedad nunca secaba.  Después de quince minutos te dejaba la lengua medio inútil, como cuando comienza a pasar el efecto de la anestesia del dentista. Hablabas con dificultad, aunque lo último que querías al salir de su boca era emitir sonido alguno.  Algunas veces, al irte, caías en la cuenta de que sólo las lenguas se habían encontrado. El desnudo había sido inútil.
-¿Qué fue de ella?
-La lengua ahora sólo lame la mano que le da de comer. El tópico del amor que redime a la lengua que lame los billetes de cualquiera se cumplió con ella. Dicen que el tipo la trata como a una reina. A cambio de que cada tres o cuatro noches se deje tratar como una puta.
-¿Crees que ha hecho un buen negocio al dejar el negocio?
-No lo sé, hace dos años que no hablo con su lengua.


jueves, 12 de noviembre de 2009

-Las guardo.

-Cuando vuelvo a ver su cara entre las de la gente, en el aeropuerto, apareciendo después del viaje. De regreso. Después de quince años juntos y de tantos viajes sin mí. Lo veo y lloro otra vez. Cada vez.
-Cuando mi hija me enlaza imprevistamente con los brazos y las piernitas. Sin venir a cuento me susurra al oído que me quiere. Dice te quiero como yo nunca se lo he dicho a mi madre. Sabedora del efecto que causa. Le gusta hacerme llorar así. De amor.
-Y río después, cuando nos abrazamos y el llanto se va retirando. Y ya no vuelvo a llorar hasta el próximo reencuentro en el aeropuerto. No lloro cuando se va. No río mientras no está. Y tarda quince días en borrárseme la sonrisa cuando compartimos todos esos días. Borrárseme, qué tonta.
-Y río cuando miro en sus ojos que mi niña ha conseguido su propósito. Y río más aún cuando ella ríe al confirmar que mis lágrimas están rodando.
-Y cuando estoy sola y me acuerdo de él. Ni río ni lloro.
-Y cuando la imagino repentinamente muerta. Muerta de una muerte estúpida que debería penalizar a la muerte para siempre, se me congelan todos los fluídos y los gestos. Ni río ni mar.
-Basta...
-Sí.
-¿Te importa que quitemos las fotos de ahí?
-Sí, mejor. Pero no las tires.
-Las guardo.
-Sí, guárdalas. Y dime dónde.
-Claro.


-Es lo que hay.

-¿Has acabado?
-Sí.
-Pues ahora escucha. Sólo escucha. No me interrumpas. No hables. No pongas caras. Sí, tú, tú pones caras. ¿Ves? Mírate. ¿Para qué tenemos tantos espejos? Atraviesas con cualquier incomodidad mi discurso. Pones piedritas cuando ando descalzo. Clavos cuando me pongo las botas. Revoloteas tus pupilas a la menor ocasión. Ante mi mejor ocasión. Eso, esa forma de preguntarte con los ojos cómo es posible que te esté diciendo algo semejante. Esos tics actorales. ¡No pongas caras! Esos tics con los que siembras tu contraataque. Calla. Calla de todas las formas posibles. Ni siquiera asientas en silencio. Te lo pido por favor.
-...
-Me gustas cuando eres savia. Pero sólo savia con uve. Cuando te crees sabia con be, eres necia con todas las letras.
-...
-Sólo quería decir eso sin ser interrumpido de ninguna de tus maneras.
-Esperaba algo más. Algo mejor. La ve, la ube, tus jueguitos de siempre...
-Es lo que hay.
-¿Has acabado?
-¿No se nota?


miércoles, 11 de noviembre de 2009

-No sé cómo seguir.

-Cuando Gregorio Sánchez no se despertó mañana alguna acompañado de la preciosa mujer con la que había anochecido las últimas mil y una madrugadas después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto que había olvidado el plural aprisionado entre la lycra roja y la piel de la ropa interior que cerró la puerta por fuera. Estaba tumbado sobre su espalda dura...
-¿Pasa algo?
-No sé cómo seguir.
-Te comprendo. No tiene nada de kafkiano: Si a mí me hubiera abandonado una cucaracha tan bella -en tantos sentidos- tampoco sabría cómo seguir.

viernes, 6 de noviembre de 2009

-No supongas.

-Para arrepentirme debería recordar. Sé lo que hice antes y lo que hice después.
-Ya te hemos dicho el durante.
-No recuerdo haberlo hecho.
-Para eso hemos vuelto a tu casa. ¿Recuerdas haberla arrastrado hasta aquí?
-Puede que haya ocurrido otra cosa. Un accidente que me exculpe. Que me exculpe un poco. No recuerdo haberla extrangulado.
-No te he preguntado eso.
-Sí, recuerdo que la arrastré hasta aquí.
-Hasta dónde exactamente.
-Hasta aquí, hasta el baño.
-¿Dónde la dejaste?
-Aquí dentro.
-Exactamente.
-Tumbada aquí, a lo largo de la bañera. Aquí.
-¿Con la cabeza hacia este lado?
-No. La cabeza aquí, las piernas hacia allí.
-¿Cómo estaba ella?
-No lo sé. Desvanecida, supongo.
-Me refiero a si estaba vestida o
-Desnuda, desnuda. Ya le dije que acabábamos de hacerlo.
-Pero no me dijiste si estaba desnuda o vestida.
-Desnuda. Completamente.
-¿Y tú?
-También.
-¿También qué?
-También estaba desnudo.
-¿Dónde estabas?
-Aquí.
-¿De pie?
-De pie. Después me agaché. Intenté rea
-¿Qué le cortaste primero?
-¿Qué?
-¿Qué le cortaste primero?
-No lo sé.
-Te agachaste para algo, ¿no?
-Sí. Tal vez para
-Habrás comenzado por alguna parte.
-La mano, supongo.
-No supongas.
-Quiero colaborar, pero para arrepentirme debería
-Me da igual que te arrepientas.
-A mí no.
-A tu novia sí.
-No éramos novios, exactamente.
-Limítate a contestar lo que te pregunto.
-No lo recuerdo todo.
-Limítate a recordar lo que te pregunto.
-Le cogí la mano... la apoyé aquí, en el borde de la bañera y con el cuchillo grande le
-¿Cuál de estos dos?
-El grande?
-¿Cuál es el grande?
-Este, el de la hoja ancha.
-...
-Luego
-¿Luego de qué?
-Luego de cortarle la mano. ¿Podemos parar un momento?
-¿Para qué?
-Me cuesta mucho esto. Me cuesta mucho recordar.
-¿Recordar qué?
-Por favor...
-Paramos tres minutos.
-...
-Exactamente.
-¿Puedo fumar?
-¿Fumabas mientras la cortabas?
-¿Eh?
-Que si fumabas mien
-No. Nunca fumaba en casa.
-No puedes fumar.

martes, 3 de noviembre de 2009

-¿Hoy cumples años, o algo así?

-A incierta edad uno acaba por saber que toda alegría es un sistema de calefacción de esos que van por debajo de los suelos. Cuando se enciende la alegría subterránea, también lo hace la tristeza que pisa la alfombra del salón. Entonces uno es el relleno de un sandwich de calidez. Allí envuelto, derritiéndose con su media sonrisa sobre el sillón. Se empastan alegría y tristeza, moldeando al instante un recuerdo que no te hace saltar ni las lágrimas ni la risa. Uno se acuerda de cuando a una incierta edad la melancolía parecía no existir. O existía pero no parecía melancolía. O era una melancolía bebé, dulcemente embaucadora. Ahora uno sonríe por motivos inconfesables, y se entristece por cuestiones que mejor no confesar para evitar enredarse en explicaciones que lo sacarían de este estado que tantos años pasados le ha costado conquistar.
-¿Hoy cumples años, o algo así?
-No. Cumple días la memoria del amor, supongo.
-Ah.


A cierta edad uno aprende que cualquier alegría aviva los rescoldos de la tristeza y que la melancolía envuelve los raptos jubilosos. A estas alturas uno se alegra con pequeñas cosas y se entristece por cosas que a casi nadie importan. 
 Daniel Domínguez.
http://laescueladelosdomingos.blogspot.com/search/label/Antonio%20Lobo%20Antunes

-Ay, cómo duele que no te dejen.

-Dice que me traicionó porque intentó traducirme. La muy traduttora traditora.
-Es inevitable traicionar si traduces, te lo digo yo, que no sé idiomas cuando me quito la ropa.
-Y era imposible -su palabra favorita- entenderme si no me pasaba a su lenguaje. Decía que sólo nos entendíamos cuando hablábamos el idioma universal, ese que por puntos finales pone orgasmos.
-Aún así se fue a escribir -o a leer- con otro.
-Siempre fue un culo inquieto. Ahora hay otro más que lo sabe.
-Ay, cómo duele que te dejen.
-Siempre fue un culo inquieto: nunca me dejó poner un punto final allí dentro.
-Ay, cómo duele que no te dejen.
-Cómo y cuánto.


lunes, 2 de noviembre de 2009

-Lenta.

-Día de los muertos.
-De algunos muertos.
-De según qué muertos.
-A otros, que les den. Sí.
-Días de nuestros muertos, los que no pueden descansar en paz -no consiguen simplemente morirse, como debería ocurrir- porque sin la parca no hay recuerdos que pervivan.
-Necesitamos a la muerte para que los muertos no se olviden de nosotros.
-No me ponen triste estos días de sembrar flores en los mármoles. La constancia que dejan cada año los telediarios y los calendarios. Me entristecen aquellos días en los que recuerdo que ayer no me acordé de mi padre, por ejemplo. Me pone triste comprobar que no pude sostener -un día más- la aseveración -mentirosa, entonces- de que no pasa un día desde el de su muerte en el que no me queme un puntito de piel con la chispa del recuerdo de mi viejo.
-No te pongas así.
-No estoy triste. Hoy no.
-Larga vida al rocanrol y a nuestros muertos queridos.
-Larga vida al jazz y a nuestras queridas muertas.
-Muerte al jálouen.
-Lenta.


viernes, 30 de octubre de 2009

-Hay días en los que a uno le apetece despertar lo menos posible.

-Me dijeron que hay gente -poquísima- que puede morir de la angustia que le provocan las pesadillas que no puede evitar soñar.
-El sueño de la razón produce monstruos. Ya lo dijo... alguien antes que yo.
-Es una enfermedad mortal. Como la vida. Como algunas vidas. Pero esta enfermedad te garantiza morirte de miedo. O de pánico. No sé cuál es la más alta gradación del miedo. Morirte del miedo más alto. Soñar despierto con no tener sueño. Terrible.
-Hay días en los que a uno le apetece despertar lo menos posible.
-Pues hay que irse a la cama con un background muy extenso, entonces. ¿Cómo es la vigilia de esos soñadores de pesadillas asesinas? ¿Soñarán despiertos con que el sueño no los venza? Casi tan terrible como dormir. No hay diferencia. A veces no hay diferencia entre vivir, dormir, soñar y no despertar. Que toda la muerte es sueño, y los sueños sueños eran.
-Para enfermedad terrorífica, la inmortalidad.
-De buena nos ha librado el creador -con C mayúscula- al habernos creado mortales.
-¿Qué creador?
-Da igual, no me jodas los finales de exhuberantes aires bíblicos.
-Perdón.
-Voy otra vez. De buena nos ha librado el creador -con C mayúscula- al habernos creado mortales.


martes, 27 de octubre de 2009

-Acabemos con este duelo.

-Era una actriz de poca monta. Todos estaban de acuerdo en eso, menos quienes habíamos pasado por su cama.
-Ocultaba sus defectos desnudándose.
-Ahora prefiero las que saben vestirse. Ésas son las que te hacen abandonar tu abandono.
-Hace años que no parto hacia una mujer. Me cansa moverme.
-A mí también. Pero tendrá que haber alguna que haga que canse más esperarla que correr a su encuentro.
-Acabemos con este duelo.
-¿Quién se ha muerto?
-Este duelo entre lamentables espadachines que somos. Tirándonos a matar frases a cuál más efectista. No matan a nadie. Son frases con la punta de la espada redondeada. Con el corchito en la punta.
-Recursos, amigo. Nunca minusvalores los recursos.
-Tonterías.
-¡Touché!
-Qué touché ni que hostias.


lunes, 26 de octubre de 2009

-Qué tema el retrogusto.

-El retrogusto son aquellos sabores que no recuerdo. O los vinos que nunca bebí. O el recuerdo de una botella vacía que -no sé muy bien por qué- el contenedor de los cristales decidió que era mejor no beberse.
-Yo recuerdo perfectamente los tamaños, colores y formas de la mujer con la que consumí mi borrachera de tetrabrick, aunque no recuerdo si -antes de no desnudarse- me quitó la ropa para que mi mona durmiera.
-Es imposible que tengamos tan semejantes retrogustos semejantes: somos semejantes, pero no tanto.
-Efectivamente, no somos tantos. Pero tampoco somos tan pocos.
-Qué tema el retrogusto.
-Si lo llego a saber, me lo bebo todo sin respirar. Sin volver a respirar.
-El retrogusto: ese gusto que ya no tenemos, porque uno, con el tiempo, cambia más que el vino.
-Tenemos que aprender a beber como cuando éramos abstemios.
-¿Estás seguro? ¿Qué será de este blog, entonces?
-¿Y antes de entonces, eh, qué será de este blog antes de entonces, cuando creíamos que el retrogusto era el eterno retorno de las faldas plisadas?
-Un placer.
-El retrogusto es mío.
-...O era.

-Tu amigo el boxeador.

-Mi amigo boxeador, a principios -a mediados también- de los años noventa, me enviaba desde Buenos Aires cintas de casete grabadas con su voz medio naturalmente hecha mierda, medio artificiosamente hecha mierda. Mensajes larguísimos -una vez me llegaron de una tacada tres cintas de noventa minutos- en las que me contaba lo que le venía a la cabeza, que era siempre -exactamente- lo que a mí me venía al corazón.
-Tu amigo el boxeador.
-Al que intimamente tanto envidias. No sé por qué.
-Ni yo. Siempre perdía sus peleas.
-Prácticamente todas. Me pegaron hasta en los recuerdos. Me pegaron hasta en el apellido. Me pegaron hasta en la memoria. Siempre me decía una o más de una de estas frases. Nunca le grabé una cinta. Yo le devolvía cartas que me iba a escribir al macdonals de Gran Vía y Montera. Odio los macdonals -¿por eso lo escribo así?-. Ahora. Le escribía cartas de un folio apenas. También hablábamos de vez en cuando, de bimestre en bimestre, por teléfono. Siempre era yo quien lo llamaba, desde una cabina. Juntaba monedas de cien pesetas, que alcanzaban para hablar bien poco. El que se quedaba con la palabra en la boca, siempre era él.
-...
-Conservo sus cintas -sesenta y dos-. Todas. Incluso la última. En la que nada me decía acerca de que sería la última.
-...
-Diez años. Más o menos. Cada tanto vuelvo a marcar su número de teléfono. El que fuera su número.


miércoles, 21 de octubre de 2009

-¿Qué será lo que busca el nadador que no para de nadar?

-El nadador parece estar hecho un mar de dudas. Sabe que uno no se baña dos veces en la misma piscina. Por eso no deja de entrar en sucesivas albercas que forman el río que Heráclito -que no vivía en un barrio acomodado de las afueras- y constructores y arquitectos del sueño americano –y de la siesta española- han trazado para él.
-¿Qué será lo que busca el nadador que no para de nadar?
-No parar de nadar. Eso busca. Porque sabe –lo sabe desde que se lanzara a las aguas de la primera piscina- que cuando salga del último de los estanques de la decadencia y llame a las puertas de su casa, nada –de nadar en la nada- de lo que había entonces saldrá a su encuentro.
-A mí me parece que Cheever está sobrevalorado.


-El lugar esquivo de tu cerebelo se llama cama.

-En un lugar de mi cerebelo, de cuyo nombre ya no consigo acordarme por mucho que lo intento, no hace muchas mañanas amanecía una moza que por toda armadura poseía una piel dormida sin recelos.
-El lugar esquivo de tu cerebelo se llama cama.
-Gracias.

martes, 20 de octubre de 2009

-¿Desatascar?

-No quieres saber lo que me pasa. Tampoco quieres que te lo oculte. Haga lo que haga, te molestas. Te enfadas. Te cargas todas las normas de entendimiento. Los ordenamientos que rigen las discusiones. El reglamento de la convivencia. Te vuelves insoportable. Ni comes ni dejas comer. Estoy atrapado en tu histeria. No entiendes ni quieres entender. Olvidas quién eres. O quizá es que sólo entonces, en el punto culminante de estas desquiciantes divergencias, eres completamente tú. No lo sé. El resto del tiempo, luchas contra ti misma. Tampoco quieres dejar de intentarlo. Tal vez porque sabes perfectamente quién y cómo eres. Insoportable.
-¿Literalmente, se lo dijiste literalmente?
-El concepto. El concepto era ese.
-¿Y ella qué contestó? Lo más literalmente que puedas, por favor.
-¿Eres víctima o victimista? Y yo: No entiendes nada. Y ella: ¿Histérica yo? ¿Tú recuerdas la semana que me diste cuando no encontrabas el sinónimo de desatascar que buscabas?
-¿Desatascar?
-Literalmente.
-No termino de comprenderte.
-Me da igual que no me comprendas. Son planos diferentes. A ti puedo mandarte a la mierda. Tú puedes mandarme a la mierda. Lo que se juega en la pareja no se juega en el plano de nuestra amistad. Mas-cu-li-na, además. Lo mismo ya no es lo mismo si te lo cuento a ti. Si me escuchas tú y no ella. ¿Es necesario que te aclare estas obviedades?
-Obviedad no tiene plural.
-Joder.
-¿Cómo acabó todo?
-Le dije que seguía teniendo unos pies preciosos.
-¿Así, sin venir a cuento?
-¿Que no venía a cuento? No entiendes nada.


lunes, 19 de octubre de 2009

-Pobre mujer.

-A mí sólo  me pega mi marido.
-Es una frase demasiado jodida. Empieza por contar otra cosa, y si eso, ya la cuelas promediando el relato. Esas cosas que haces, y que hacen creer a algunos -entre ellos a ti mismo- que eres bueno escribiendo diálogos.
-A mí sólo me pega mi marido.
-Y dale.
-La escuché yo. En su habitación. Me la dijo a mí. Mientras volteaba la foto de la mesilla -parte del ritual-. Te lo juro.
-¿Ibas a pegarle?
-No, idiota. Fue una advertencia. Por si se me ocurría. Una especie de declaración previa. Un preámbulo. Un aviso antes de empezar a quitarse la ropa.
-Pobre mujer.
-Eso pensé. Pobre mujer.


-No puedes necesitarlo.

-No lo consigo, papá.
-Tápate, hija.
-Perdona.
-Debes ocuparte más de ti. Estar pendiente de ti. Mírate.
-Me sé.
-¿Qué?
-No necesito mirarme.
-Deberías volver a vestirte. Vestirte y salir a la calle. Como si alguien te esperara. Como si alguien esperara verte bien. Debes dar señales de vida.
-Deberías oirte.
-Sólo quiero lo mejor para ti.
-Lo sé.
-Paciencia. Tiempo.
-No es eso. Sé lo que me falta.
-No puedes necesitarlo, hija.
-Crees que no debería necesitarlo, pero es lo único que me falta.
-Tienes todo el tiempo del mundo para recuperarte. La experiencia del secuestro ha sido terrible. Todos lo sabemos. Tu madre. Yo. Tienes toda nuestra comprensión.
-Lo tengo todo menos lo que necesito.
-No puedes necesitarlo.
-Cada día más.
-No puedes necesitar a ese hombre.
-Cada día.
-Ya han pasado seis meses. Tienes todo el tiempo del mundo, pero ya han pasado seis meses desde que pagamos el rescate. 
-...
-¿Cuánto tiempo necesitas para ponerte a olvidarlo, para comenzar a intentarlo, para volver ?
-Papá...
-Tápate, hija, por favor.
-Perdona.


jueves, 15 de octubre de 2009

-Sólo en algunos.

-Aprendiendo la vida en ninguna parte. Lecturas. Experiencias. Susurros. Imágenes. Genética. Malas canciones de compositores que predican con el mal ejemplo haciendo buenísimas pésimas canciones.
-Y hojas parroquiales cayendo del árbol de la vida sobre la acera del otoño.
-También.
-Blogs sobre sexo. La sensibilidad de los pezones derechos para los diestros y los izquierdos para los siniestros. La larga y corta cuestión del tamaño de los miembros masculinos de la Asociación de Damnificados por las Miradas Femeninas. La postergación de la eyaculación precoz para tiempos mejores. Etcétera.
-Etcétera, sobre todo.
-La vida está en todas partes.
-En la tele.
-Sobre todo.
-Y en los sobretodos.
-Sólo en algunos.
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