-Si lloviera aquí dentro.
-Te pediría que te quedes.
-A probar el agua.
-Que dejaría la lluvia.
-Sólo tu lengua podría pasar.
-Sólo podrías pasar tu lengua.
-Pero tu excusa para no lamer.
-Es que aquí dentro ya no nos llueve.
-La escasez de goteras.
-Acabará con nuestro amor.

Nada que decir y tanto guardado, verdad?
ResponderSuprimirMe han gustado muchas de las entradas que he leído.
Me parece un blog original.
Un saludo.
La lluvia suena muy fértil, incluso con goteras.
ResponderSuprimirbesos.
La lluvia (n)os sienta tan bien...
ResponderSuprimirMe encantó.
Un abrazo.
La lluvia, el agua es vida...
ResponderSuprimirUn beso Blanco
Todo lo que ocasiona la falta de lluvia y goteras.
ResponderSuprimirSaludos, Blanco.
Hoy estoy de guardia. La cosa esta tranquila y el cielo amenaza (mejor promete) lluvia.
ResponderSuprimirBlanco, abrazo.
Comenticidio ya.
ResponderSuprimirmuy hermoso. he pensado reformas en casa, en quesos gruyer. paraguas ametrallados. he pensado. para evitar el desierto en las promesas. el desierto. las promesas. las promesas en el desierto. una charca donde la lengua.
ResponderSuprimirmuy hermoso.
un saludo, sincero.
Yo soy "chica lluvia", así que me gusta que gotee casi de cualquier forma. Al fin y al cabo cada gota es parte del diluvio, ¿no?
ResponderSuprimirUn beso, Blanco
Esas lluvias calman mucha sed, Blanco. Sed de agua, de muchas aguas.
ResponderSuprimirUna hermosura, sigo fascinada. Me alegro de seguir estándolo.
Besos (de agua)
No me canso de leer.
ResponderSuprimirAsí como algunos pasajes de Asoma...
(El del libro de Calvino en el bus, por ejemplo...)
Me pierde cómo escribes el desamor.
Un abrazo.
Blanco, no había visto tu comentario.
ResponderSuprimirNo, no me ha afectado personalmente.
Estuve en Lorca al día siguiente para recoger a una amiga y el aspecto era desolador.
Están yendo la Brigadas Forestales para ayudar en las tareas de apuntalar, las de aquí de Murcia ciudad no han ido.
Blanco, muchas gracias y un abrazo
el huevo o la gallina, quién es primero? la lluvia o las lamidas?
ResponderSuprimirMe da sed, no es broma, desasosiego: mejor goteras o el grifo roto que el desierto...
ResponderSuprimirjoder, qué bueno, Blanco, qué bueno.
ResponderSuprimirNadie está a salvo de los aguaceros,
ResponderSuprimirsi donde llueve es en el corazón.
No hay refugio, tú y yo lo sabemos.
Otra vez llegó la hora de los lamentos.
José Ignacio Lapido, "La hora de los lamentos", de "De sombras y sueños" (2010).
Un abrazo.
Gracias a todos por pasarse y comentar.
ResponderSuprimirsecas promesas? no suena muy prometedor...
ResponderSuprimirComenza a humedecerlas o se vendra en lugar de una lluvia,una gran sequia!!! jajaja...
besos!!!!